La patrona de Barcelona y los políticos  

    Aunque últimamente parezca que de Barcelona sale lo peorcito, existen ejemplos más que sobrados de que a veces ha salido lo mejorcito. Intentar imitar a san Pedro Nolasco puede ser un buen punto de partida para empezar a demostrarlo.

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    La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y otros políticos catalanes, en el balcón del Ayuntamiento de Barcelona / EFE
    La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y otros políticos catalanes, en el balcón del Ayuntamiento de Barcelona / EFE

    El 24 de septiembre celebramos en Barcelona la fiesta de nuestra patrona, que por mucho que Colau la llame Merche, siempre será la Mare de Déu de la Mercè. Comparte patronazgo ni más ni menos que con santa Eulalia, mártir del siglo IV.

    Gracias a la Mare de Déu de la Mercè, san Pedro Nolasco (Barcelona, 1180) fundó la orden de la Bienaventurada Virgen de la Merced para redención de cautivos, orden que después se extendería por todo el mundo.

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    Se preguntarán algunos qué tiene de especial esta orden.

    Pues bien, la mayoría de órdenes tienen 3 votos, 3 promesas: pobreza, obediencia y castidad.

    Pobreza bien puede ser vivir de la Providencia o vivir austeramente, aunque se tenga dinero.

    Obediencia al superior y al hermano, aun cuando contraríe nuestras preferencias.

    Y castidad, que vendría a ser lo contrario de lo que hace Julio Iglesias. 

    Por si esto fuera poco, en un mundo que fomenta todo lo contrario: consumir por encima de nuestras posibilidades, saltarnos todas las normas y promocionar la promiscuidad, esta orden nacida en Barcelona, añadió un producto más al carrito: dar la vida por los cautivos (en aquella época había muchos que caían presos bajo el poder musulmán).

    Imaginaos un político que se pareciese un poco a san Pedro Nolasco, ese barcelonés ilustre que en el siglo XII liberó a tantos cautivos de las cadenas que lastiman las muñecas y sobre todo el corazón

    Los mercedarios pagaban un rescate por los esclavos y cautivos y si era necesario se intercambiaban con ellos. Cosa que se dice fácil pero se hace difícil.

    Ahora imaginaos que a los políticos en particular y a todos nosotros en general se nos pegara algo de esos votos de los mercedarios.

    Imaginaos el ejemplo de un político viviendo pobremente cuando el pueblo vive pobremente, sin malgastar el dinero, sin vivir a todo trapo. Viviendo como vive su gente.

    Imaginaos un político viviendo la obediencia. Obediencia al bien común, a lo prometido, y a aquellos a quienes gobierna.

    Imaginaos un político dispuesto a sufrir lo que haga falta por su pueblo. Un político dispuesto a estar en la trinchera cuando llegue la guerra.

    Imaginaos un político que se pareciese un poco a san Pedro Nolasco, ese barcelonés ilustre que en el siglo XII liberó a tantos cautivos de las cadenas que lastiman las muñecas y sobre todo el corazón.

    Y es que, aunque últimamente parezca que de Barcelona sale lo peorcito, existen ejemplos más que sobrados de que a veces ha salido lo mejorcito. Intentar imitar a san Pedro Nolasco puede ser un buen punto de partida para empezar a demostrarlo.

    Visca la Mare de Déu de la Mercè y su amado hijo san Pedro Nolasco!!!

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