Las improbables exhumaciones en el Valle de los Caídos

    Ni han entrado con la piqueta, ni se están abriendo las tumbas, ni es probable que se puedan distinguir los restos de unos y otro en el Valle de los Caídos.

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    Panorámica del Valle de los Caídos / Flickr
    Panorámica del Valle de los Caídos / Flickr

    «Tranquilidad para todos… No habrá exhumaciones en el Valle». Así de contundente se manifestaba este lunes por la mañana Pablo Linares, presidente de la Asociación para la Defensa del Valle de los Caídos, pese a que todas las alarmas se habían disparado en las hora previas.

    Numerosos medios de comunicación daban por hecho que se iban a producir tales desenterramientos -«la piqueta entra el lunes»- en aplicación de una sentencia firme dictada por un juzgado de San Lorenzo de El Escorial, que habilitaba los trabajos para el traslado de cuatro fallecidos de la Guerra Civil enterrados en el conjunto monumental de Cuelgamuros.

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    Se trata de dos militantes en el bando republicano y de otros dos contendientes del bando nacional. Manuel y Antonio Lapeña se llamaban los primeros. Pedro Gil Calonge y Juan González Moreno, los segundos. Todos merecen ser honrados.

    Miembros de las dos familias que han pedido las exhumaciones de sus allegados en el Valle de los Caídos y su abogado / EFE
    Miembros de las dos familias que han pedido las exhumaciones de sus allegados en el Valle de los Caídos y su abogado / EFE

    En efecto, con toda la expectación mediática que se esperaba, el lunes por la mañana técnicos del Instituto de Ciencias de la Contrucción Eduardo Torroja del Consejo Superior de Investigaciones Científicas realizaron una suerte de «catas» en el piso tercero de la cripta del sepulcro de la basílica de la Santa Cruz.

    Debido a la humedad y al tiempo transcurrido es probable que las cajas en las que se depositaron los restos de combatientes de la Guerra Civil se hayan deshecho, con la consiguiente confusión de restos

    Del resultado de esas laboriosas y ténicas prospecciones, se elaborará un informe que no será entregado a Patrimonio Nacional hasta dentro de un mes, a finales de mayo. De identificarse los restos de los hermanos Lapeña, Pedro Gil y Juan González, aún quedaría mucho camino por andar. Y aún así, la improbabilidad de la exhumación seguiría vigente.

    Debido a la humedad y al tiempo transcurrido es probable que las cajas en las que se depositaron los restos de combatientes de la Guerra Civil se hayan deshecho, con la consiguiente confusión de restos.

    Imagen de uno delos osarios del Valle de los Caídos/ FB- Pablo Linares.
    Imagen de uno delos osarios del Valle de los Caídos/ FB- Pablo Linares.

    Tal y como ha informado Patrimonio Nacional, de ser así, entrarían en juego los derechos de los otros afectados y de sus familares, que deberian ser consultados: «Si finalmente se comprueba por el informe del Instituto Torroja del CESIC que los columbarios […] se han convertido actualmente en un osario, en el que se encuentran confundidos con los restos cadavéricos de las demás personas inhumadas en el mismo» los familiares deberían interponer una nueva demanda para que la Justicia «se pronuncie en definitiva sobre la exhumación solicitada si hay derechos de terceros afectados». 

    Identificar y desenterrar todos los cadáveres supkondría un coste de más de 56 millones de euros, según el presidente de la Asociación en Defensa del Valle de los Caídos

    Así, debería identificarse al resto de personas enterradas en el mismo lugar e informar a sus parientes, de tal manera que la decisión resultante sea fruto de valorar adecuadamente los intereses en conflicto y, especifica Patrimonio Nacional, «la aplicación del principio de proporcionalidad en las actuaciones requeridas, resolviendo, en definitiva, lo que proceda en orden a la localización, identificación y, en su caso, exhumación y entrega a sus familiares de los restos cadavéricos».

    A la propia compejidad técnica y el deterioro de los columbarios debido a las humedades, se suma que más de 12.000 de los más de 33.000 sepultados  están sin identificar, pues fueron recogidos de las fosas comunes.

    Así es que, en el caso de que en el lugar donde se supone que están estas cuatro personas estuviese en condiciones, tendrían que estar bien identificados y no haberse mezclado con los restos de otros compatriotas, cosa harto difícil.

    Abundando en el condicionamiento de la «proporcionalidad» de la que habla el comunicado de Patrimonio Nacional, cabe poner sobre la mesa también la cuestión de los costes económicos.

    Según detalla el propio Pablo Linares en la página de Facebook de la Asociación en Defensa del Valle de los Caídos la factura por identificar y desenterrar todos los cadáveres no sería despreciable:

    • Actuaciones arquitectónicas en las criptas, accesos y medios auxiliares necesarios. Protección de elementos arquitectónicos: 400.000 euros.
    • Actuaciones arquitectónicas en locales del Valle de los Caídos para alojar laboratorio: 600.000 euros.
    • Manipulación de restos por personal especializado en servicios funerarios: 36.095.825,83 euros.
    • Coste de personal en operaciones a realizar en las criptas (2 titulados superiores y 8 operarios, 2 años de duración): 8.557.670,40 euros.
    • Féretros: 11.844.350 euros.
    • Pruebas de ADN: 20.304.600 euros.

    En total, más de 56 millones de euros (56.400.425,83  €), mientras apenas se habilitan partidas para el mantenimiento del complejo, propiedad de Patriomonio Nacional y uno de los más visitados en España.

    Más allá de complicaciones técnicas, legítimas aspiraciones y memorias históricas más o menos selectivas, lo cierto es que el Valle de los Caídos debiera ser, tal y como se concibió, un lugar de reconciliación y recogimiento.

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    Nicolás de Cárdenas fue inoculado por el virus del periodismo de día, en el colegio, donde cada mañana leía en su puerta que “la verdad os hará libres”. Y de noche, devorando los tebeos de Tintín. Ha arribado en su periplo profesional a puertos periodísticos de papel, internet, televisión así como a asociaciones cívicas. Aspira a morir diciendo: "He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe".