Las ejecuciones de Malmedy y Chenogne (Bélgica) durante la Batalla de las Árdenas

    La Batalla de las Árdenas supuso el canto del cisne del Tercer Reich porque en apenas unos meses las huellas nazis en Europa fueron desapareciendo. Aunque no su memoria y la violencia desatada en aquellos momentos duraría muchísimos años.

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    Operaciones con tanques en las Árdenas.
    Operaciones con tanques en las Árdenas.

    Cuando acababa la Segunda Guerra Mundial se produjo una suicida ofensiva alemana, ya desesperada, entre diciembre de 1944 y enero de 1945. En la región de las Árdenas (Bélgica) los aliados fueron tomados por sorpresa ante el ímpetu alemán. La máxima autoridad alemana pensaba que rompiendo el frente occidental para llegar al puerto de Amberes tendría alguna posibilidad todavía de ganar la contienda. Pero la contraofensiva aliada dejó a los alemanes helados mientras en el Ejército norteamericano comenzaron a verse soldados de raza negra entre la nieve gracias a la escasez de tropas de reemplazo.

    Destacó en aquella batalla la importante presencia de carros de combate Panzer y tuvo como consecuencia la cuenta atrás para el hundimiento final alemán. Ambos bandos tuvieron unos 80.000 bajas cada uno, entre muertos y heridos.

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    Mientras los aliados conservaban todavía grandes recursos los alemanes quemaron sus últimas reservas para, a partir de ahí, comenzar a dar pasos hacia atrás y sucumbir en su última batalla. Berlín se defendió entre abril y mayo de 1945. Casi toda una generación de padres alemanes desaparecía para dejar un número incontable de huérfanos.

    Soldados norteamericanos hechos prisioneros en la II Guerra Mundial.
    Soldados norteamericanos hechos prisioneros en la II Guerra Mundial.

    Así pues la Batalla de las Árdenas supuso el canto del cisne del Tercer Reich porque en apenas unos meses las huellas nazis en Europa fueron desapareciendo. Aunque no su memoria y la violencia desatada en aquellos momentos duraría muchísimos años. En ocasiones, tiempo después de aquella catástrofe, la violencia tuvo como consecuencia la aparición de fanatismo, lo que dejaba a aquellos vengadores al mismo nivel ideológico que sus verdugos.

    En medio de las operaciones de la Batalla de las Árdenas se producía el triste episodio de Malmedy. El 17 de diciembre de 1944 prisioneros desarmados de EEUU fueron masacrados por las balas alemanas de unidades del Coronel Joaquim Peiper. 84 soldados norteamericanos que se habían rendido y estaban vigilados en un campo de prisioneros fueron ejecutados en grupo, sobreviviendo algunos pocos que narraron aquel episodio bárbaro.

    Beevor señala que los crímenes de guerra de los vencedores nunca fueron motivo de orgullo pero fueron más numerosos de lo que pensamos

    Los cadáveres descubiertos diez días después fueron muy comentados entre los soldados americanos que en medio de esta tensión hicieron lo mismo con 60 prisioneros alemanes el 1 de enero de 1945 cerca de Chenogne (Bélgica) cometiendo también un crimen de guerra. Esta venganza llegó en pocos días y, probablemente, también provocaría un estúpido asesinato más de 30 años después.

    Chenogne  (Bélgica)
    Chenogne (Bélgica)

    Beevor señala que los crímenes de guerra de los vencedores nunca fueron motivo de orgullo pero fueron más numerosos de lo que pensamos. Incluso podríamos especular que si Hitler hubiera tenido éxito en esta batalla la atrocidad de bombardear ciudades japonesas con bombas atómicas podría haber tenido primero un color francés o alemán. Aunque los historiadores no debemos entrar en lo que hubiera ocurrido si aquello se hubiera desarrollado de otra forma.

