Hasta ahora, los caudillos bolivarianos contaban sus elecciones por victorias. El único tropiezo fue el referéndum que hizo en 2007 en Venezuela Hugo Chávez para asegurarse la reelección indefinida, pero se solucionó con una repetición en 2009 la que por fin salió el resultado que él quería. Pero eso ha empezado a cambiar.

En octubre de 2015, Daniel Scioli, el candidato peronista apoyado por Cristina Fernández de Kirchner perdió frente a Mauricio Macri la presidencia de Argentina. En diciembre, la oposición ganó dos tercios de los escaños de la Asamblea venezolana, suficientes para cambiar las leyes socialistas. Y en febrero en Bolivia Evo Morales, imbatido desde que en 2005 ganó la presidencia, perdió otro referéndum para levantar la prohibición de la Constitución a una nueva reelección, que le habría permitido gobernar hasta 2020.

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Chávez compró votos en la OEA y la ONU con sus programas de petróleo barato, como Petrocaribe

¿Cuáles son los motivos de estas derrotas después de años de victorias electorales y de dominio del discurso (ahora se dice relato)? El principal, sin duda, la caída de precio de las materias primas, sobre todo el petróleo, pero también el gas natural y la soja, los productos de exportación de esos países que llenaban las arcas de los populistas para pagar sus proyectos. Chávez compró votos en la OEA y la ONU con sus programas de petróleo barato, como Petrocaribe, cuando el barril rondaba los 100 dólares.

Otros son la corrupción, que ha crecido con esos Gobiernos que venían a eliminar las castas; la delincuencia desaforada (en 2015, en Venezuela se cometieron en torno a 28.000 homicidios, según recuentos privados, porque el Estado no da datos); el desabastecimiento (en Bolivia y en Venezuela faltan alimentos y en Argentina se corta la electricidad); la inflación; la mentira institucional (las fiscalías denuncian a los periodistas que publican datos de inflación, homicidios o paro que no son los oficiales); la persecución de los molestos para el poder (el asesinato del fiscal Alberto Nisman en Argentina, el encarcelamiento de Leopoldo López y Antonio Ledezma en Venezuela y los procesamientos por terrorismo a dirigentes de Santa Cruz); el uso de bandas de la porra contra los ciudadanos; la incompetencia (Venezuela y Argentina han pasado a importar petróleo en vez de exportarlo); etcétera.

El único líder del ‘socialismo del siglo XXI’ con perspectivas de eternizarse es el sandinista Daniel Ortega (presidente de Nicaragua desde 2007 y entre 1985 y 1990), que consiguió que el Tribunal Supremo eliminara todo límite a la reelección y que cuenta con apoyo mayoritario, según las encuestas, para las elecciones de diciembre. El último de los bolivarianos, Rafael Correa, presidente de Ecuador desde 2007 a 2017, no puede presentarse a un nuevo mandato.

Las oposiciones deben unirse en candidatos y programas únicos, olvidando intereses personales

Las derrotas de Maduro, Kirchner y Morales revelan que, pese a los años que han tenido éstos para moldear las sociedades a su antojo, pese a la manipulación de los medios de comunicación, pese a la imposición de directrices ideológicas en la enseñanza, pese al empobrecimiento y la dependencia causada por los subsidios, pese a los insultos a los que no aplauden al líder supremo, pese a la superioridad moral de la nueva oligarquía, los pueblos se acaban cansando de mentiras, abusos, amenazas y pobreza. Otra conclusión es que las oposiciones deben unirse en candidatos y programas únicos, olvidando intereses personales.

Quizás estas lecciones nos las tengamos que aprender en España, el único país de habla hispana donde la marea del populismo está ahora en su flujo.

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Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es 'Eternamente Franco' (Homo Legens).