Lo que significa la destitución de Roger Scruton

    Roger Scruton es considerado por muchos el más importante filósofo inglés vivo, el pensador conservador más prestigioso del mundo. Scruton es el ultra perfecto: islamófobo, homófobo, tránsfobo, antisemita… Ojo, también es sinófobo, según los progres.

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    El filósofo británico conservador, Roger Scruton.
    El filósofo británico conservador, Roger Scruton.

    Quienes quieran entender cómo está desapareciendo la libertad de pensamiento y expresión en Europa –y también, por qué está emergiendo una nueva derecha, tildada de “populista” o “ultra”- deberían conocer el affaire Scruton. Ocurrió en abril, pero ha pasado desapercibido en España.

    Roger Scruton es considerado por muchos el más importante filósofo inglés vivo, el pensador conservador más prestigioso del mundo. En 2016, el gobierno conservador británico le incluyó en la comisión Building Better, Building Beautiful, que asesora a la administración sobre urbanismo y arquitectura. La estética es uno de los centros de interés de la variada obra de Scruton, que destaca por su aversión a la arquitectura racionalista post-Le Corbusier, y por su denuncia de la fealdad deshumanizadora de los edificios-colmena. Ya entonces, el fichaje de Scruton generó un furioso pataleo de la prensa progresista; el diputado laborista Andrew Gwynne dijo: “Nadie con las ideas de Scruton tiene sitio en una democracia moderna”. No se refería, claro, a los criterios estéticos de Scruton, sino a sus ideas morales y políticas sobre el matrimonio y la familia, la inmigración o la nación.

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    En abril de este año, Scruton concedió una entrevista al vicedirector de la revista izquierdista New Statesman, George Eaton. Concluida la conversación, Eaton corrió a las redes sociales a anunciar triunfalmente que las respuestas de Scruton estaban “trufadas de declaraciones indignantes”. Más tarde, publicaría una imagen de sí mismo en Instagram, brindando con champán para celebrar “la expulsión como consejero gubernamental de un derechista racista y homófobo como Roger Scruton”. Y es que, en efecto, solo seis horas después de publicada la entrevista, el ministro de la Vivienda James Brokenshire anunció la destitución del autor de Cómo ser conservador.

    George Eaton, vicedirector de la revista izquierdista New Statesman, celebra con champán la expulsión de Roger Scruton de un comité gubernamental.
    George Eaton, vicedirector de la revista izquierdista New Statesman, celebra con champán la expulsión de Roger Scruton de un comité gubernamental.

    ¿Cuáles fueron las escandalosas declaraciones de Sir Roger? Veamos:

    – Sobre matrimonio homosexual: Aunque comprensivo con la decisión de Cameron, que en su opinión le ahorró años de desgaste al cabo de los cuales hubiera tenido que ceder, Scruton matiza: “Pero la mayoría de los conservadores habrían dicho: ¿No es el matrimonio una de las instituciones cuya naturaleza específica deberíamos sostener?, etc.”. Scruton tiene razón: al abrirla a parejas del mismo sexo, el Derecho avala la concepción emotivista de la institución (matrimonio: grupo de personas que se quieren, sin que importe el sexo, el número o la duración) en detrimento de la procreativa (matrimonio: institución al servicio de la reproducción de la especie, que por tanto solo puede unir a hombre y mujer, y debe ser muy duradera, para que tengan tiempo de engendrar y educar).

    – El entrevistador sigue presionando a Scruton sobre la homosexualidad, intentando sorprenderle en “homofobia”. Cuando le pregunta si “se debe promover la homosexualidad en las escuelas como un estilo de vida aceptable”, Scruton contesta: “No me gusta que se predique la homosexualidad como un estilo de vida; para empezar, porque no es un estilo de vida, sino un deseo que tienen algunas personas. Y estamos iniciando a los niños en algo a una edad en que no pueden entenderlo. Nunca he sido favorable a la educación sexual, al menos no en la forma en que ha evolucionado. Se plantea como una especie de incitación a la lascivia, un despertar a los niños a algo a lo que quizás no quieren ser despertados, y hecho por una persona [el maestro o el “experto”] que no tiene derecho a hacerlo”.

    No es necesario refutar al rival: basta señarle como “islamófobo”, “homófobo” o “machista”

    – Sobre transexualidad, Scruton opinó que es objetable que se transmita a los niños la noción de que “hay niños atrapados en cuerpos de niña, y viceversa”, pues esto les crea inseguridad, y más aún que se les apliquen tratamientos de “cambio de sexo”: “Creo que estamos jugando con fuego al permitir a los niños y sus padres decir: “OK, así que él en realidad es una chica, y le voy a reconocer su libertad para ser una chica”. ¿Y qué pasa si después de toda la mutilación genital y las hormonas y todo lo demás descubre que tampoco está cómodo con el nuevo cuerpo que se le ha dado?”.

    – Sobre la “islamofobia”: “Fue un término inventado por los Hermanos Musulmanes para impedir el debate público sobre un asunto que nos preocupa a todos. A todos nos preocupa la cuestión de hasta qué punto el Islam justifica o no la violencia cometida en su nombre”. Y, en efecto, no se puede sino coincidir con él en que las numerosas “fobias” descubiertas en los últimos tiempos no son sino etiquetas infamantes con las que los musulmanes radicales, el lobby LGTB o el feminista reducen al silencio –cada vez con mayor éxito- a cualquiera que cuestione sus tesis. No es necesario refutar al rival: basta señarle como “islamófobo”, “homófobo” o “machista”. (Más adelante, Scruton deja claro que existen musulmanes moderados: los “musulmanes de La Meca”, contrapuestos a los “musulmanes de Medina”, aludiendo a dos fases de la vida del Profeta).