    Lo cierto es que Joaquim Peiper había sido ayudante personal entre 1938 y 1941 de Heinrich Himmler, creador de los “escuadrones de la muerte” nazis y Jefe de las terribles SS. El joven coronel fue juzgado por crímenes de guerra en 1946. Condenado a muerte por ahorcamiento, fue suspendida su ejecución para conmutarle la pena por cárcel hasta 1956 en que salió libre para trabajar en dos fábricas de automóviles de las que fue despedido por su pasado y se ocultó en Francia discretamente. A las unidades de Peiper en la Batalla de las Árdenas se les achacaba la responsabilidad del asesinato de más de 350 prisioneros de guerra y más de 100 civiles, incluidos mujeres y niños.

    A la política de exterminio nazi le sucedió una justicia vengativa selectiva que no estaba escrita en ninguna constitución democrática

    El destacado militar nazi alemán sufrió un ataque con cócteles molotov en su escondida vivienda de Traves (Francia) muriendo en el incendio a sus 61 años. Entre los restos de la residencia se halló un cadáver carbonizado por la mañana. Su esposa reclamó su cuerpo para enterrarlo en Baviera (Alemania). Primero llegaría sin cabeza y después apareció esta parte sin dientes. Era el 14 de julio de 1976 y los autores celebraron una fiesta nacional de manera estúpida y violenta.

    A la política de exterminio nazi le sucedió una justicia vengativa selectiva que no estaba escrita en ninguna constitución democrática. Por supuesto los autores de este asesinato, el grupo “Los Vengadores”, nunca fueron juzgados. Para muchos europeos matar nazis estaba bien visto. ¿Qué sentido tenía aquel asesinato en 1976?

    Joaquim Peiper durante el juicio de Nuremberg.
    Joaquim Peiper durante el juicio de Nuremberg.

    Javier Rodrigo indica que entender la violencia no sirve para prevenirla. Tras Auschwitz la humanidad no se libró de los asesinatos en Camboya o Yugoslavia. En un marco propicio no hacen falta nazis como Peiper. En donde hubo pistolas y cámaras de gas pueden aparecer cócteles molotov, machetes o porras. Tras la violencia existe una mentalidad de “limpieza” de enemigos que a ojos de los verdugos dejan de ser humanos para convertirse en objetivos a eliminar. Fascistas, rojos, armenios, judíos, hutus, mayas, cristianos, bosnios, mapuches, etc., en determinados momentos fueron etiquetados para ser ejecutados. La locura y la criminalidad alimentan nuestra historia configurando nuestra memoria del terror.

    Manuel Tagüeña señalaba en una carta al PCE en 1956 que creía que mientras no existiera una base de convivencia entre todos los españoles España no podrá jugar en el mundo el papel que se merece. En 1978 los españoles aprobamos nuestra constitución para imposibilitar la aparición de nuevas trincheras. 40 años después todavía hay personajes que pretenden cavar su propia tumba por medio de la violencia.

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    1. Operaciones con tanques en las Árdenas.
    2. Soldados norteamericanos hechos prisioneros.
    3. Joaquim Peiper durante el juicio de Nuremberg.
    4. Malmedy (Bélgica).
    5. Chenogne (Bélgica).

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    Juan Gijón es doctor en Historia por la Universidad Complutense de Madrid y fue profesor visitante del Instituto de Historia (CSIC). Lleva casi 20 años como profesor de Secundaria, ha colaborado con Oxford University Press España en diversos proyectos (2015-2016) y ha firmado más de medio centenar de títulos entre monografías, artículos y colaboraciones sobre los caballeros de las Órdenes Militares, la Casa de Borbón en el siglo XVIII, arquitectura militar, religiosidad popular, economía en la Edad Moderna, bibliografía, la represión política en la Guerra Civil española, etc. Es miembro de la Fundación Española de Historia Moderna, de la Associaçao dos Amigos da Torre do Tombo (Portugal) y de la Asociación Española de Amigos de los Castillos. Desde su atalaya, escribe en Actuall.