Retratos de Francisco Franco y Susana Grisso.
Retratos de Francisco Franco y Susana Grisso.

Cuando se hacía la Transición, que la hicieron los franquistas como el heredero de Franco a título de rey, Juan Carlos I, el último secretario general del partido único franquista, Adolfo Suárez, y el presidente de las Cortes franquistas, Torcuato Fernández Miranda, nos decían que íbamos a pasar de una dictadura donde existía una versión oficial de la historia de España y donde había asuntos de los que no se podía hablar a un régimen democrático en el que habría libertad para discutir sobre todo.

Cada vez está más claro que no es así. La hegemonía cultural de la izquierda enuncia una serie de asuntos que no se puede tocar más que con su manual de instrucciones, so pena de ser expulsado del grupo de los ‘discutidores legítimos’ y de los ‘creadores de opinión’. Por ejemplo, la maldad que encarna de Donald Trump, la bondad del aborto, de la eutanasia y del matrimonio homosexual, las maravillosas Unión Europea y autonomías…

Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.

Haz un donativo ahora

Las leyes de memoria histórica y de memoria democrática tienen como finalidad la de imponer la censura y castigar a los que la rompan

Cuando algunos decimos que las leyes de memoria histórica y de memoria democrática van a establecer censura sobre los hechos verdaderos de la II República, la guerra civil, el franquismo y la Transición, los creyentes en la moderación nos espetan que no exageremos, que no será para tanto y que lo importante es ganar dinero.

Hace unos pocos días tuvimos un ejemplo del futuro con el que sueñan los progres. Bertrand Ndongo, apodado por la ‘Prensa de Kalidá’ como “el negro de Vox”, estuvo en el programa de Susanna Griso en Antena 3 y allí barrió a los tertulianos que le reprochaban sus ideas y sus palabras, opuestas a las que, por su propio sectarismo, esperaban de un negro; a saber, que España es racista, que él padece discriminación y que sufre mucho.

Cuando Ndongo, que ya ha dicho que España es un magnífico país donde no hay racismo, dijo que “lo que no puede ser es que apoyemos a ciertos asesinos y luego a Franco le condenemos. Si decimos las cosas malas, también podemos decir las buenas”.

Si los consejos paternales de Susanna Griso a Bertrand Ndongo se los dijera un varón a una mujer, sería ‘mansplaining’

Entonces, la gobernanta Susanna Griso le cortó rauda:

“Te doy un consejo desde la edad. Tienes 30 años y llevas muy poco en España. Quién te manda a ti hablar sobre Franco ni por experiencia ni por edad. No tienes legitimidad para hacerlo tú.”

¿Lo ve, amigo lector? “Quién te manda a ti hablar sobre Franco…” ¿Has leído los libros citados?, ¿has visto las películas recomendadas?, ¿has estudiado en las universidades adecuadas?… En resumen, ¿tiene usted permiso para hablar de Franco (o de la esclavitud, o de la Reconquista)? El paso siguiente es la multa al infractor.

Si los consejos paternales de Griso a Ndongo se los dijera un varón a una mujer, sería mansplaining.

Si se los dijera un blanco a una negra, sería racismo.

Si se los dijera cualquier ser pensante a Gabriel Rufián, sería catalanofobia.

Pero una mujer empoderada puede ordenar callar a un varón, aunque sea negro.

¡Cosas de la sociedad multicultural!

En el imaginario de la izquierda, un camerunés no puede dar su opinión sobre el franquismo o España, pero sí una argentina como la monja Caram

Otras paradojas. Un camerunés no puede hablar del español Franco, pero sí argentinos como Lucía Caram, Gerardo Pisarello, Albano Dante Fachí y Pablo Echenique. Estos tienen permiso en vigor. Porque son de izquierdas y porque darán la versión de la banda.

Y si bien la edad es requisito indispensable que excluye a Ndongo, se le perdona a los treintañeros Irene Montero y Errejón. De acuerdo con esta regla, toda la historia tendría que ser contemporánea. Los egiptólogos y los medievalistas tendrían que desaparecer. Nadie podría hablar de Jerjes, Julio César, Hernán Cortés o la zarina Catalina.

Aunque bien pensado, si solo pudieran hablar del franquismo los mayores de setenta años yo estaría dispuesto a admitirlo. Así dejaríamos de escuchar estupideces y trolas, y quizás nos pudiéramos dedicar a otras cosas.

Comentarios

Comentarios

Compartir
Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es 'Eternamente Franco' (Homo Legens).