La libertad de expresión se está muriendo en los campus universitarios: cinco formas para revivirla y protegerla

    El debate y el intercambio de ideas ha servido a Occidente para alcanzar cuotas de desarrollo nunca vistas. Ahora, los progresistas, comunistas, antifascistas y demás personajes pretenden censurar los discursos con una visión diferente bajo el pretexto de la "ofensa".

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    Estudiantes boicotean una conferencia en Berkeley, EEUU / EFE.
    Estudiantes boicotean una conferencia en Berkeley, EEUU / EFE.

    Las nuevas generaciones de jóvenes criados entre algodones, que piensan que poseer derechos no incluye el cumplir con las obligaciones correspondientes, están haciendo un daño irreparable a la convivencia en nuestras sociedades que tanta sangre, sudor y lágrimas ha costado conseguir.

    En el caso de Estados Unidos, durante los últimos 18 meses, los estudiantes universitarios han participado en perturbadoras e incluso violentas acciones dirigidas contra oradores invitados cuyas ideas consideraban ofensivas.

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    Ante la presión de grupos violentos, las universidades han tendido a capitular e incluso a colaborar con los manifestantes retirando la invitación a los oradores y expedientando a estudiantes y profesores cuyas opiniones se consideran ofensivas.

    De hecho, recientes estudios de la Foundation for Individual Rights in Education (Fundación para los Derechos Individuales en la Educación) y de la National Science Foundation (Fundación Nacional para la Ciencia) revelan que aproximadamente el 90 por ciento de los colegios y universidades cuentan con políticas que prohíben o restringen sustancialmente la libertad de expresión protegida por la Constitución.

    Los estadounidenses deben tener cuidado. A menos que actúen urgentemente para salvaguardar la libertad de expresión en los campus –protegida por la intocable Constitución-, esta tendencia continuará indefinidamente hasta que los censores hayan obtenido el control no solo de las universidades, sino también de las cafeterías, iglesias y plazas públicas. Algo que ya ocurre en los medios de comunicación del establishment.

    ¿Qué puede hacerse en este sentido? Aquí se muestran cinco formas que todos nosotros podemos aplicar en el día a día y que valen también para otros países donde la censura se está expandiendo, como en Europa.

    1. Ejercer una nueva defensa del valor de la libertad de expresión

    Cada uno de nosotros debe aprovechar el día a día (reuniones de amigos, relaciones laborales, redes sociales) para ayudar a la sociedad a comprender que censurar la libertad de expresión socava sus principales intereses al menos de tres formas.

    Primero, la censura erosiona la naturaleza libre y democrática de las sociedades, inclinándonos hacia el autoritarismo. Si las instituciones públicas actuales son libres de prohibir un conjunto de puntos de vista ofensivos, mañana serán libres de prohibir un conjunto de puntos de vista completamente diferentes.

    Hemos de separar la crítica a las ideas de la crítica a las personas y la ofensa

    Como señalaba el experto legal Eugene Volokh, a los cristianos, por ejemplo, se les podría prohibir criticar ciertos principios del Islam, y viceversa. Los pacifistas podrían verse restringidos a la hora de criticar a los militares. Los conservadores podrían ser castigados por argumentar que existen diferencias biológicas entre hombres y mujeres.

    Hemos de separar la crítica a las ideas de la crítica a las personas y la ofensa. Si la libertad de expresión deja de tratarse como un derecho universal, los estudiantes que hoy se muestran ansiosos por suprimir la expresión de otras personas pueden encontrarse algún día con que les reprimirán su propio discurso. El cazador, cazado.

    En segundo lugar, la censura ignora el hecho de que el progreso social depende a menudo de la libertad de expresión.

    Antifas revientan un acto en la Universidad de Berkeley, California.
    Antifascistas revientan un acto en la Universidad de Berkeley, California.

    Muchas de las ideas que apreciamos más, como la igualdad racial y de género, fueron consideradas alguna vez ofensivas e incluso perversas. Sin embargo, ahora se celebran precisamente porque ciudadanos valientes tuvieron la libertad de promover estas ideas antes impopulares en el debate y la discusión pública.

    En tercer lugar, la censura alienta la hipocresía y socava nuestra capacidad de persuadir con las palabras. Si nuestra sociedad suprime la libertad de expresión, no sabremos quiénes son de verdad las personas o qué piensan realmente.

    2. Estudiantes universitarios, convenced a vuestros compañeros de que la censura mina su educación

    Los activistas estudiantiles bien intencionados no se dan cuenta de que encubrir la libertad de expresión en los campus públicos socava uno de los aspectos más importantes de su educación. Las universidades públicas deberían servir como microcosmos de una sociedad libre y democrática.

