Las elecciones de Brasil ponen a prueba el ‘Efecto Bolsonaro’

Bolsonaro amenaza la democracia, era el mensaje. Sin embargo, un amplio sector del pueblo parece haber escuchado otro: es el único candidato que el sistema no soporta. Una ola va in crescendo y podría hacerle ganar ya en el primer turno. Ese es el efecto Bolsonaro.

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El miércoles pasado pedí un Uber para ir a un compromiso de trabajo. Durante el trayecto, entre diálogos ligeros, pasamos de lado de un grupo de jóvenes que enarbolaban banderas de Brasil y promovían el voto en Bolsonaro. El conductor me dijo a quemarropa: “Tengo 65 años y nunca estuve tan esperanzado en un candidato a la presidencia, voy a votar en Bolsonaro”.

Silencio. Sorprendido, le observé. El hombre parecía aliviado, como si se hubiera quitado un peso de encima. Me miró de reojo y esperó a que yo me manifestara. “Tudo bem”, le dije. “Trabajé duro en la construcción durante toda mi vida, soy plomero, electricista y pintor, manejo ahora porque tengo dos años desempleado; voté a Lula y luego a Dilma, pero quedé muy herido por lo que le hicieron al país”, me explicó.

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Lo han saqueado y tienen la ‘cara de pau’ – poca vergüenza – de presentarse como si nada hubiera pasado, yo salí a las calles para sacar a Dilma del poder, el PT nunca más”, subraya Claudio, evidentemente molesto.

Le pregunto si votará en Bolsonaro fundamentalmente porque esta enojado con el Partido de los Trabajadores (PT). “No es solo eso”, me responde.

“Es verdad que no quiero que esos ladrones y depravados le hagan más daño a mi país, pero también es que al capitán le entiendo bien lo que dice, habla como nosotros y se atreve a decir lo que otros no, no concuerdo en todo con él pero estoy seguro que ayudará a Brasil a mejorar”.

¿Por qué se puso nervioso al decirme por quién va a votar?, indago. “Fue sin querer, perdone; ya me topé con gente muy agresiva que me ofendió y me dijo cosas horribles, sin conocerme, tan solo por apoyar a Bolsonaro”.

Este hecho real, es parte de lo que llamo aquí, el ‘Efecto Bolsonaro’.

Había una sistemática ofensiva para desacreditar a Bolsonaro en los grandes medios de comunicación, que llegó a usar de un conflicto con su exesposa para golpearlo. Indignada, la mujer salió a defenderlo

Poco antes del atentado que sufrió hace un mes, al ser acuchillado en el abdomen en plena campaña en una ciudad de interior, se encontraba como líder de la intención de voto, pero con un índice muy bajo como para vencer en el primer turno electoral el domingo 7 de octubre: un 19%.

Este cuadro se reforzó, con el tiempo que pasó en el hospital, fuera de campaña, y la actuación desastrosa de su equipo en este ínterin, en el que otros candidatos crecieron en la preferencia del elector.

En especial, el aspirante del PT, Fernando Haddad. El exalcalde de São Paulo recibió una enorme transferencia “votantes” del expresidente Luiz Inácio ‘Lula’ da Silva, que se empeñó en ser el candidato de la sigla pese a estar preso por corrupción. Sí, ese tipo de cosas pasan en Brasil.

El candidato a la presidencia de Brasil por el Partido de los Trabahadores, Fernando Haddad, designado por el expresidente Lula Da Silva, de cuyo rostro sostiene una careta.
El candidato a la presidencia de Brasil por el Partido de los Trabahadores, Fernando Haddad, designado por el expresidente Lula Da Silva, de cuyo rostro sostiene una careta.

La Justicia Electoral rechazó la extravagancia del postulante y Haddad fue ungido como ‘avatar’ del presidiario. La propaganda del petista se divulgó, toda, con la imagen del mentor y ‘Lula Libre’ se tornó su grito de guerra. Los petistas llegaron a declarar que si vencían se le otorgaria al exmandatario el indulto presencial.

En un mes Haddad pasó de 8 a 20% de intención de voto.

