La rebeldía de la butaca nunca saldrá de tu salón

    Nunca había existido tanto editorial sin editorial, tanta opinión sin ideas, tanto aspirante a ideólogo sin más criterio que la repetición de la homilía matutina de su cadena de radio preferida. Lo llaman activismo en redes sociales. Youtuber, Influencer. Pero siempre se llamó de otra manera: charlatanes.

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    Incapaces de formular una sola idea propia, los activistas digitales se masturban la cabeza con el móvil, empeñados en convertirse en las próximas estrellas del firmamento político.

    Hambre de editorializar sin más apetito que un retuit. Predicadores de lo que han oído, loros amaestrados que se someten voluntariamente a la voluntad de su medio preferido para repetir una y otra vez lo que otros pensaron.

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    Incapacitados para el silencio porque el silencio obliga a pensar y pensar obliga a formular expresiones de excesivos caracteres, aspiran tan solo a un mundo de likes.

    Activistas digitales, los últimos herederos de Narciso sustituyen lo que pueden hacer por el mercadeo de los retuits. El horizonte, conformado por un reconocimiento basado en el número de seguidores, que no en lo que has hecho por ti mismo, por tu vecino, por tu país.

    «Crees estar contribuyendo a cambiar las cosas desde tu sofá, sin darte cuenta de que tu móvil en Twitter o Facebook o la que prefieras no es más que un instrumento del poder»

    Venga, caña, a por ellos, a ver qué le escribes a este. Y toda la rabia, la frustración que sientes, toda la basura que el sistema echa sobre ti cada mañana y frente a la que crees no poder hacer nada, la compensas perorando ante tu cámara o colgando tuits.

    Ya eres el pececillo que mordió el anzuelo. Crees estar contribuyendo a cambiar las cosas desde tu sofá, sin darte cuenta de que tu móvil en Twitter o Facebook o la que prefieras no es más que un instrumento del poder. Tú y tu móvil sois las penúltimas herramientas del sistema: te han encerrado en el salón. Y ni te das cuenta.

    Ignoras que la Tierra es redonda: la vida solo se cambia en la calle. Pero tú has cedido la calle al poder.

    Si cada uno de estos onanistas de editorial ajeno se levantara del sofá una vez, una sola vez, e hiciera en la vida real una sola cosa, España ya habría cambiado.

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