Los españoles no somos africanos ni árabes

    Un estudio de ADN ha confirmado lo que los historiadores serios ya sabían: que los españoles tenemos muy poco de árabes o norteafricanos. El genoma se une a los documentos que demuestran que la España multirracial es una de las muchas trolas que circulan sobre nuestra esencia.

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    Susana Díaz, en un viaje oficial a Marruecos.
    Susana Díaz, en un viaje oficial a Marruecos.

    ¡Qué decepción, oiga! Resulta que los españoles no tenemos herencia africana ni árabe en nuestra sangre. Somos tan europeos como los franceses, los alemanes o los suizos. Oriol Junqueras y Gabriel Rufián no sólo comparten ideología, partido y sueldazo público, sino ADN.

    Un análisis de ADN del cromosoma Y, de transmisión patrilineal y presente solo en los varones, realizado por la Universidad de Granada entre 150 personas de las provincias de Almería, Granada y Málaga, que formaron parte del emirato nazarí, el único territorio de la Península Ibérica al que se le puede aplicar la frase de “800 años de presencia árabe”, muestra que la huella genética de árabes y africanos es inapreciable.

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    “Almerienses, granadinos y malagueños tienen tanto de africanos como los gallegos o castellanos” escribe el autor del reportaje en El País. ¡Pasmo en cientos de despachos! Para los partidarios de una inexistente España de las Tres Culturas inventada por Américo Castro; para los que odian el catolicismo y prefieren el islam, como Antonio Gala y Juan Goytisolo; para los políticos y funcionarios andaluces que construyen su ‘hecho diferencial’ sobre una al-Ándalus de cromo decimonónico; y para los nacionalistas vascos y catalanes que recurren al racismo de los ‘españoles africanos’ para apuntalar su separatismo.

    Los andaluces tienen tanto de africanos como los gallegos y los catalanes. Así que Oriol Junqueras y Gabriel Rufián no son diferentes

    Seamos claros: este análisis no descubre nada nuevo a los historiadores, a los serios, a los que se basan en documentos y otras pruebas. Ya se conocían los siguientes hechos.

    • La invasión de la España visigoda la realizan pocos árabes y bereberes. Éstos se imponen sobre la inmensa mayoría de la población nativa por su violencia despiadada y por la colaboración de parte de la oligarquía goda.
    • Debido a esta violencia y a un ordenamiento jurídico discriminatorio, muchos españoles se convierten al islam (muladíes) para escapar de los impuestos y la opresión. El régimen de los Omeya, que gobiernan desde el 756 al 1010, aproximadamente, era tan despótico que las sublevaciones de los cristianos (mozárabes), bereberes y muladíes son constantes.
    • Las sucesivas invasiones, de almorávides, almohades y benimerines, implican la venida de grupos de población africanos y también el exterminio y la deportación de los anteriores grupos dominantes a África.

    Los cristianos y judíos huyeron de al-Ándalus y a medida que avanzaba la Reconquista los musulmanes se encerraban en Granada o volvían a África

    • Las persecuciones y matanzas de los mozárabes y los judíos tienen como consecuencia conversiones y también huidas de población a los reinos cristianos. Éstos son los primeros refugiados españoles. En 1060 la comunidad de monjes del monasterio cordobés de San Zoilo se trasladó a Carrión con las reliquias de este santo.
    • A partir del siglo XIII, la reconquista de territorios, sobre todo en Andalucía, supone la marcha, en unas ocasiones voluntaria y en otras forzada, de población musulmana, que no quiere vivir bajo los españoles y sufrir una discriminación similar a la que aplicó a los mozárabes.
    • Los musulmanes árabes se creen una elite superior, por lo que no se mezclan con los nativos, a diferencia de los romanos o los españoles en América. Para ellos, las mujeres cristianas o judías son botín. Los musulmanes que se quedan (mudéjares) también mantienen la endogamia.

    El Diccionario confirma la escasa influencia de lo árabe también en la lengua española: menos de 2.000 palabras, casi todas en desuso

    Sabemos perfectamente que Sevilla, una vez tomada por Fernando III el Santo (1248), quedó vacía. Esta ciudad y otras andaluzas se repoblaron con españoles venidos de Castilla, León, Navarra y Aragón, y también con europeos. Los historiadores disponen de los libros de repartimientos y de otros documentos para probarlo. Por tanto, ya se sabía que los andaluces son descendientes de asturianos, gallegos y vascos, no de magrebíes.

    Si dejamos los archivos, llenos de polvo, y acudimos al diccionario, la huella árabe es también minúscula, aunque algo mayor. La 22ª edición de diccionario de la RAE incluye información etimológica de 45.310 palabras. El 93,5% de ellas proviene de lenguas indoeuropeas. 38.463 tienen origen en el latín o en las lenguas romance (francés, italiano); 1.993 vienen del griego; 579 del inglés; 1.371, de los idiomas amerindios… Del árabe sólo 1.196. ¡Menos del 2,7%! Y la gran mayoría apenas se usa.

    El estrecho de Gibraltar forma un profundo foso, no sólo geográfico, sino también cultural

    Si en los últimos 50 años estos hechos se han ocultado por ciertos sectores de los ‘científicos sociales’ se debe a motivos ideológicos. Porque interesa presentar una Andalucía con huellas árabes y africanas, en la que el cristianismo sea una religión ajena, triunfadora solo mediante la fuerza. También, para fomentar la apología del vencido y así crear una legión de agraviados que recibirían sus subvenciones. Y, no menos importante, inculcar sentimientos a la vez de culpa y de hermanamiento con las poblaciones al otro lado del estrecho de Gibraltar, que, como vemos, no es un foso solo geográfico, cultural y religioso.

    Ojalá (palabra de origen árabe, por cierto) esta investigación genética contribuya a disipar las trolas con que el Poder alela a los españoles y les oscurece su verdadera historia: España es Europa y fue la salvadora de su civilización.

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    Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es 'Eternamente Franco' (Homo Legens).