El voto avergonzado que aún esta presente en algunos sectores y el el voto útil de otros, para evitar un regreso de la cleptocracia petista al poder, pueden darle al “derechista” ese 12 por ciento que le falta para obtener el triunfo en el primer turno

Como tela de fondo había una sistemática ofensiva para desacreditar a Bolsonaro en los grandes medios de comunicación, que llegó a usar de un conflicto con su exesposa para golpearlo. Indignada, la mujer salió a defenderlo.

Vencer en primer turno con 50% de los votos más uno, se antojaba imposible, con certeza estaría en el balotaje, pero vencer ese segundo escrutinio se configuraba como extraordinariamente difícil. El establishment había dado pruebas contundentes de que había cerrado filas en su contra.

Posibilidades de vencer en Primer Turno

Pero en los últimos 15 días algo cambió. Retomó el crecimiento en la intención de voto, que parecía haber llegado a su tope, y el índice de rechazo comenzó a caer, poco a poco, especialmente entre las clases populares y las mujeres.

De acuerdo con el último estudio de opinión, publicado este jueves 4 de octubre, a tres días de los comicios, está con 39% de votos validos y Haddad con 25%.

Pero hay mucha gente que como Claudio, en protagonista de la anécdota que abre estas líneas, no declaraba tan facilmente su voto en Bolsonaro para no ser criticado por apoyar a un “imprestable”.

El voto avergonzado que aún esta presente en algunos sectores y el el voto útil de otros, para evitar un regreso de la cleptocracia petista al poder, pueden darle al “derechista” ese 12 por ciento que le falta para obtener el triunfo en el primer turno. Una hazaña que Lula deseó pero nunca consiguió.

El hecho pasaría a la historia, además, por vencer con una campaña sin coordinación, sin estructura partidista, sin un programa con propuestas concretas, sin prometer cargos a cambio de apoyo, pero sobre todo, y aquí radica un hecho inédito, sin dinero, sin tiempo en medios de comunicación, golpeada por el atentado y por un férreo y agresivo cerco impuesto por el sistema.

Desde el inicio su equipo de campaña fue exiguo. Tres de sus cinco hijos forman su círculo mas cercano, y aunque tienen experiencia en campañas legislativas o locales, un pleito presidencial es otra cosa. No hay una mente brillante ni un cuarto de guerra. Hay un entorno de amigos, como el senador evangélico Magno Malta, o el diputado católico Fernando Francischini, entre otros, que más que diseñar estrategias han buscado voto y aguantado junto a él los embates.

Su propuesta económica es un nombre: el reconocido economista Paulo Guedes. En sus manos estará la recuperación del país. Su programa de gobierno es más bien una declaración de buenas intenciones, pero todo mundo tiene claro que combatirá la inseguridad pública, el crimen organizado, la corrupción, el activismo ideológico del Poder Judicial, la adoctrinación en el sistema educativo, la hinchazón del aparato estatal, y el avance de la agenda abortista y de género.

Su sigla, el Partido Social Liberal, que carga sus contradicciones implicitas en el propio nombre, en realidad es una agremiación pequeña y hasta hace poco inexpresiva. Fue fundada en 1994 y difícilmente puede ser llamada de “partido”. Tiene menos de 250.000 afiliados, un significativo número de ellos, recientes.

Literalmente, la campaña es cargada por sus electores y simpatizantes. No hay funcionarios pagos (subvenciones) para hacer campaña, sino un ejercito de voluntarios que poco a poco ha ido saliendo a la luz.

Campaña modesta

Su candidatura se encuentra entre una de las más modestas, en tanto escribo, el monto destinado a ella es de 1.500.000 reales (menos de 400.000 dólares). El 76% de ese dinero se obtuvo a través de financiamento colectivo. O sea, miles de ciudadanos comunes la han pagado con donaciones que van desde los 20 reales. No hay ninguna aportación millonaria. El resto del dinero fue puesto por el Partido.

Su más cercano adversario, Fernando Haddad, cuenta con 29 millones de reales, 99.83% del valor tiene origen en el Fondo Especial para Campañas (FEC) irrigado por recursos públicos. Eso sin contar que, la fallida campaña de Lula, consiguió 20 millones de reales y gastó 19 millones pagados por los contribuyentes pues 97% lo obtuvo del FEC.

