El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y el presidente de la Generalitat, Joaquim Torra.
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y el presidente de la Generalitat, Joaquim Torra.

“Espero que al artículo 155 le queden pocas horas”, ha dicho un destacado político catalán procedente de un partido nacionalista. Esas palabras han precedido a otras en las que, a la vista de que habrá nuevo presidente autonómico en Cataluña, ha sentenciado que la legalidad ha vuelto a aquella región. El dueño de estas palabras no es otro que el delegado del Gobierno en Cataluña, Enric Millo. Millo ha defendido el recurso del gobierno, aprobado por el Senado, al artículo 155 de la Constitución porque con él la situación ha mejorado. Ha vuelto según él a la normalidad. A la legalidad.

De modo que aplicar un artículo de la Constitución como medio para evitar no ya un golpe de Estado, sino la quiebra del sujeto político que es fuente de esa norma y de todo el ordenamiento jurídico, y de todas las instituciones, supone estar en una situación de anormalidad jurídica. Y que se apruebe un presidente de la Generalidad designado por un prófugo y que ha declarado que continuará con sus objetivos contrarios a la ley y a la continuación histórica de España es restituir la legalidad.

Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.

Haz un donativo ahora

Vamos a tener a Quim Torra como presidente de la Generalidad por delegación de Carles Puigdemont, quien a su vez es presidente por delegación de Artur Mas, el hereu designado por Jordi Pujol. A medida que avanza el movimiento secesionista de la extinta CiU, el encargado de liderarlo es cada vez más friki. No sabemos si es la nobleza del nacionalismo catalán o la del mismo pueblo la que se muestra en esta cobardía. Según se acerca el momento decisivo, pasan la antocha a personajes cuya virtud es que tienen un fanatismo lo suficientemente furibundo como para sobreponerse a la natural cobardía del nacionalismo catalán. Hemos visto a los dirigentes del proceso retractarse y mentir ante los jueces con tal de salvar el pellejo. Les hemos visto huir de la aplicación de la ley. No les ha importado “traicionar” su proyecto político, con honrosas excepciones. Y su grey, fanatizada, innoble, les aplaude.

Lo que distingue a Torra de otros nacionalistas catalanes es que dice en público lo que muchos musitan en privado. Ellos, los catalanes, no son como los demás. Pertenecen a una cepa de la humanidad que descuella sobre el resto, y cuyas virtudes morales y culturales, cimentadas sobre una base racial superior, asombran a quien tenga la inteligencia suficiente como para poder percibirlas. El supremacismo catalán, lo que habitualmente llamamos nacionalismo catalán, se enfrenta a una insuperable contradicción que, por el motivo que fuera, ningún científico o historiador racista catalán ha sabido superar o explicar. Y es cómo un pueblo tan superior al español ha podido ser sometido por él durante siglos, casi durante milenios.

La respuesta no está en el genio político nacionalista, ni en la justicia de su causa, sino en la mezquindad del gobierno del PP, del Partido Socialista Obrero Español, de Podemos

Cabe decir que nosotros nos enfrentamos a una contradicción casi igual. ¿Cómo es posible que un movimiento ilegal, que tenía un apoyo marginal hasta hace lustro y medio, que pretende nada menos que romper España, que está comandado por un conjunto de corruptos y cobardes, que tiene en frente a media sociedad catalana que no quiere dejar de ser lo que son, tenga visos de salir adelante? La respuesta no está en el genio político nacionalista, ni en la justicia de su causa, sino en la mezquindad del gobierno del PP, del Partido Socialista Obrero Español, de Podemos. Y, digámoslo claramente, de una parte no desdeñable del electorado que los sustenta.

Enric Millo, que formaba parte de la clase política que ha prosperado personalmente gracias a esa simbiosis entre nacionalismo y cleptomanía, es el perfecto ejemplo de la posición del gobierno liderado por Mariano Rajoy. El mismo gobierno que permite y alienta un fin de ETA victorioso para la banda, coge con pinzas la Constitución por el 155 para no mancharse, y está deseando volver a la vieja política de los entendimientos a puerta cerrada, para llegar a acuerdos que funcionen hasta las próximas elecciones, encajen o no en la legalidad.

El problema no es Quim Torras; es la dejación sistemática de este gobierno y de sus antecesores de España, de los españoles, de sus derechos, y de su defensa. Por ese motivo, antes de que nos defraude como todos los partidos, Ciudadanos sube en las encuestas mientras que PSOE y PP languidecen, a la espera de saber si la Historia de España, con suerte, los borrará antes de que ella misma sea cosa del pasado.

Comentarios

Comentarios