Manteros en Barcelona
Manteros en Barcelona

Si la coherencia fuera una persona, hace tiempo que estaría en la cárcel por ‘delito de odio’. Nuestra sociedad llorona, quejica y sentimental no puede admitirla. Con ella, se acaba la juerga.

Por ejemplo, hace unas semanas el recién llegado a la Moncloa permitió que el ferry de George Soros llamado Aquarius atracase en Valencia para descargar a 600 africanos; ahora, el mismo barco solicita el mismo permiso en las mismas circunstancias y el mismo Gobierno español le contesta que hay otros puertos más cercanos aparte de los españoles. ¿Por qué antes sí y ahora no o por qué antes no y ahora sí? La respuesta es la televisión.

Barco de rescate 'Aquarius'
Una imagen difundida por ‘Médicos sin Fronteras’ retrata a un joven pasajero a bordo del ‘Aquarius’, el barco de rescate de la ONG francesa ‘SOS Mediterranee’, que ha llegado al puerto de Valencia, en España.– Fotografía: ‘Médicos sin Fronteras’ / EPA

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Igual que las primeras imágenes que se dejaron tomar hace tres años los ‘alcaldes del cambio’ en su primer día de servicio a la gente: Manuela Carmena yendo a su despacho en metro y Joan Ribó haciendo otro tanto en bicicleta. Los dos rodeados de fotógrafos y asesores, y los medios de comunicación de la derechita participando en esa campaña de imagen.

Ahora que los manteros, siempre que sean africanos negros altos y jóvenes, están tomando las calles más concurridas de las principales ciudades españolas impunemente, merece la pena recordar lo que decían de ellos los voceros del Imperio Progre hace sólo unos diez años.

Hace diez años, los progres pedían el encarcelamiento de los manteros por ‘robar’ a los artistas españoles y la derecha decía que compraba en el ‘top manta’

Entonces, los cantantes y los actores españoles clamaban que el ‘top manta’ les estaba arruinando y que el Gobierno, su Gobierno (eran los años de Zapatero), tenía que protegerles. Miguel Bosé, señalado por Hacienda como defraudador, declaró: “Cuando veo a un mantero con mis discos, tiro de la manta y llamo a la Policía. Me está robando. Es que es ilegal”. Y sus deseos se cumplieron: se modificó el Código Penal y se lanzaron campañas publicitarias. Hasta el Ayuntamiento de Madrid, gobernado entonces por el PP más acomplejado, anunció que la Policía Municipal identificaría a los compradores y luego se les llamaría como testigos en los juicios contra los manteros.

Ada Colau , alcaldesa de Barcelona / EFE.
Ada Colau , alcaldesa de Barcelona / EFE.

De manera paradójica, entonces la derecha usaba el ‘top manta’ para vengarse de los titiriteros, ya que las Concha Velasco, las Ana Belén, los Bosé, los Serrat y los Almodóvar eran los ‘panzers’ de Zapatero, con esa campaña tan cursi de ‘Defender la alegría’. “¿Me hacéis pagar con mis impuestos vuestras películas, vuestros ‘goyas’ y vuestros festivales? Pues hala, digo que compro vuestros DVD en la calle Preciados”. Porque, seamos sinceros, no sé de nadie que quiera escuchar al joven Miguel Ríos y ver películas de Pilar Bardem.

Entonces, perseguir a los manteros y pedir su encarcelamiento no era facha, ni racista, ni xenófobo, sino progresista. En EEUU gobernaba Obama, que fue el presidente que maś indocumentados ha expulsado de su país, más de 2,7 millones, y no Trump.

Pero el tiempo pasa, los intereses cambian y la hemeroteca se olvida. Ahora los manteros se han convertido en la vanguardia de la revolución y, por tanto, reciben la protección de Ada Colau, de Carmena y de todos los alcaldes morados y socialistas.