El diputado posee, aunque usted no lo crea, solo 8 segundos en el programa electoral obligatorio divulgado en los medios de comunicación y no ha comprado espacio de propaganda en radio ni televisión

Como detalle: el candidato comunista Guilherme Boulos, del Partido Socialismo y Libertad (PSOL), un satelite del PT, hizo una campaña “pobre” y “popular” con 9 millones de reales. El 99% de ese dinero viene del ya mencionado FEC, pagado por los ciudadanos y tiene menos de 1% de intención de voto.

La suya, es la cuarta candidatura más “pobre”.

Sin medios, en redes

El diputado posee, aunque usted no lo crea, solo 8 segundos en el programa electoral obligatorio divulgado en los medios de comunicación y no ha comprado espacio de propaganda en radio ni televisión. Además, solo participó de dos debates presidenciales, al verse imposibilitado físicamente.

Toda la divulgación de su candidatura se realizó a través de las redes sociales y las aplicaciones de intercambio de mensajes. Escuchó bien, toda. Antes del atentado, evidentemente hubo actos masivos y cuerpo a cuerpo. Después, acabó. Estuvo confinado un mes en el hospital. Bordeó la muerte y fue dado de alta el pasado sábado 29 de septiembre, ochos días antes de los comicios.

Con una cámara de móvil, unos papeles y una lámpara. Así ha hecho campaña Jair Bolsonaro a la presidencia de Brasil. /PSL
Con una cámara de móvil, unos papeles y una lámpara. Así ha hecho campaña Jair Bolsonaro a la presidencia de Brasil. /PSL

Desde el lunes pasado inició una serie de mensajes en vivo a través de Facebook. Acompañado de sus hijos. Armado de una cámara de un teléfono movil, una lámpara y unas notas en papel.

Si gana, pasará a la historia, porque nunca antes nadie lo habría hecho con tan exiguos recursos y en circunstancias tan limitadas.

Sus votantes y simpatizantes se han hecho cargo de la campaña. “Abraçaram suas dores” (abrazaron sus dolores), como dicen en Brasil. Se tornaron su más eficaz “equipo de campaña”, aunque, nótese, no concordaran totalmente con él.

Dos tiros en el pie

Además, el establishment cometió dos graves errores. El primer tiro en el pie fue dado entre el 15 y el 19 de septiembre por Fernando Henrique Cardoso, el expresidente y gran gurú del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), supuesto adversario de PT, que declaró que para frenar a Bolsonaro se debería apoyar al PT.

A partir de allí todos los candidatos -a excepción de un cabo evangélico con menos de 1% de votos- se lanzaron como canes rabiosos contra el diputado. No solo ellos, otras figuras significativas del mundo empresarial y toda la élite del mundo “intelectual” y “cultural”.

En seguida, el segundo tiro fue una iniciativa muy agresiva para desconstruir a Bolsonaro, que se torno el innombrable. La denominaron “Ele Não” (Él No), supuestamente montada por mujeres de todos los segmentos sociales que le rechazaban por “misógino, homofóbico, racista, facista y violento” y una larga letanía de epítetos más.

La campaña “popular” tuvo amplio espacio en las grandes cadenas televisivas y fue encabezada por famosas artistas. El ápice fue una serie de manifestaciones en todo el país el pasado sábado 29 de septiembre. No hubo millones en las calles, como ellas esperaban, pero la militancia de izquierda y “progresista” mostró que aún tiene brazo.

Bolsonaro amenaza la democracia, era el mensaje. Sin embargo, un amplio sector del pueblo parece haber escuchado otro muy diferente: El capitán es el único candidato que el sistema no soporta. La amenaza a la paz son “ellos”, no “él”.

Jair Bolsonaro, muestra durante la campaña por la presidencia su mano con las palabras Dios, Familia, Brasil.
Jair Bolsonaro, muestra durante la campaña por la presidencia su mano con las palabras Dios, Familia, Brasil.

Ele Sim

El domingo 30, en todas las capitales y en cientos de ciudades del país – grandes, medias y pequeñas – salieron miles vestidos de verde-amarelo a manifestar un apoyo masivo a Bolsonaro.

