La puerta de Pablo Casado

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    Pablo Casado suena como candidato con posibilidades para dirigir el Partido Popular / EFE
    Pablo Casado suena como candidato con posibilidades para dirigir el Partido Popular / EFE

    Los analistas políticos, los meros observadores, los ciudadanos, tienen que hacer un esfuerzo para repensar la España democrática. Es cierto que los cambios políticos son constantes, y que siempre hay un jirón de la actualidad que cambia el sentido de los acontecimientos en uno y otro sentido. Pero también lo es que todo relato sobre lo que acontecía tenía la tramoya, los decorados y los personajes conocidos desde 1982.

    Izquierda y derecha tenían sus partidos mayoritarios, el centro va y viene, y los nacionalistas entienden la política en su forma más pura: como chantaje. La política extiende sus brazos hacia los medios de comunicación y los llamados agentes sociales. Y las instituciones toleran una corrupción generalizada, pero no paralizante. Todo, con el arbitraje de la Corona.

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    Muchos de esos protagonistas no han cambiado, pero alguno, sí. El Partido Socialista lleva años de mal en peor. El denuedo de Mariano Rajoy por vaciar de contenido al Partido Popular ha tenido éxito. Y la crisis económica ha devenido en crisis política e institucional, abono con el que han germinado dos nuevas formaciones, Ciudadanos y Podemos.

    El PP es un partido incardinado en un sistema corrupto. José María Aznar no tuvo los arrestos para limpiarlo, y Mariano Rajoy no ha tenido ni la intención

    Cada uno de los partidos anteriores a la crisis tiene motivos para preocuparse por su futuro. Desde luego que es el caso del Partido Popular. Es un partido incardinado en un sistema corrupto. José María Aznar no tuvo los arrestos para limpiarlo, y Mariano Rajoy no ha tenido ni la intención. Al final el PP está todo impregnado de sistema, y ahí están los Bárcenas, Granados o Fabras para demostrarlo.

    No es la única corrupción que aqueja al PP. Los vasos comunicantes entre las instituciones y el partido han aumentado los ingresos del partido y de algunos de sus miembros, al mismo tiempo que ha contaminado la toma de decisiones de las instituciones que controlan. Pero eso es sólo una parte. También hay una corrupción, ideológica y moral, en la renuncia del PP a ser un partido de centro derecha. Mariano Rajoy ha pasado las ideas del PP por disolvente universal, y se lo ha jugado todo a la baza económica; la política, al final, se ha vengado de esa estrategia. El PP es un partido que representa a una parte de la sociedad que quiere mejorar nuestro país, y ha renunciado a ello para convertirse en una agencia de trabajo temporal.

    Los dirigentes que han hecho de la formación lo que es hoy no pueden ser los que la saquen de esta situación. No es ya Mariano Rajoy, son todos los que han compartido horas, meses, años en común entre ellos y con quienes han sido protagonistas de la corrupción del partido. Sin ellos, el cambio no es posible, si se va a hacer sin grandes enfrentamientos. Pero con ellos tampoco lo es. El PP necesita cambiar de líderes.

    Pablo Casado es uno de ellos. Mariano Rajoy lo nombró vicesecretario de comunicación del PP el pasado verano, cuando aupó también a Martínez Maíllo, Andrea Levy o Javier Maroto. El PP se lavó la cara, para hacer frente a la juventud de los nuevos líderes de otros partidos, y en particular del de Ciudadanos, Albert Rivera.

    Pablo Casado se ha abierto a sí mismo una puerta para dar continuidad al Partido Popular más allá del marianismo

    Se ha ganado la confianza de Esperanza Aguirre, José María Aznar (fue su jefe de gabinete de 2009 a 2011) y Mariano Rajoy. Tiene una sólida formación, que en parte ha adquirido fuera de España. Y ha escapado de la apabullante mediocridad de su partido asumiendo un discurso liberal, que sabe defender con convicción y eficacia.

    Casado asumió un riesgo cuando Mariano Rajoy le designó para su cometido actual. Es el portavoz del partido, lo que le obliga a asumir las posiciones y directrices impuestas por el presidente del mismo. Moverse por ese estrecho sendero sin incidir en lo indefendible no parece tarea fácil y Casado la ha salvado hasta el momento.

    Lo ha hecho hasta el pasado martes, 15. Entonces Rajoy dio por buenas las explicaciones de Rita Barberá sobre la corrupción rampante en el Ayuntamiento de Valencia, pero ni Javier Maroto ni él lo asumieron con su silencio. Son dirigentes que ni están manchados por la corrupción, ni han tolerado durante años los afanes de sus compañeros.

    Sólo tendrán futuro, y sólo se lo podrán dar a su partido, si se desmarcan clara y limpiamente de los mohatreros del PP. Maroto lo ha hecho. Casado, también. El vicesecretario de comunicación se ha abierto a sí mismo una puerta para dar continuidad al Partido Popular más allá del marianismo.

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    José Carlos Rodríguez es periodista. Forma parte del equipo de ProducciONE, pero en otra vida ha sido redactor jefe de Internacional de La Gaceta, y ha trabajado en la prensa digital en medios como Factual.es, elimparcial.es y libertaddigital.com. También ha colaborado con el semanario Alba, Expresión Económica, La Ilustración Liberal, La Gaceta de los Negocios o la agencia APIE, entre otros.