Metro de Madrid: Los ninos pagan, los perros no

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    Cristina Cifuentes posa con el responsable de la protectora de animales El Refugio / CAM
    Cristina Cifuentes posa con el responsable de la protectora de animales El Refugio / CAM

    Desde este miércoles, el Metro de Madrid admite entre sus viajeros a especímenes de canis lupus familiaris de todas las razas, siempre que lleven correa corta, luzcan bozal en sus fauces y ocupen el último vagón del convoy subterráneo.

    La Comunidad de Madrid ha vendido la idea de que así «se da respuesta a las reiteradas peticiones» de los dueños de perros y «se equipara al suburbano madrileño con otras compañías metropolitanas europeas donde ya se permite el acceso de las mascotas, como Bruselas, Londres, Lisboa o Berlín».

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    Los dueños de los canes, por cierto, no deberán abonar un céntimo por pasear a sus colegas de cuatro patas por los abovedados pasillos del Metro. Ni siquiera por las más que probables ocasiones en las que, faltos de raciocinio, los semovientes se desahoguen en cualquier esquina.

    No sucede así, sin embargo, con los ninos mayores de siete años, a los que se les supone un perfecto control de los esfínteres. Sin embargo, sí son requeridos por el Consorcio de Transportes para que se hagan, previo pago, con el título de transporte correspondiente a su edad y el trayecto elegido.

    La diferencia parece estribar, pues, en que los padres de los ninos pagan para no llevarles con correa ni bozal y poder hacerlo sin restricción de horarios o de vagón, como ocurre con los cuadrúpedos. Y en que es probable que no se hagan pis en las esquinas.

    Algún viandante poco avisado podría verse sorprendido por el agravio comparativo. Sin embargo, no hay motivo.

    No lo hay, cuando es conocido que Cristina Cifuentes, última responsable del suburbano, se ha revelado como ferviente partidaria del «sacrificio cero» de animales en las perreras, mientras que no de erradicar la lacra del aborto de ninos humanos.

    Ni tampoco, cuando se preocupó mucho antes en regalar abonos de transporte a ciudadanos transexuales que en aplicar beneficios para las familias numerosas en el Metro.

    Ya lo dijo don Alonso Quijano en su locura, a lomos de rocín flaco que no soñó con transporte suburbano posible: «Cosas veredes, Sancho».

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    Nicolás de Cárdenas fue inoculado por el virus del periodismo de día, en el colegio, donde cada mañana leía en su puerta que “la verdad os hará libres”. Y de noche, devorando los tebeos de Tintín. Ha arribado en su periplo profesional a puertos periodísticos de papel, internet, televisión así como a asociaciones cívicas. Aspira a morir diciendo: "He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe".