Ni Zapatero, ni Cifuentes: Franco fue el primer español que convirtió a una mujer en varón

    Ni Zapatero, ni Cifuentes: el honor de haber convertido por una firma en una papel oficial a una mujer en varón, sin operaciones quirúrgicas ni hormonas, sólo con la voluntad de alterar la naturaleza, le corresponde a Franco. La historia la cuenta el escritor José María Pemán.

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    El general Francisco Franco durante el Desfile de la Victoria.

    Lo cuenta Pemán en el libro Mis encuentros con Franco, publicado en 1976 y escrito con un precioso estilo –Pemán fue uno de los mejores y más entretenidos oradores del siglo XX-. Rebosa anécdotas.

    Por ejemplo, la de que el Consejo Nacional de FET de las JONS era un organismo que consistía en que sus miembros se reunían una vez al año para escuchar un discurso del aconsejado.

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    Y el comentario irreverente de Agustín de Foxá al nuncio que le explicaba por qué el Papa no apoyaba a los nacionales: “Me apunto al tiro de pichón”.

    En julio de 1940, Pemán pronunció un discurso en que sus elogios a José Calvo Sotelo fueron tales que los falangistas sintieron que se menospreciaba a su fundador, José Antonio Primo de Rivera, y consiguieron que se le despojase de la presidencia de la Academia Española.

    Un amigo suyo le dijo que si le habían destituido de la Academia de la Lengua por un discurso político, en caso de cometer faltas de sintaxis tendría que ser destituido del puesto de consejero nacional.

    Un relato de Pemán convierte al general Franco en un adelantado en el reconocimiento de las identidades de género

    Entre estos relatos se encuentra uno que convierte al general Franco en un adelantado en el reconocimiento de las identidades de género, ya en los años 20 del siglo pasado. Lo reproducimos tal cual:

    “Así, merendando una tarde en una finca del Puerto de Santa María, después de una cacería de perdices, contó (Franco) con regocijo este «sucedido». Alguien le había citado en la conversación la conocida frase tópica con que los ingleses exaltan la omnipotencia del Parlamento británico: el Parlamento puede hacerlo todo menos que un hombre se convierta en mujer.

    -Pues yo he podido-

    Era la voz del General Franco que ordinariamente, en la mesa, habla poco.

    Se hizo un silencio interrogante. Y Franco narró el episodio que repito ahora, aunque con nombre arbitrario, pues no recuerdo el verdadero que Franco nos dijo.

    -En uno de mis mandos del Tercio llevábamos como cantinera, cocinera, y costurera, a una chica que era listísima y bastante mona. Los legionarios la adoraban.

    En esto salió una orden general del Alto mando en la que se prohibía llevar ninguna mujer en las marchas de tropa. Era un problema difícil, pues los legionarios son fáciles para esperar y casi buscar la muerte, pero difíciles y exigentes para vivir la vida.

    Entonces decidí comunicar, en el parte ordinario que se traslada al Mando: «Sienta plaza en esta Bandera el legionario Pedro Pérez». Todo continuó igual en la Bandera; marchas, posiciones tomadas, etc.

    Hasta que al cabo de un año Petrita Pérez fue durante unas breves vacaciones a su tierra y regresó con novio y anunciando para pronto su boda… Entonces yo –terminaba Franco- anoté en el parte diario: «Se da de baja el legionario Pedro Pérez, muerto en acción de guerra».”

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