No fue un acto del partido ni de la coordinación de campaña. Fue una reacción del pueblo. El voto avergonzado comenzó a ceder, y, de repente, en las redes sociales una multitud manifestó su voto con un “Ele Sim” (Él Sí).

Las pesquisas de opinión registraron la mudanza: pasó del 30 al 39 por ciento de apoyo y su tasa de rechazo cayó por lo menos 3 puntos, especialmente entre las mujeres. También creció su respaldo en el nordeste del país, reducto histórico del PT.

En contrapartida, Haddad paró de crecer y su rechazo aumentó, hasta en 10 puntos porcentuales en las mujeres.

Lleno de contradicciones, con una vida personal accidentada, pasó de ser indiferente o hasta connivente con el aborto en los años noventa a ser un aliado incondicional en la Cámara de Diputados del movimiento provida

El banderazo en el que se desnudó Cardoso y el “Ele Não” supuestamente impulsado por las mujeres brasileñas fueron graves errores que, quizá, a la distancia se identifique como dos tiros en la cabeza al bloque de izquierda PSDB-PT que gobernó el país desde 1992.

El pueblo dedujo -de los hechos- lo que de forma más analítica declaró el 3 de octubre uno de los fundadores del PSDB y antiguo aliado de Cardoso, el economista Francisco Graziano: “Ninguna amenaza a la democracia es mayor que la vuelta del PT al poder, por eso, pasé a defender a Bolsonaro”.

“Mi voto -dijo- será anti PT. Ya sea que se guste o no de él, o de sus ideas, el capitán corre por fuera del sistema. Es el candidato viable para derrubar esa podredumbre que corroe a la República”.

No es el salvador de la Patria, sino el punto de inflexión

Esta última semana, en todas las capitales y en centenas de ciudades del país se pueden ver pequeños o grandes grupos de ciudadanos comunes, no pagados, que luego del horario de trabajo, salen a las calles a promover el voto en Bolsonaro, un político improbable.

Exmilitar que se tornó diputado federal e hizo del trabajo parlamentario en pro del sector castrense una profesión. Hombre polémico, creador fecundo y contumaz de frases apelativas y desafortunadas, siempre en las antípodas de lo políticamente correcto. Un blanco fácil para sus adversarios.

Recibió y usó de todos los absurdos beneficios que la ley otorga a los hombres del Legislativo, pero no hay registro de ningún soborno. Algo excepcionalmente raro en ese pantanal que es el Congreso Nacional.

A pesar de ser calificado como homofóbico, homosexuales le han declarado su apoyo. A pesar de ser llamado de misógino, miles de mujeres le han dado el “sí”. A pesar de ser acusado de racista, negros le dan su respaldo

Lleno de contradicciones, con una vida personal accidentada, pasó de ser indiferente o hasta connivente con el aborto en los años noventa a ser un aliado incondicional en la Cámara de Diputados del movimiento provida y profamilia en el país, que le ha plantado la cara a la agresiva investida de los gobiernos del PSDB y del PT.

Ese hombre, no por sus defectos, sino pese a ellos, es quien – hora tras hora – parece estar conquistando el voto provalores, antipetista y antisistema.

Muchos han entendido que la del domingo es una elección plebiscitaria y no es poco lo que hay en juego. A pesar de ser calificado como homofóbico, homosexuales le han declarado su apoyo. A pesar de ser llamado de misógino, miles de mujeres le han dado el “sí”. A pesar de ser acusado de racista, negros le dan su respaldo.

Una ola va in crescendo y podría hacerle ganar ya en el primer turno. Ese es el efecto Bolsonaro.

La mayoría de los brasileños que he escuchado parecen haber creído cabalmente las palabras que pronunció el pasado lunes, 1 de octubre, al agradecer a quienes se manifestaron en las calles, un día antes, en su favor: “No soy el salvador de la Patria, pero puedo ser un punto de inflexión”.

El domingo lo sabremos.

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Es periodista y corresponsal de Actuall. Formado en ciencias de la comunicación. Actualmente reside en Brasil con su esposa e hijos.