El tenista suizo Roger Federer con los premios Laureus 2018 a 'Deportista masculino del año' y 'Mejor reaparición del año'. / EFE
El tenista suizo Roger Federer con los premios Laureus 2018 a 'Deportista masculino del año' y 'Mejor reaparición del año'. / EFE

Los premios Laureus vienen a ser los Oscar del deporte. Aparte de méritos deportivos también se tienen en cuenta valores  como nobleza, afán de superación, tesón u honestidad. No es extraño, pues, que quien más veces se haya alzado con este galardón sea el tenista suizo Roger Federer. Tampoco que tipos como Karim Benzema o Gerard Piqué ni siquiera aspiren a algo cuya sola presencia mancillaría.

Los futbolistas son modelos a seguir por muchos niños. Esta referencia trasciende de lo meramente deportivo, por cuanto en la sociedad de la imagen un jugador de Barça, Madrid o Atlético es también lo que dice -o se dice de él- en redes sociales, lo que hace fuera del campo y lo que anuncia. En este sentido, y volviendo al tenis, es un hecho que cualquier padre querría que su hijo se pareciese a Rafa Nadal o al citado Roger Federer. Entre ambos se ha cimentado una gran amistad, fruto de una rivalidad tan enconada en lo deportivo como ejemplar en el respeto y la admiración que siempre se han profesado. Ejemplares, en suma, dentro y fuera de la cancha.

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Sin embargo, las cosas en el deporte rey van por otro camino. Habitualmente, el futbolista vive endiosado y mira por encima del hombro al común de los mortales. Lo dijo Ramón Calderón, ex presidente del Real Madrid durante una charla con universitarios: muchos jugadores suelen abandonar los estudios atraídos por fama, dinero y adulación, por lo que no es de extrañar que tanto su forma de expresarse como su indumentaria y comportamiento dejen bastante que desear. Es una generalización injusta -como casi todas-, aunque algo de verdad hay en ella.

“Magic Johnson, uno de los mejores jugadores de basket de la historia, tenía una máxima: ‘no te preguntes que pueden hacer tus compañeros por ti. Pregúntate que puedes hacer tú por tus compañeros'”

Karim Benzema juega en el Real Madrid. Su carrera, ya en franco declive, se sustenta más por las preferencias personales de Zidane y Florentino Pérez que por su valía presente. En lo extradeportivo, en cambio, sí que destaca. Ha frecuentado a prostitutas menores de edad, ha sido condenado varias veces por conducción temeraria, y en la actualidad la justicia francesa le investiga en relación al chantaje -con vídeo sexual de por medio- a un compañero de selección. Se deja ver con  amistades muy poco recomendables, y más de una vez ha hecho ostentación pública de riqueza y lujo.

El futbolista Karim Benzemá trata de llevarse un balón ante un rival del Getafe. /EFE
El futbolista Karim Benzemá trata de llevarse un balón ante un rival del Getafe. /EFE

En el Barça está Gerard Piqué. Su agit-prop en el horizonte digital es digno de estudio. Cuando no insulta o menosprecia, se dedica a hacer causa común con el independentismo catalán, al más puro estilo Guardiola. De sus malas maneras no se libran ni la guardia urbana de Barcelona -incidente plagado de improperios a altas horas de la madrugada- ni el directivo de la Federación Española de Fútbol al que escupió ante las cámaras durante la celebración del Mundial. Es el arquetipo de la mala educación y un verdadero experto en generar agrias polémicas.

Hay más casos y, afortunadamente, también buenos -Iker Casillas, Andrés Iniesta-. Magic Johnson, uno de los mejores jugadores de basket de la historia, tenía una máxima: “no te preguntes que pueden hacer tus compañeros por ti. Pregúntate que puedes hacer tú por tus compañeros”. Y es que se puede ser muy bueno en una disciplina concreta, pero para ser el mejor no basta con cualidades físicas; hay que tener también una buena escala de valores. Por eso gente como Roger Federer o Rafa Nadal siempre estarán un peldaño más arriba que otros con más ínfulas.

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