Ilustración sobre el líder políticamente correcto del siglo XXI. /AMB-Actuall
Ilustración sobre el líder políticamente correcto del siglo XXI. /AMB-Actuall

El dictador moderno no prohíbe, presiona de tal modo a sus rivales ideológicos que les fuerza a tener el pico cerrado o a andarse con exquisitos miramientos a la hora de expresar sus ideas.

El dictador moderno es sumamente respetuoso, solamente falta el respeto a quienes no piensan como él, bajo la excusa de que el modo de pensar de sus contendientes pone en peligro la cordialidad.

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El dictador moderno es 100% democrático, siempre que las urnas no se inclinen a favor de un partido al que él tilde de antidemócrata.

El dictador moderno no es intolerante, simplemente, no tolera las ideologías que, para él, ponen en solfa y entredicho su idea de tolerancia.

“El dictador moderno nunca insulta, ya que, cuando lo hace, entiende que se ha limitado a pronunciar adjetivos y calificativos que describen cuán réprobo e indeseable es su oponente”

El dictador moderno no tiene ansias de rebelión, busca la estabilidad con una retórica impermeable a las desavenencias, que aplaca las discrepancias sin permitir que se filtren ni tengan el más mínimo eco.

El dictador moderno nunca insulta, ya que, cuando lo hace, entiende que se ha limitado a pronunciar adjetivos y calificativos que describen cuán réprobo e indeseable es su oponente, meras descripciones de una realidad palpable, tangible y objetiva.

El dictador moderno no se cree el más inteligente, simple y llanamente, está convencido de que todo el que no piense como él sufre carencias intelectivas.

El dictador moderno no es un cobarde en las discusiones, siempre ataca en mayoría porque el pueblo, por inercia y escándalo, se pone de su lado.

El dictador moderno gana siempre los debates, ya que todos los argumentos de sus contrincantes son de fuentes poco fiables, fake, como dicen ahora, y los expuestos por él, irrebatibles, irrefutables, inequívocos, aunque los haya extraído de un blog.

El dictador moderno está convencido de que su opinión se ha forjado en hondas cavilaciones, que es el fruto maduro de horas de reflexión, cuando se limita a cacarear lo que dice La 1, El País, el Times, la CNN, la BBC y el establishment mundial en su conjunto.

El dictador moderno ensalza, sublima y enaltece la impagable labor solidaria de la Iglesia católica, para, a reglón seguido, apoyar la eutanasia, los vientres de alquiler, la incorporación de la ideología de género en las aulas, la expansión de los colectivos LGTBI, el recrudecimiento del crimen del aborto y la derogación del concordato con la Santa Sede.

“El dictador moderno no es un desaprensivo que ejecuta acciones indecorosas, embauca y concita a otros para que hagan el trabajo sucio”

El dictador moderno no lleva el pelo desgreñado, ni se enfunda en camisetas de adiposo cervecero. Es guapo, adonis, de figura esbelta y con buena facha, se cuida y emperifolla por las mañanas, hace “running” y come sano, rinde un idolátrico culto a la imagen en pos de que sus perversas intenciones gocen de la mayor opacidad.

El dictador moderno viste chaqueta para conservar su etiqueta de élite social y se despoja de la corbata para ser, a su vez, un hombre del pueblo.

El dictador moderno no se infiltra en las asociaciones, ni toma de manera brusca o violenta el poder de las mismas, crea una atmósfera de presión sociológica para que éstas se terminen rigiendo bajo sus parámetros.

El dictador moderno no apuñala, te suministra una inyección de muerte placentera.

El dictador moderno no ataca de frente, te torpedea por la tangente.

El dictador moderno no es un desaprensivo que ejecuta acciones indecorosas, embauca y concita a otros para que hagan el trabajo sucio.

El dictador moderno no muerde la manzana, como Adán, sino que, al igual que Eva, te pincha y persuade para que seas tú quien le aseste la dentellada.

El dictador moderno no es un ángel exterminador, que arrasa con todo lo que se encuentra a su paso, se parece más a Satanás, a quien le gusta destruir de forma sibilina.

Estas es la dictadura de la hipocresía. Bienvenido a la nueva tiranía.

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Escritor por vocación y amor a las causas nobles. Mi licenciatura en Derecho no me ha impedido dedicarme profesionalmente al periodismo durante una temporada de mi vida, oficio que desempeñé en Intereconomía, casa en la que blandí la pluma, con más fuerza que la espada, cerca de 4 años. En el presente, no vivo solamente de escribir, sino de otros menesteres, al igual que Cervantes, pero es una afición que sigo cultivando como colaborador en diversos medios de comunicación y a través de mi blog, El Despacho de Don Pepone, el cual goza ya de más de 1 millón de visitas