De Marx, ni el capital ni el cardenal

    El cardenal Marx dice haber leído a Marx y lo considera padre de la Doctrina Social. No es sólo una patada a los millones de víctimas del comunismo, sino a los fieles y sacerdotes que desde el siglo XIX lucharon en favor de las clases más pobres y propusieron alternativas, que han funcionado, como la Economía Social de Mercado.

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    Las autoridades destapan la escultura de Karl Marx.
    Las autoridades destapan la escultura de Karl Marx.

    Todo queda entre alemanes, incluso el olvido. En vísperas del 200 aniversario del nacimiento de Karl Marx, el cardenal Reinhard Marx afirmó que había leído su famosa obra, El capital, lo separó de los crímenes y las tiranías cometidas en su nombre en el siglo XX y afirmó que la Doctrina Social de la Iglesia se inspiraba en él.

    Mal está que un cardenal mienta, y encima para quedar a buenas con el Mundo, ese enemigo del alma. Pero mucho peor es que prefiera a un ateo, partidario de la violencia y enemigo de la humanidad, antes que a los laicos y clérigos católicos que, de verdad, mejoraron la condición de los obreros.

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    El presidente de la Conferencia Episcopal alemana ha aceptado la consigna socialista que pretende disculpar a Marx, y a Lenin, y a Stalin, diciendo que si en Europa y EE.UU. se desarrolló el Estado de Bienestar fue por miedo a la URSS. En consecuencia el comunismo fue bueno porque obligó a los egoístas capitalistas occidentales y a sus títeres políticos a repartir sus beneficios injustos con las masas obreras.

    El cardenal Marx ha olvidado a los católicos que desde el siglo XIX lucharon por la dignidad y el bienestar de los obreros y los campesinos

    Y no es así. Las soluciones a las desigualdades creadas por un capitalismo desaforado son anteriores a la revolución bolchevique de 1917.

    El primer sistema de pensiones públicas lo estableció el canciller Bismarck en Alemania, pocos años antes de que Lenin se convirtiera en un señorito rentista.

    En España, los Gobiernos conservadores de Francisco Silvela, Antonio Maura y Eduardo Dato aprobaron desde 1900 varias reformas favorables a la clase obrera, como el Instituto de Reformas Sociales y la ley del descanso dominical. La ley de la silla, que obligaba a los patronos a permitir el descanso de las mujeres, la promulgó el Gobierno del liberal Canalejas en 1912.

    A pesar de estas medidas protectoras, el terrorismo de izquierdas fue muy activo en España y asesinó, entre otros, a Dato y Canalejas, así como trató de matar a Maura. A los revolucionarios, no les interesaba que los obreros mejorasen su vida, sino que se mantuviesen pobres, para contar con carne de cañón para las barricadas.

    El ‘socialismo científico’ no ha mejorado nunca la vida de los obreros, sino que ha matado a millones de ellos, sea de hambre, de agotamiento o de balazos

    Lenin bramó contra el primer ministro ruso Piotr Stolypin (1906-1911), iniciador de una sabia reforma agraria, que daba tierras a los campesinos y préstamos a bajo interés para la compra de animales y aperos. En cuanto tomaron el poder, los comunistas derogaron sus leyes y colectivizaron por la violencia la tierra y las granjas.

    En Francia, diputados católicos, muchos de ellos monárquicos, propusieron numerosas medidas sociales, como la festividad del domingo, la limitación de la jornada laboral, la prohibición del trabajo a los niños, el salario mínimo, la creación de seguros de enfermedad y jubilación…

    La casta burguesa que controlaba la III República (definida por Josep Pla como «una dictadura policial permanente disimulada con una retórica humanitaria y vacua») las rechazó todas hasta entrado el siglo XX.

    Dos cristianos, Adenauer y Erhard, aplicaron en Alemania federal la Economía Social de Mercado, que permitió la recuperación del país.

    El gran legado del catolicismo social fructificó en la mutilada Alemania de posguerra.

    En ella, los derechistas y cristianos Konrad Adenauer (católico) y Ludwig Erhard (protestante) aplicaron la Economía Social de Mercado, un programa que dirigió la recuperación económica del país.

    Cuando Adenauer fue elegido canciller en 1949 y nombró a Erhard ministro, se mantenía el racionamiento, la industria estaba siendo desmantelada por los Aliados y la moneda no tenía valor. En menos de una década, la RFA volvió a ser un país pujante, con pleno empleo, y el marco se convirtió en una divisa más estable que la libra.