    – Sobre Viktor Orban (pros y contras) y la avalancha de refugiados/inmigrantes de 2015: “[Orban] tomó algunas decisiones que le han hecho muy popular ante el pueblo húngaro, pues los húngaros se sentían extremadamente alarmados por la repentina invasión de enormes tribus de musulmanes de Oriente Medio. Hay que recordar su historia, la cual no registra relaciones muy felices con el Islam [Hungría fue ocupada en parte por los turcos tras la batalla de Mohacs, 1526]. Así que tomó decisiones radicales: vamos a excluir todo esto, vamos a mantener la seguridad de nuestras fronteras pase lo que pase”. Este es uno de los párrafos en los que más se han cebado los que pidieron y consiguieron la cabeza de Scruton. Les parece irrespetuosa la alusión a las “tribus de musulmanes”. Quizás desconocen la absoluta vigencia de la estructura de tribus y clanes en muchas zonas del mundo islámico.

    ¿Qué significa el caso Scruton? Que la izquierda es definitivamente dueña del marco de discurso, con la anuencia de la derecha, que se suma a la ejecución ritual del hereje

    – El entrevistador le recuerda a Scruton que es acusado de antisemitismo por hablar a veces del “imperio de [George] Soros”. Él responde: “Oh, pero cualquiera que piense que no existe un imperio de Soros en Hungría [Universidad Centroeuropea, etc.] no ha observado los hechos. No es necesariamente un imperio de judíos, eso es una tontería”. La rigurosa lógica que usa aquí la izquierda es: “Soros es judío, Orban y Scruton critican a Soros, ergo Orban y Scruton son antisemitas”. La misma izquierda que, en todo Occidente, toma un sesgo cada vez más descaradamente antisemita, promoviendo boicots anti-israelíes y negando el antisemitismo islámico. El mismo Orban que ha sido reiteradamente felicitado por Israel por su respeto a la importante minoria judía de Hungría.

    – Por tanto, Scruton es el ultra perfecto: islamófobo, homófobo, tránsfobo, antisemita… Ojo, también es sinófobo, según los progres. Por este párrafo: “Hay algo bastante inquietante en la política china de masa y su reglamentación de la vida del ser humano ordinario. Nosotros inventamos robots, y ellos lo son. En cierto sentido, están convirtiendo en robots a su propia gente limitando lo que se puede hacer. Cada persona china parece ser una copia de la siguiente, y eso da mucho miedo”. Aquí se ha querido ver un ataque racista a los chinos en lo que, visto en su contexto, claramente no es sino una crítica del régimen totalitario chino y sus políticas uniformizadoras.

    ¿Qué significa el caso Scruton? Que la izquierda es definitivamente dueña del marco de discurso, con la anuencia de la derecha, que se suma a la ejecución ritual del hereje. Que la libertad de pensamiento y expresión –una de las grandes aportaciones de Occidente a la humanidad- está desapareciendo a toda velocidad. Que, en efecto, “no hay sitio para alguien con las ideas de Scruton en la democracia moderna” (solo que la “democracia moderna” es en realidad dictadura intelectual progre).

    Mención aparte merece la cobardía del Partido Conservador. Se cumple una vez más aquello de Alvaro D’Ors que le gusta citar a Enrique García-Máiquez: “Dura vida la del intelectual de derechas: despreciado por los intelectuales por ser de derechas, y por la derecha por ser intelectual”. La izquierda conoce la importancia de la batalla cultural, mima y promociona a sus intelectuales. La derecha, en Inglaterra como en España, los ignora.

    Scruton ya tuvo que abandonar la Universidad en los 80 a causa de la atmósfera de creciente intolerancia neomarxista (él había cargado contra el “pensamiento 68” en su libro Fools, Frauds, and Firebrands). Ahora ha sido expulsado de un gobierno “conservador”. El siguiente paso será que se prohíban o revienten sistemáticamente sus conferencias, y se boicoteen sus libros. Le quedará al menos su maravillosa granja (beatus ille… pero la sociedad se quedará sin su aportación) desde donde podrá seguir formulando en la clandestinidad reflexiones como esta: “Soy un pensador conservador, conocido como tal, explícito, pero razonable en mis opiniones. Y ha habido en este país y en toda Europa un intento de silenciar a las voces conservadoras. Se nos señala, se nos caricaturiza, se nos demoniza haciéndonos aparecer como si fuéramos gente siniestra, fascista, racista. Tan pronto como el Partido Conservador ve que se demoniza a uno de nosotros de esta manera, se apresura a disociarse de nosotros: “Oh, él no es de los nuestros”. Y aquí estoy, solo a la intemperie. Cuando mi única culpa fue tratar de defenderles”.

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    Francisco J. Contreras Peláez (Sevilla, 1964) es catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Sevilla. Autor de los libros: Derechos sociales: teoría e ideología (1994), Defensa del Estado social (1996), La filosofía de la historia de Johann G. Herder (2004), Savigny y el historicismo jurídico (2004), Tribunal de la razón: El pensamiento jurídico de Kant (2004), Kant y la guerra (2007), Nueva izquierda y cristianismo (2011, con Diego Poole), Liberalismo, catolicismo y ley natural (2013) y La filosofía del Derecho en la historia (2014). Editor de siete libros colectivos; entre ellos, The Threads of Natural Law (2013), Debate sobre el concepto de familia (2013) y ¿Democracia sin religión? (2014, con Martin Kugler). Ha recibido los premios Legaz Lacambra (1999), Diego de Covarrubias (2013) y Hazte Oír (2014).