    La Universidad de Chicago ha dejado en claro que no apoyará ni permitirá ninguna acción de este tipo

    Michael Bloomberg y Charles Koch lo expresaron bien en The Wall Street Journal:

    «El propósito de una educación universitaria no es reafirmar las creencias de los estudiantes, sino desafiarles, expandir sus horizontes y refinar sus críticas, enviando así al mundo estudiantes con mentes abiertas a la crítica, no cerradas ni con valores de superioridad moral. Esto ayuda a los jóvenes a descubrir sus talentos y prepararles para la ciudadanía en una sociedad democrática, diversa y plural. La sociedad estadounidense no resulta siempre un lugar cómodo en el que estar; el campus de la universidad tampoco debería serlo».

    Es por eso que la Universidad de Chicago ha dejado en claro que no apoyará ni permitirá ninguna advertencia de este tipo ni cancelarán eventos que involucren a oradores polémicos. Tampoco se crearán ‘espacios seguros’ (safe spaces en inglés) intelectuales donde los estudiantes puedan esconderse de puntos de vista e ideas con los que discrepan.

    Y esta es precisamente la razón por la cual los estudiantes universitarios deben dejar claro a sus compañeros que son bienvenidos todos desde cualquier origen, con los que pueden debatir y discutir sobre una amplia variedad de ideas.

    3. Profesores: protejan la investigación y ayuden a los estudiantes a encontrar maneras apropiadas de protesta

    En años pasados, los profesores universitarios entendieron que la censura socavaba el propósito de la universidad, que es la investigación libre.

    Los profesores de hoy necesitan ayudar a sus alumnos a que respeten la libertad de expresión, ofreciéndoles una variedad de formas de expresar su desacuerdo con las opiniones de los oradores.

    En lugar de gritar a un orador invitado, los estudiantes podrían hacer un llamamiento en las redes sociales a boicotear la charla, dejando que el orador expresara sus opiniones ante un auditorio casi vacío. Del mismo modo, los estudiantes podrían organizar un evento paralelo.

    Debemos exigir a los mismos políticos que se abstengan de participar en este tipo de actos porque han de cundir con ejemplo

    Sin embargo, incluso mejor que estas dos opciones es que los estudiantes asistan al evento, hagan preguntas difíciles, participen en debates inteligentes y muestren ante la audiencia una mejor actitud.

    4. Administradores y gestores: encontrad formas de frenar la violencia dirigida por los estudiantes, los gritos y las interrupciones

    En diversos casos con gritos o interrupciones, los manifestantes estudiantiles se defendían a sí mismos arguyendo que fueron actos de libertad de expresión en lugar de violaciones de la misma.

    Manifestantes a favor de la libertad de expresión con un cartel que reza 'Tu censura me ofende'.
    Manifestantes a favor de la libertad de expresión con un cartel que reza ‘Tu censura me ofende’.

    Los administradores deberían rechazar esa línea de razonamiento. Muchos casos de interrupción son, de hecho, violaciones de las libertades constitucionales.

    Deben destinar todos los esfuerzos posibles a prevenir tales interrupciones antes de que ocurran y controlarlas cuando se produzcan.

    5. Políticos: retengan las subvenciones a las instituciones que impiden la libertad de expresión

    En el caso norteamericano, esta financiación supone en la mayoría de las ocasiones hasta el 60 por ciento del presupuesto total por lo que es una herramienta más que persuasiva contra aquellos colegios y universidades que no protejan la libertad de expresión.

    Además, debemos exigir a los mismos políticos que se abstengan de participar en este tipo de actos porque han de cundir con ejemplo.

    Los ciudadanos deben trabajar juntos para defender la libertad

    Los cristianos tienen otra razón para promover la libertad de expresión: la libertad de predicar el Evangelio y sus enseñanzas morales, aunque muchos ya consideran hoy que el cristianismo es ofensivo y discriminatorio cuando en la gran mayoría de las ocasiones ni han tocado una Biblia.

    Si no retrocedemos eficazmente contra los intentos de impedir la libertad de expresión, al final podemos encontrarnos viviendo en naciones cuyas universidades y espacios públicos censuran nuestro intento de hablar sobre lo que conforma lo más valioso para nosotros.

    Pocos ciudadanos desean vivir en un país que impida expresar quiénes somos y en qué creemos. Por esa razón, debemos trabajar juntos ahora para salvaguardar la libertad de expresión en los campus universitarios.

    Es algo en lo que los cuidadanos de todo tipo deberían poder ponerse de acuerdo.

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