¿Pero no quería Podemos matar a los viejos por casposos?

    Podemos está como esos Terminators heridos que siguen disparando hasta que Schwarzenegger les arranca la cabeza. Para tratar de no hundirse en las encuestas, ahora los morados lanzan sus redes en un caladero en el que antes apenas pescaban votos: los mayores de 65 años.

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    Los diputados de Unidos Podemos, Pablo Iglesias, Íñigo Errejon e Irene Montero, durante el debate de investidura del líder del PP, Mariano Rajoy
    Los diputados de Unidos Podemos, Pablo Iglesias, Íñigo Errejon e Irene Montero, durante el debate de investidura del líder del PP, Mariano Rajoy / EFE

    El golpe de Estado separatista en Cataluña y sus consecuencias han alterado completamente el tablero político. Los más perjudicados están siendo los partidos que se alimentaban el uno al otro: PP y Podemos.

    Quienes justificaban su apoyo al PP con los argumentos patéticos del ‘voto útil’ y el ‘mal menor’ por fin comprueban que votar a Rajoy sus abogados del estado es lo mismo que tirar la papeleta a la basura. Y Podemos, con su adhesión a los planes de la banda racista del 4%, ha demostrado que todas sus invocaciones a la ‘patria’, el ‘pueblo’ y la ‘dignidad’ eran una pose, como las apelaciones de la Pasionaria en la guerra civil a la resistencia como el Dos de Mayo.

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    El PP está repitiendo lo que hizo al final de su inútil legislatura con mayoría absoluta: sacar a Podemos en las televisiones mañana, tarde y noche para asustar los electores que se le marchan y, a la vez, arremeter contra Ciudadanos.

    El PSOE está dirigido por un hombre que quiere vengarse de todos los que le han ninguneado, empezando por la mitad de su partido. Ciudadanos se gana el mote de ‘Ciudablandos’ moviéndose de un lado a otro en función de las encuestas, como ha demostrado con el debate sobre la prisión permanente.

    Podemos trata de frenar su caída en las encuestas presentándose ahora como defensor de los jubilados

    Y Podemos ha hecho otros movimientos nacidos de la desesperación. Por un lado, volver a las calles y, por otro, encontrar nuevas causas de las que proclamarse justiciero: el feminismo y los ancianos.

    En un país en cuyas ciudades hay más perros que niños, sólo aumenta el segmento de mayor edad y en éste, como bien saben los sociólogos de Podemos, los morados obtienen sus peores resultados.

    ¿Recuerdan el genial análisis de Carolina Bescansa de que si sólo votasen los menores de 45 años Pablo Iglesias ya sería presidente de Gobierno? Y si solo votásemos mi mujer y yo, sería presidente mi mujer.

    Tal como se está infantilizando la sociedad, sobre todo sus miembros más jóvenes, los que creen que se puede sorber y soplar a la vez (600 euros de renta mínima y ayudas al alquiler pagados con impuestos ‘a los ricos’), la única manera que tiene Podemos de sobrevivir, o al menos de no comenzar un declive electoral, es mediante la penetración en los españoles de más edad.

    En cada elección que perdían, los ‘morados’ cargaban contra los viejos, a los que deseaban que el PP les quitase las pensiones para que se muriesen

    ¿Y cómo se puede hacer esto, visto que los abuelos y los jubilados no han comprado las anteriores cartas a los Reyes Magos que les mandó Iglesias? Ya que en España hay casi 8’7 millones de pensionistas, sacando el ‘coco’ de las pensiones, algo tangible y que en una sociedad de la que se está erradicando lo espiritual parece que es el elemento que podría trasladar votantes a las bolsas de Podemos.

    Por supuesto que las pensiones están en peligro, pero no por el vaciado de la ‘hucha’ ni los rescates a la banca, sino por la baja natalidad, por las prejubilaciones, por los bajos sueldos y por el derroche del Estado (autonomías, AVE, subvenciones…). De esto, los morados no dicen ni mu.

    En una de sus muestras de demagogia, Pablo Iglesias tuiteó que los 60.000 millones de euros desembolsados a las cajas para salvarlas de la quiebra bastarían para dar pensiones ‘dignas’ (¡otra palabra-talismán, ya tan gastada que lo mismo sirve para oponerse a la eutanasia que para legalizar el aborto hasta el noveno mes!). El politólogo se olvidó de que ese dinero (no entro en si su destino estaba justificado) se pagó una sola vez, mientras que la revalorización que él propone sería para todos los años, ¡y a ver de dónde sale el dinero!

    La edad media en España es de 43 años y sólo el 16% tiene menos de 16 años, según el INE. Los pensionistas son casi 8’7 millones

    Que este centenar de movilizaciones para el sábado 17 no es espontáneo lo demuestra la aparición en otras de pancartas contra Rajoy y Rivera y banderas tricolores. No deja de ser risible esta admiración por un régimen que empobreció a los españoles y terminó en una guerra civil, porque, además, quien instituyó las pensiones públicas a cargo de la Seguridad Social fue el franquismo.

    Cambio radical, pues, de los morados, que han pasado de insultar a los jubilados y los viejos en las elecciones generales de diciembre de 2015 y junio de 2016. Para estas últimas, prepararon una campaña que consistía en que los podemitas iban a votar con sus abuelas (yo apenas vi abuelos; será por eso de los cuotas) y enviaban unas fotos. En cuanto salieron los resultados, las alegrías se trocaron en irritaciones.

    El segmento de los mayores de 65 años es donde Podemos obtiene sus peores resultados electorales

    Las hordas podemitas y comunistas tenían claro que habían fracasado las dos veces por el voto en bloque de los mayores de 65 años al PP y, en menor medida, del PSOE. Los insultos en las redes sociales eran indescriptibles. Elentir se tomó la molestia de guardar unos cuantos, de los que aquí reproducimos una selección: que los viejos se mueran, que ojalá el PP les quite las pensiones, que son unos catetos y unos franquistas, que me dan asco…

    En cuanto los creyentes en la democracia pierden unas elecciones, sacan la pistola o el TW. Un periodista inglés de los que nos dan lecciones a los españoles, John Carlin, dijo sin rebozo que se habría debido impedir votar a los mayores de 55 años en el referéndum del Brexit.

    La extrema izquierda, la admiradora de Lenin y su gulag, está pasando de la gerontofobia a la gerontofilia. Pero no deja de ser otra mentira. Como Rajoy, cuando prometía que bajaría los impuestos o que no se celebraría el referéndum ilegal en Cataluña.

    ¿Se olvidarán los abuelos a los que ahora trata de seducir Podemos de los insultos que les dedicaron antes? Hagamos que los recuerden.

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    Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es 'Eternamente Franco' (Homo Legens).