Dos simpatizantes de Vox celebran los resultados de la formación en las elecciones autonómicas del 2 de diciembre de 2018. /EFE
Dos simpatizantes de Vox celebran los resultados de la formación en las elecciones autonómicas del 2 de diciembre de 2018. /EFE

Durante décadas, los derechistas madrileños han insultado y despreciado a los andaluces por votar una y otra vez al PSOE, a pesar de los hechos innegables de la corrupción de la Junta y, también, de su incapacidad para sacar del atraso económico a la región. Era frecuente escuchar o leer explicaciones como que los andaluces vendían su voto a los socialistas a cambio de una paguita abonada por los demás españoles.

Al menos, pensaba yo, los andaluces eran más inteligentes, pues recibían algo del poder, mientras que los madrileños regalaban su voto una y otra vez a un PP que les despreciaba hasta el punto de pisotear desde el Gobierno tanto sus ideales como sus patrimonios.

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También los andaluces, con su fama de atraso y hasta de analfabetismo, han demostrado tener más conciencia crítica que muchos catalanes, a pesar de sus aires pretenciosos de ‘daneses del sur’. La mayoría de éstos sigue votando a quienes están hundiendo social y económicamente Cataluña para cumplir su plan de instaurar una república de impunidad para la banda del 4%.

Mientras los andaluces abandonan a la izquierda que ha gobernado su región desde 1982, la mayoría de los catalanes sigue respaldando a la banda del 4%

Así, el domingo 2 de diciembre, los andaluces sorprendieron a todos los demás españoles en las elecciones a su Parlamento regional. El PSOE de Susana Díaz recibió una descomunal bofetada: perdió 400.000 votos y 14 diputados; el peor resultado de los socialistas andaluces en todas las elecciones celebradas en España desde 1977. El otro brazo de la izquierda, Ahora Andalucía, que ha tonteado con el separatismo andalucista, queda por debajo de los resultados que sacaron por separado Podemos e Izquierda Unida en 2015: 280.000 votos y tres escaños menos yendo unidos.

Las izquierdas pasan del 57% del voto en 2015, a un 44%. Ninguna de las dos ‘lideresas’, ni Susana Díaz, ni Teresa Rodríguez, se han planteado dimitir después de estos desastres.

Tampoco el PP puede alegrarse. Obtiene su peor resultado en unas autonómicas desde que presentase a Gabino Puche, uno de esos figurones que la ‘derechita cobarde’ recluta en el cuerpo de la Abogacía del Estado. Éste recibió menos de 612.000 votos en 1990. Juan Manuel Moreno Bonillo perdió 500.000 votos y 17 escaños en 2015 respecto al resultado del sempiterno Javier Arenas en 2012; y en 2018, 315.000 electores y siete escaños menos. Hace solo tres años, PP y PSOE sumaron más del 61% de los sufragios y en 2012 el 80%. Ocurre que el desplome mayor de las izquierdas permite al PP soñar con presidir la Junta andaluza con su peor resultado.

Gracias a VOX, España se homologa con países más avanzados de Europa, con partidos que rechazan el consenso socialdemócrata

Ciudadanos pasa de nueve escaños a 21 y de 370.000 papeletas a 660.000. No le ha perjudicado haber investido a Díaz y haber gobernado con ella.

La gran sorpresa es VOX, que entra en el antiguo Hospital de las Cinco Llagas de Nuestro Redentor con un grupo parlamentario de 12 diputados, presidido por una las bestias negras del ‘lobby’ feminista, el jurista Francisco Serrano. Si los porcentajes provinciales del domingo 2 se repitiesen en unas elecciones a Cortes Generales, VOX obtendría cuatro escaños en el Congreso: por Sevilla, Málaga, Cádiz y Almería.

Casi 400.000 andaluces han escuchado un mensaje contra la corrección política y lo han aprobado. El programa de VOX y los discursos de los candidatos, del presidente del partido, Santiago Abascal, y del secretario general, Javier Ortega, se oponen a la ‘memoria democrática’ (que convierte en malos andaluces a quienes critican la autonomía), al ‘buenismo’ sobre la inmigración ilegal, a la ‘violencia de género’, a la manipulación de los niños en los colegios, a las denuncias falsas sobre violencia doméstica…

Los insultos habituales del Imperio Progre para silenciar a quienes se les resisten, como “machista” y “racista”, están perdiendo efecto

Estamos, pues, ante un cambio radical. Por un lado, se demuestra que es falso el consenso creado por la partitocracia y la Prensa ‘de Kalidá’ sobre muchos asuntos. Y por otro lado, se comprueba que los insultos que contiene el manual de debate de cualquier izquierdista para acallar a todo el que se sitúe a su derecha, los de “machista”, “racista”, “xenófobo”, “neoliberal”, “franquista” y “homófobo”, ya no amedrentan a los destinatarios. También ha dejado de tener efecto la monserga del ‘voto útil’, con la que el PP ha mantenido en su corral a millones de votantes.

Es de esperar que a partir de ahora sigan saliendo del armario del silencio más españoles que se atrevan a decir ‘no’ al Imperio Progre.

Los pocos columnistas de izquierdas que no están hiperventilando destacan como causa principal de la derrota de su bando los seis puntos que han aumentado la abstención, el voto en blanco y el voto nulo, que suponen habrían ido íntegros a los rojos y los morados. Curiosamente, no mencionan como razones de esa desmovilización ni de la derrota factores como la personalidad de las dos candidatas, la corrupción, el juicio de los ERES, el paro (más de 815.000 desempleados inscritos en octubre), el fracaso escolar, la avalancha de inmigrantes ilegales, las leyes de memoria y de ideología de género… Pareciera que los votantes de izquierdas tienen que adherirse siempre a quienes los partidos les pongan en sus listas como si fueran robots.

Si Podemos y el PSOE pierden trece puntos y 680.000 electores en tres años, ¿qué estará pasando en Madrid, Asturias, Valencia y las Castillas?

Sin embargo, la desafección de los andaluces respecto a la izquierda es mucho más profunda. En las siete ciudades andaluzas más pobladas, que reúnen el 37% del censo, la suma de PSOE, Podemos e Izquierda Unida pierde entre 2015 y 2018 desde un mínimo de un 7,8% de votos en Granada y un 9,7% en Almería a un máximo de un 14% en Jerez y un 13% en Huelva. En la ciudad más populosa, Sevilla, las izquierdas bajan casi un 10%, más de 50.000 votantes.

En todos los casos anteriores, la caída de las izquierdas supera la suma del porcentaje de abstencionistas y votantes en blanco y nulo. Además, en esas siete ciudades, VOX supera su media regional del 11%, salvo en Huelva, donde queda por debajo del 10%.

En tres años, las derechas ganan 350.000 electores y quedan por delante de las izquierdas por más de 200.000 sufragios. En este mismo tiempo, PSOE y Podemos pierden 680.000 votantes. Si la izquierda retrocede de esta manera en su laboratorio, ¿qué estará pasando en Madrid, Asturias, Valencia y las Castillas?

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Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es 'Eternamente Franco' (Homo Legens).