Leopoldo López
Leopoldo López saluda desde su casa en Caracas este sábado 8 de julio, poco después de salir de la prisión militar de Ramo Verde para cumplir arresto domiciliario. (Fotografía: Miguel Gutiérrez / EFE)

Se han cumplido cien días de protestas en la calle. El recuento de las víctimas de la represión chavista sobrepasa los noventa.

Y con motivo de la centena, la oposición ha convocado un “trancazo”, una demostración de la fuerza del número y de la razón frente al argumento de las balas.

Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.

Haz un donativo ahora

El chavismo ha excarcelado a Leopoldo López, su bestia negra. El régimen lo ha encarcelado durante tres años, cuatro meses y 19 días en una prisión militar. Fue acusado de convocar una manifestación contra el gobierno.

Y pasó por una farsa de juicio, tal como reconoció el fiscal, arrepentido y huido del chavismo, y que sólo satisfaría los estándares éticos de un comité de Podemos o de la Mara Salvatrucha.

Ahora le encierra en su propia casa, en la compañía de su familia y sus amigos, y lejos de los torturadores de Ramo Verde.

Los dos hechos guardan relación. Los venezolanos han tomado la decisión, en ocasiones desesperada, de miles y miles de venezolanos, de salir a la calle. Claman por el fin de la dictadura en la política, que les impide expresarse libremente, y en la economía, que les impide ganarse la vida y les lleva a la miseria.

Sin esa determinación por sacudirse el socialismo, el club de sátrapas que llamamos la comunidad internacional estaría en su cómoda complacencia con la injusticia.

Una vez en la cárcel, las opciones que tenía en su mano era crear su propio Mandela, si López mantenía su ánimo, o acabar con su vida

No están claros los motivos por los que el régimen ha abierto la mano que oprimía a Leopoldo López. El día que lo encarceló sacó de las calles al principal líder de la oposición, aunque el título se lo lleve Henrique Capriles. Y se quitó muchos problemas. Pero se creó otros.

Una vez en la cárcel, las opciones que tenía en su mano era crear su propio Mandela, si López mantenía su ánimo, o acabar con su vida y despertar la falsa indignación de los dirigentes internacionales.

O podía soltarlo, como ha hecho. Pero tampoco es una buena opción. El castrochavismo viste de magnanimidad un menor escarnio sobre López. No hay nadie con un mínimo de fibra moral que trague con eso. De modo que es símbolo de debilidad.

Lo ha hecho porque se ha visto obligado a ceder. La cuestión es ante quién. No es el caso de José Luis Rodríguez Zapatero, marioneta del narcoestado venezolano y vergüenza del pueblo español.

Los arrabales de la mediática de Trump dejan caer que éste habló con Putin y que fue la presión del autócrata ruso la que obligó a sacar a Leopoldo López de la cárcel. Sea Trum Putin o no, si ha sido la presión ejercida desde fuera lo que le ha llevado a torcer el brazo. Y eso quiere decir que es vulnerable.

La situación del régimen es desesperada desde las mismas elecciones de 2013, en las que el chavismo decidió, contra grandes evidencias, que había ganado las elecciones.

Su política ha hundido la economía, lo cual hace que se rompan las costuras de la malla de apoyos al régimen. Las elecciones legislativas demostraron que no tiene el apoyo popular, y era seguro que lo poco de democrático que tiene su (c)onstitución acabaría por sacarles del poder.

El proceso constituyente significa la destrucción de lo que aún tiene el país de democrático, y que representa la Asamblea Nacional

De modo que están creando, desde el gobierno, sin contar con la oposición ni con nadie que no sean ellos mismos, un nuevo Parlamento. Dicen que han puesto en marcha un proceso constituyente, un sintagma sin contenido real que significa exactamente lo contrario: la destrucción de lo que aún tiene el país de democrático, y que representa la Asamblea Nacional.

El nuevo parlamento tendrá como base el apoyo de los grupos sociales que son favorables al chavismo. El Juan Palomo de la política, que es la aplicación precisa de las ideas de Podemos.

Se habla mucho de cómo Podemos intercambió dólares por consejos al chavismo sobre cómo convertirse en una dictadura plena, pero no se habla lo suficiente de cómo quiere llevar sus propias ideas en España. El objetivo de Podemos es, también, cambiar la Constitución desde el poder.

No por los medios previstos en la propia ley fundamental, sino por medio de un referéndum. Está claro que no cuenta con el apoyo mayoritario de la sociedad española, pero eso podría no ser un obstáculo si logra que ésta esté muy dividida por algún conflicto.

El paro se le agota como argumento a un ritmo vertiginoso. Las calles son seguras. La Policía es eficaz y no permite un atentado yihadista, por el momento. La Ley de Memoria Histórica no da más de sí.

¿Qué queda? La secesión de Cataluña. Es su oportunidad para dividir a lo que quede de España, ocupar el poder con el concurso del PSOE, y cambiar desde el mismo la Constitución vía referéndum. Y eternizarse en el poder.

Lo que ocurra en Venezuela tiene la máxima importancia sin necesidad de salir de las fronteras del país. Pero para nosotros tiene una significación especial, porque vemos en aquél país los peligros que, taimados, acechan al nuestro.

Comentarios

Comentarios

Compartir
José Carlos Rodríguez es periodista. Forma parte del equipo de ProducciONE, pero en otra vida ha sido redactor jefe de Internacional de La Gaceta, y ha trabajado en la prensa digital en medios como Factual.es, elimparcial.es y libertaddigital.com. También ha colaborado con el semanario Alba, Expresión Económica, La Ilustración Liberal, La Gaceta de los Negocios o la agencia APIE, entre otros.