LincoIn vampiro
LincoIn vampiro
A ver si lo entienden los timoratos, los de “no demos publicidad a estos chiflados, que es lo que quieren”: la censura y la manipulación de la corrección política no se detienen ante nada.

Ya no son sólo las estatuas del general Lee, Cristóbal Colón y fray Junípero Serra, los retratos de hombres barbudos en el King’s College de Londres, o los viejos escritores blancos en Yale. Ahora le toca a la película Lo que el viento se llevó. Porque no expone con suficiente énfasis el dolor de los esclavos negros, dicen.

Dentro de poco le tocará a la ‘Guerra de las Galaxias’, porque el ejército Imperial no respeta la diversidad: no hay mujeres, ni negros, ni orientales, ni homosexuales, ni bajos, ni gordos, ni…
Vamos, como las Waffen-SS. Al menos entre los rebeldes había representantes de distintas formas de vida, como un calamar que encima era almirante.
Sinceramente, basta ver ‘Lo que el viento se llevó’ y situarse en 1861, año en que comienza la trama, o 1939, año del estreno, para darse cuenta de que la película era ‘subversiva’: una mujer que hacía lo que le daba la gana, fuese para conseguir al hombre que deseaba o para salvar su finca.

En Francia, España, Turquía y Finlandia ‘Lo que el viento se llevó’ se estrenó en 1950, diez años después de su primer pase

Sensacional la escena del baile en que la enlutada Escarlata O’Hara acepta bailar con el capitán Rhett Butler y turbadora aquella en la jura por Dios que está dispuesta a robar y matar para no pasar hambre.
Lo que el viento se llevó
Lo que el viento se llevó
Y algo sospechoso encontrarían en la película censores de todo el mundo para prohibir su estreno o alterar sus diálogos, fuesen el ataque a la moral establecida, el fomento del imperialismo cultural norteamericano o la amenaza al cine local.
En Francia, España, Turquía y Finlandia se estrenó en 1950, diez años después de su primer pase, y en la URSS en 1990.
Propongo que para reeducar a las nuevas generaciones y así aumentar los reclutas de las hordas ‘antifascistas’ que van apaleando gente por los campus universitarios, hagan obligatorio el visionado en la escuela de una de las películas más espantosas que he visto: ‘Abraham Lincoln, cazador de vampiros’.
El joven Abraham es una víctima de los vampiros, ya que uno de éstos mata a su madre. En su juventud se hace amigo de otro vampiro-bueno (los vampiros pueden rehabilitarse, a diferencia de los varones condenados por algún tipo de ‘violencia de género’, como el pobre Francesco Arcuri), que le adiestra para cazarlos.
En su entrenamiento, Abraham acaba desarrollando una especie de superpoder: una fuerza descomunal para manejar su arma, un hacha con la hoja bañada en plata para despedazar vampiros.
Abraham Lincoln, expresidente de Estado Unidos.
En la búsqueda del jefe de los vampiros, viaja desde su Illinois natal hasta un lugar innominado en el Sur y allí descubre que los vampiros usan a los esclavos negros para saciar su sed de sangre.
Y si le parece poco, amigo lector, espere a la siguiente parte de la película. Cuando Lincoln gana las elecciones y estalla la guerra civil, Jefferson Davis, el presidente de los Estados Confederados del Sur, firma una alianza con el jefe de los vampiros (el actor Rufus Sewell, que aporta su personaje el inglés elegante de los británicos).
De este modo, los vampiros combaten con los esclavistas contra la Unión para seguir teniendo negros a los que explotar, ya como mano de obra, ya como alimento.
Es decir, los sudistas son despreciables no sólo porque querían mantener la esclavitud, sino, además, porque pactaron con vampiros. ¡Y que todavía haya gente que se opone a que se exhumen sus restos y se aventen! ¡Cuánto supremacista y negacionista del cambio climático hay que erradicar del planeta! 
El sudista con cara de vampiro
El sudista con cara de vampiro

Tiene un mensaje parecido a otra perla del cine, ‘Los surferos nazis deben morir’

No me diga que no es una historia tan buena como la de la familia real británica como extraterrestres reptilianos! Incluso la actriz Helen Mirren lo confirmó, oiga: Son como extraterrestres, porque no hacen cola para nada.
Dejando de lado los efectos especiales y limitándome al guión, ‘Abraham Lincoln, cazador de vampiros’ es una película mala como pocas de las que he visto.

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Sin embargo, tiene un mensaje parecido a otra perla del cine, ‘Los surferos nazis deben morir’, adecuado para una época que considera que los paneles de madera son intimidantes para “las minorías”. Una época realmente idiota.

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Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es Lecciones de España, en versión digital: http://www.editorialmanuscritos.com/Lecciones-de-Espana.