La dejadez gubernativa ante la inmigración y la venta ambulante ilegales es parte de una estrategia para seguir empobreciendo a la sociedad

Para legitimar la dejadez municipal, los tertulianos recurren al mismo discurso que usaron con el Aquarius: “Son los más pobres entre los pobres”, “De algo tienen que vivir”, “¿Preferís que roben?”, “Necesitamos inmigrantes (ahora se les llama migrantes) para pagar las pensiones”, “Para luchar contra la pobreza hay que hacer que Amancio Ortega pague más impuestos”, “Los españoles también emigramos (sobre todo los que pontifican, ¿verdad?)”…

Ada Colau (alcaldesa de Barcelona) y Manuela Carmena (alcaldesa de Madrid)/Fuente EFE.

Algunos recuerdan a los ‘camellos’ que vendían droga en los años 80 y piden que no se les persiga a  ellos, también víctimas, sino a los falsificadores, en su imaginación ‘los ricos’. Sin embargo, hace unos días, el portavoz del Sindicato de Manteros (¡una actividad ilegal realizada por inmigrantes sin permiso de residencia ni trabajo con sindicato!) afirmó que ellos no son el último eslabón de una cadena de delincuencia, sino que compran sus productos en polígonos. Entonces, ¿son empresarios?

Rubén Sánchez, portavoz de FACUA, escribió el 10 de agosto este tuit: “Me escriben pidiéndome que recomiende no comprar productos a los manteros. Ojalá tuvieran un ápice de solidaridad y empatía con personas que no encuentran otra forma de ganarse la vida. A los que explotan y defraudan es a los que no deberíamos comprar. Ni votar a sus lacayos”.

Durante la Revolución bolchevique, los rojos celebraban la inflación porque destruía la propiedad y la moral de los burgueses

Es decir, el jefe de una asociación de consumidores no desaprueba una actividad ilegal, que destruye empleo del que cotiza a la Seguridad Social, que perjudica a los fabricantes y los comerciantes y que deja indefenso al consumidor ante productos incluso dañinos.

¿Por qué? ¿Por ‘solidaridad’, esa palabra cada vez más degradada bajo la que se amparan irresponsables y canallas? No, porque la ‘nueva izquierda’, que es muy vieja, necesita empobrecer a los españoles para que éstos acepten sus recetas de mayor control, de confiscación de la propiedad, de más impuestos… Es decir, de un Estado cada vez más poderoso y que disponga de la vida y la propiedad de sus súbditos.

No es nada nuevo. Mientras rugía la guerra civil en Rusia, los bolcheviques celebraban la inflación, porque ésta destruía no sólo los ahorros y los bienes de sus enemigos, sino, además, hasta la familia y la moral tradicionales. El proceso trató de repetirse en el Chile de Salvador Allende.

¿Cuántos de los comerciantes y vecinos que hoy se quejan de los manteros y de la delincuencia votaron a los alcaldes ‘del cambio’ y a sus aliados?

La manta, o mejor dicho, el fomento de la venta ambulante ilegal tiene varias ventajas para esta izquierda enloquecida. Por un lado, dará la puntilla a miles de pequeños comerciantes ya asfixiados por la fiscalidad y las regulaciones (en lo que coinciden tanto el PP y los separatistas burgueses ‘bizkaitarras’ y catalanes como la izquierda); y, por otro lado, acostumbra a las personas a una vida cutre, de aparentar lo que no se tiene y de enfrentamiento, dentro de la clase que paga impuestos, por unos euros. Se creará así una sociedad en la que todos se quejarán de ser mal pagados, mientras pretenderán comprar viajes y bolsos ‘de marca’ por cuatro duros.

Entre las moralejas de este asunto destaca la de que el voto siempre tiene consecuencias en la vida cotidiana. ¿Cuántos de los comerciantes arruinados por los manteros en Barcelona y de los vecinos amedrentados por la pequeña delincuencia votaron en las elecciones de 2015 la lista de Colau o la de quienes la convirtieron en alcaldesa, o sea, las de ERC y el PSC? Es lo mismo que preguntarse cuántos de los venezolanos que hoy pasan hambre, carecen de medicinas o han sufrido la aterradora delincuencia votaron a Hugo Chávez. Pues ya lo saben: hay elecciones en mayo.

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Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es 'Eternamente Franco' (Homo Legens).