Logos de Vox y el Partido Popular.
Logos de Vox y el Partido Popular.

Las matemáticas dicen que hay que votar al PP para evitar la prolongación del Gobierno de Sánchez, porque las estadísticas apuntan que votar a VOX restaría a la “derecha” los escaños suficientes para destronar a Pedro, pero la filosofía va más allá y se plantea numerosas cuestiones que los cálculos matemáticos son incapaces de llegar a formular.

¿Por qué votar a VOX sí restaría escaños a la “derecha” y en cambio, de Ciudadanos no se dice nada cuando causaría el mismo efecto si nos ceñimos a los cálculos matemáticos?

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¿Es casualidad que no se diga nada de C’s cuando es VOX el que verdaderamente incomoda al establishment en su conjunto?

¿Es cien por cien descartable, dadas las experiencias recientes, que las encuestas estén manipuladas?

¿Acaso las encuestas no daban entre dos y tres exiguos escaños a VOX hasta pocos momentos antes de las elecciones andaluzas?

¿No sabías que muchas compañías sociométricas, por no decir la inmensa mayoría, están compradas por los partidos políticos?

¿No sabías que el negocio de muchos medios de comunicación se sostiene sobre el dinero que les inyectan los partidos políticos y algunas empresas para ser promocionadas y que no hablen mal de ellas?

¿Acaso no pensaba todo el mundo que iba a continuar gobernando Susana Díaz en Andalucía?

¿No te has dado cuenta de que dividir a la “derecha” en Andalucía le ha dado la victoria, puesto que, en ocasiones, diversificar el voto y la estrategia puede unir más de lo que separa?

¿Nunca te han hablado de los beneficios de sacrificar el corto plazo para garantizar el largo?

¿No sabías que algunas marcas han sobrevivido o conservado su hegemonía por dividir su producto en varios subproductos y que con la “derecha” en Andalucía quizá haya sucedido algo parecido? ¿Piensas que Coca-Cola seguiría encabezando los peldaños de empresas de refrescos si no hubiese diversificado estrategia con la creación sucedáneos como la Light, la Zero y ambas modalidades con y sin cafeína?

¿No piensas que si somos continuamente esclavos del voto del miedo nunca van a cambiar las cosas, puesto que cerraremos sistemáticamente la verja a la eclosión de vientos nuevos y por consiguiente, todo seguirá yendo a peor?

¿No conoces aquel sabio adagio de que, en ocasiones, hemos de sacrificar el presente para salvar el futuro?

¿Nunca te han hablado de los beneficios de sacrificar el corto plazo para garantizar el largo?

¿No conoces aquella frase de Winston Churchill que recoge que “el político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”?

¿No conoces la ley marketiniana del sacrificio, consistente en que es preciso renunciar a una cosa para conseguir otra?

¿Acaso la historia no ha demostrado, en centenares de episodios, que las cosas cambian más por el tesón de los valientes que por las cavilaciones de los calculadores?

¿Jamás has escuchado aquella frase del Cardenal Newman que reza que “el cálculo nunca hace al héroe”?

Desde la gestación de la ilustración, nos han logrado meter en la cabeza que los cálculos matemáticos y las estadísticas dan con la solución de todos los enigmas. Cierto es que, a veces, hacen aproximaciones muy certeras, pero hasta los mismos expertos en estadística te reconocen que hay muchas realidades que esta clase de estudios no pueden abarcar.

Como decía un sabio doctor universitario al que tuve la dicha y ventura de conocer, “vivimos en la matematización de la realidad”. Esta reflexión no puede gozar de mejor tino. Se han reemplazado los análisis filosóficos, las reflexiones humanísticas y el diestro manejo de la oratoria por las argumentaciones de corte numérico, donde el porcentaje y la cifra sustituyen a Platón, hieren de muerte a Aristóteles y oscurecen la figura de Santo Tomás.

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Escritor por vocación y amor a las causas nobles. Mi licenciatura en Derecho no me ha impedido dedicarme profesionalmente al periodismo durante una temporada de mi vida, oficio que desempeñé en Intereconomía, casa en la que blandí la pluma, con más fuerza que la espada, cerca de 4 años. En el presente, no vivo solamente de escribir, sino de otros menesteres, al igual que Cervantes, pero es una afición que sigo cultivando como colaborador en diversos medios de comunicación y a través de mi blog, El Despacho de Don Pepone, el cual goza ya de más de 1 millón de visitas