No lo decimos nosotros sino Otegi: Arzalluz era “uno de los nuestros”

    Qué alivio. Otegi, el hombre de paz, nos ha librado de faltar a la caridad. Ha recurrido a la jerga mafiosa de la película de Scorsese para poner el epitafio de Xabier Arzalluz. La metáfora del árbol y las nueces, que parece sacada de 'Los endemoniados' de Dostoyevski, persigue a Arzalluz como una maldición.

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    Xabier Arzalluz y Arnaldo Otegi./EFE
    Xabier Arzalluz y Arnaldo Otegi./EFE

    Era “uno de los nuestros”. ¿Cómo interpretar el elogio fúnebre de Otegi a quien fuera durante décadas, el factotum del PNV?, ¿en clave nacionalista -de la patria vasca- dando a entender que les unía ese objetivo irrenunciable más allá de sus diferencias?, ¿o en clave de estrategia militar: el político cómplice del terrorismo, el político que recogía las nueces, después de que los asesinos agitaran el árbol?

    La metáfora del árbol y las nueces, frasecita que parece sacada de Los endemoniados de Dostoyevski, persigue a Arzalluz como una maldición. La frase es terrible, pero la pronunció él, ¡qué se le va a hacer! La dijo en 1991, en una entrevista con representantes de KAS en el país vasco-francés. “No conozco ningún pueblo que haya alcanzado su liberación sin que unos arreen y otros discutan. Unos sacuden el árbol, pero sin romperlo, para que caigan las nueces, y otros las recogen para repartirlas”. Consta en acta y ha servido para describir gráficamente los vasos comunicantes de la lucha terrorista (de ETA) y la lucha política (del PNV).

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    El frío maquiavelismo del árbol y las nueces ha marcado la actuación del nacionalismo vasco del último medio siglo, su complicidad con el crimen, y el chantaje permanente al Estado central, para succionar dinero y privilegios, a cambio de apoyos parlamentarios.

    Ahora que algunos se rasgan las vestiduras con Vox habría que recordar a qué ha estado jugando el PNV y calibrar su grado de lealtad a la Constitución y de democracia

    Ahora que algunos se rasgan las vestiduras con Vox, al que tachan de inconstitucional y antidemocrático, y le niegan el pan y la sal, habría que recordar a qué ha estado jugando el PNV desde la Transición y calibrar su grado de lealtad a la Constitución y de democracia. Recapitulemos.

    No quiso saber nada de la Constitución.- Se abstuvo ¿Saben por qué? Porque el PNV “no podía dar su OK a una Constitución que no reconocía al pueblo vasco como nación” como explica Aitor Esteban, portavoz peneuvista en el Congreso. Por eso se abstuvo y no aprobó la Carta Magna. De lo que no se ha abstenido es de los privilegios que le ha reportado, en la práctica, el Concierto, al disponer el Gobierno vasco de recursos mayores que las demás Administraciones autonómicas.

    Recurrió el chantaje político.- Para conseguir sus objetivos se ha dedicado a chantajear a los Gobiernos centrales, primero a Felipe González, luego a los de Aznar -y ahí fue pieza clave Arzalluz-. Incluyendo en ese zoco, el engaño y la traición. La última hace menos de un año, cuando el PNV dejó tirado a Rajoy, al apoyar la moción de censura de Sánchez.

    …Y al chantaje de la violencia.- Las vías son distintas: balas o voto, pero el objetivo es el mismo: el Estado vasco, la autodeterminación. Lo dejó dicho el propio Arzalluz, hace sólo un año: “El PNV es un partido soberanista y va a crear un Estado vasco. Eso es irrenunciable digan lo que digan”. Y ha eso ha jugado el PNV. Jorge Bustos en El Mundo va aún más lejos: “¿Dices, Bustos, que la actual prosperidad de Euskadi, envidiable como una Dinamarca cantábrica, se debe en alguna medida a niños destripados por bombas, hombres desnucados a balazos y mujeres enviuadas tras el giro de una llave en el contacto del coche familiar? Sí: digo justo eso. Porque la violencia no solo es eficaz en política: es muy eficaz”.

    Y, por si fuera poco, Arzalluz lo justificó. “Los presos de ETA no son delincuentes porque no matan para enriquecerse, ni para beneficiarse personalmente, sino por un ideal político”. ¿Un ideal político?

    Practicó el peor de los populismos: el desprecio al diferente.- El nacionalismo excluyente, como valor absoluto al que se supedita todo, lleva a despreciar al que no es de tu etnia o tu patria. En una hipotética Euzkadi independiente, los de identidad española que se quedaran en el País Vasco serían como “alemanes en Mallorca”. Una vez más el autor de la cita es Arzalluz.

    Si algo define al personaje es precisamente su carácter discutible, en contra de lo que dice la agencia Efe, faltando a la verdad

    Por todo ello, resultan desproporcionados los panegíricos que está recibiendo el fallecido dirigente. Y no me refiero sólo a los de la parroquia nacionalista -lo cual es hasta cierto punto comprensible- sino a los del Estado central. La agencia Efe, por ejemplo, habla de masiva despedida a la “indiscutible” figura de Arzalluz. Si algo define al personaje es precisamente lo contrario: su carácter discutible. Su carácter, sus dichos y sus hechos. Con ese titular, la agencia estatal -que pagamos todos los españoles- falta a la verdad y al rigor.

    Siempre cabía la opción de la circunspección, de dar el último adiós a Arzalluz con un piadoso y túpido velo (tampoco se trata de cargar las tintas). Pero no, se ha optado por ponerlo por las nubes. No creo que compartan ese entusiamo las víctimas del terrorismo, los extorsionados, los secuestrados o quienes no tuvieron más remedio que tomar el camino del exilio.

    Por eso decía que es un alivio que alguien de la Mafia abertzale nos evite el trago de faltar a la caridad, al decir que Arzalluz era “uno de los nuestros”. Este mismo llegó a decir que miembros de ETA eran «chicos equivocados», «gente descarriada» que «entregan la vida por su pueblo, por lo que merecen nuestra admiración y respeto»; que están entregadas «a una causa que también es la nuestra y, por lo tanto, son parte de nosotros». Más claro, agua.

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    Nacido en Zaragoza, lleva más de 30 años dándole a las teclas, y espera seguir así en esta vida y en la otra. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y se doctoró cum laude por el CEU, ha participado en la fundación de periódicos (como El Mundo) y en la refundación de otros (como La Gaceta), ha dirigido el semanario Época y ha sido contertulio en Intereconomía TV, Telemadrid y 13 TV. Fue fundador y director de Actuall. Es coautor, junto con su mujer Teresa Díez, de los libros Pijama para dos y “Manzana para dos”, best-sellers sobre el matrimonio. Ha publicado libros sobre terrorismo, cine e historia.