    Ludwig Erhard (en la imagen) fue uno de los impulsores de la Economía Social de Mercado junto a Konrad Adenauer.
    Ludwig Erhard (en la imagen) fue uno de los impulsores de la Economía Social de Mercado junto a Konrad Adenauer.

    Erhard pertenecía al movimiento del Ordo-Liberalismo y a la Escuela de Friburgo, en la que había sacerdotes católicos.

    Para la Economía Social de Mercado son principios fundamentales la propiedad privada y la libertad personal. El Estado interviene para mantener una moneda sana, un régimen libre de precios y de competencia, y una fiscalidad que no desanime ni la actividad económica ni la inversión, sea ésta individual o corporativa. El Estado también interviene en las relaciones laborales, fomentando el pacto entre los empresarios y los sindicatos.

    La Economía Social de Mercado se basaba en sueldos altos para los trabajadores, de modo que pudiesen ahorrar y comprar los productos que fabricaban

    El doctor Rudolf Vogel, subsecretario de Hacienda alemán, vino a España en mayo de 1968 a explicar su modelo económico. El diario Pueblo publicó una crónica de la conferencia que dio. El titular fue: “El boom alemán empezó por los salarios obreros”.

    Vogel destacó que, desde 1950, las autoridades estatales, el empresariado y los sindicatos alemanes, fomentaron el ahorro, que coincide con “el crecimiento de los ingresos obreros, que pasaron de 35.000 millones de pesetas, en ese año, a 611.000 millones en 1967”. La crónica destaca que en dicho año, los salarios de los trabajadores alemanes eran los más altos del mundo, por delante de los de Estados Unidos.

    Cuando Adenauer fue elegido canciller en 1949 se mantenía el racionamiento, la industria estaba siendo desmantelada por los Aliados y la moneda no tenía valor. En menos de una década, la RFA volvió a ser un país pujante.
    Cuando Adenauer fue elegido canciller en 1949 se mantenía el racionamiento, la industria estaba siendo desmantelada por los Aliados y la moneda no tenía valor. En menos de una década, la RFA volvió a ser un país pujante.

    De esta manera, los obreros alemanes podían ahorrar, comprar los productos que fabricaban (electrodomésticos, automóviles…) y hasta les sobraba para venir de vacaciones a España. Así, los obreros financiaban y apoyaban el crecimiento de la industria nacional, que contaba con un colchón para la venta.

    Otra de las fórmulas de Vogel, confirmada por el tiempo, fue la siguiente: «Para el futuro industrial de un país es infinitamente más importante en la actualidad el capital invertido en investigación y educación que la obtención de materias primas».

    Las primeras pensiones públicas las aprobó Bismarck en Alemania, y en España Maura y Canalejas introdujeron la obligación del descanso dominical y la protección a niños y mujeres

    Y aseguró algo que ya sabemos todos, salvo los chavistas y los peronistas: la posesión de materias primas es cada vez menos importante para el desarrollo de un país. Vogel citó a Suiza y Japón; y nosotros, en 2018, podemos colocar en el otro platillo de la balanza a Venezuela, donde la población muere de hambre y de falta medicamentos sobre un mar de petróleo.

    La Economía Social de Mercado funcionó hasta que la extensión del Estado de Bienestar por los socialdemócratas a toda la sociedad incluso a los recién llegados del extranjero, la crisis del petróleo y el invierno demográfico lo han convertido en insostenible.

    Colonia, arriba, después del régimen nacional-socialista y en la actualidad, abajo, sin socialismo.
    Colonia, arriba, después del régimen nacional-socialista y en la actualidad, abajo, sin socialismo.

    Pero es un modelo para recuperar, sobre todo frente al fracasado marxismo, ya que no causó ni la pobreza ni los genocidios del socialismo científico.

    A todos los anteriores, católicos o no, el clérigo Marx los olvida, tal como desea el Imperio Progre, que pretende borrar la obra de los cristianos de la política social y de la mejora del nivel de vida.

    Por favor, que alguien le mande al cardenal alemán un ejemplar del libro de Erhard, Wohlstand für alle (Bienestar para todos). No llega a las 300 páginas y eso sí se lo puede leer su eminencia.

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    Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es 'Eternamente Franco' (Homo Legens).