Jeremy Bentham y Pablo Casado.
Jeremy Bentham y Pablo Casado.

Si se acerca al University College de Londres, le sorprenderá ver un cubículo de madera en el que se encuentra una momia con cabeza de cera. Está sentada y vestida con unos ropajes de principios del siglo XIX. Se trata del cadáver del padre del utilitarismo: Jeremy Bentham.

Este señor defendía que “la naturaleza había colocado a la humanidad bajo el gobierno de dos amos soberanos: el dolor y el placer. Ellos solos han de señalar lo que debemos hacer”. Para saber si una medida era útil –o buena-, hacía un cálculo tenebroso, al que bautizó como el “cálculo de la felicidad”, en el que ponía en una balanza el placer creado y el sufrimiento generado. John Rawls, ya a finales del siglo XIX defendería que esta filosofía era perniciosa pues podría usarse para defender la esclavitud, siempre que diese más placer a la sociedad que el sufrimiento generado a unos pocos. De ahí que se considere antiliberal, amén de otros calificativos.

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Después de recomendar a sus amigos que donasen sus cuerpos a la ciencia para seguir siendo útiles tras la muerte, el señor Bentham decidió que sus carnes se conservasen cual mojama en la universidad antes mencionada. Puede que su última decisión fuese una contradicción a su teoría o que pensase que las buenas gentes que se topasen con su esqueleto sentirían algún tipo de placer, por perturbado que parezca. No está claro.

Hoy puede encontrarse en los quioscos una entrevista de Pablo Casado con su mujer en una revista de estas de cotilleo de tirada nacional. En ella ha aprovechado para hablar un poco de política, en concreto para invitar a Ciudadanos y Vox a que reflexionen sobre su utilidad. Y entenderá usted que no me haya resistido a escribir estas líneas, sobre todo cuanto estas palabras provienen de un autodenominado liberal.

Si alguno decide defender que el voto a su formación es el “útil”, espero que me expliquen el porqué con ideas y proyectos, no proclamando a viva voz la venida del lobo

El problema que tiene la afirmación del candidato presidencial es que no define los parámetros sobre los que define su concepto de “utilidad”, aunque lo deja entrever cuando advierte de que la consecuencia de votar a ambos partidos es la fragmentación del espacio electoral alternativo al pacto entre el PSOE, Podemos o Podemas e independentistas. Esto es, que en vez de presentarse a la sociedad española como un político con un proyecto ilusionante y propuestas maravillosas,  ha decidido ir por la misma ruta que el señor Rajoy: la del miedo. Puede funcionar hasta cierto punto. Es más, conozco a gente que no había votado en su vida hasta las últimas elecciones. Pero este tipo de voto con nariz tapada sólo funciona hasta cierto punto y durante un tiempo limitado.

A mi, como adulto que soy, me gusta que los partidos me expliquen lo que proponen a la sociedad. Y si alguno decide defender que el voto a su formación es el “útil”, espero que me expliquen el porqué con ideas y proyectos, no proclamando a viva voz la venida del lobo.

Es más, si un político liberal como el Sr. Casado hace unas declaraciones que en realidad pretenden denunciar que los votos de ciertos partidos van a parar a saco roto debido a las circunscripciones tan pequeñas que existen en España, ¿no se ha planteado si sería más provechoso proponer un cambio para hacer las circunscripciones más grandes y conseguir así una representatividad más afinada? Se me ocurre, por ejemplo, que las circunscripciones sean las Comunidades Autónomas. Estoy seguro de que se sentiría más útil de esta forma.

España se merece políticos que  sean capaces de poner las luces largas y saber mirar más allá de unas elecciones, unas encuestas o incluso una presidencia de gobierno de cuatro años

¿Tiene  Don Pablo un interés real en ser útil? ¿Qué tal si seguimos por proponer el cierre de los 17 parlamentos que tiene nuestro país y que nos cuestan más de 325 millones de euros al año? ¿O acaso eso no sería de mucha utilidad a la hora de colocar a algunos cargos?

Podemos proseguir. Se me ocurre, si quiere  el presidente del PP que su partido sea de provecho, que defienda la igualdad de los seres humanos –incluyendo para estos efectos a los hombres- ante la ley. Sería muy liberal, amable y constitucional por su parte.

¿Y qué me diría el Sr. Casado sobre parar la sangría de leyes de género que han sido votadas o permitidas por el PP en los parlamentos autonómicos? ¿Querrá el PP ser útil para frenar el adoctrinamiento ideológico en las escuelas? ¿O preferirá que se siga confundiendo a los menores con talleres conducentes a su corrupción?

Se me olvidaba. ¿Qué le parecería al PP el cierre de las cadenas de televisión autonómicas? ¿O la liberalización de las televisiones y radios para servir a la libertad?

Estoy de acuerdo con el Sr. Casado en que estamos ante unas elecciones cruciales para la historia de España. Pero lo que tiene que entender es que muchos votantes estamos hastiados de una política que sólo sabe captar votos como alternativa a lo peor, o como lo menos malo. España se merece políticos que  sean capaces de poner las luces largas y saber mirar más allá de unas elecciones, unas encuestas o incluso una presidencia de gobierno de cuatro años. Hoy, más que nunca, es necesario una campaña que sea capaz de convencer con ilusión, no creando pavor.

Vox y los independentistas tienen algo en común en este sentido. Han sabido presentar proyectos a largo plazo. Unos, un cambio radical en la organización del Estado. Otros, y llevan tiempo en ello, la creación de un Estado en sí mismo. Nos gustarán más o menos, pero les puedo asegurar que son más apasionantes que un programa que se dedique a listar propuestas y caramelos políticos para los próximos años.

Espero que el Sr. Casado se percate de que una política cortoplacista y sin grandes proyectos ilusionantes le abocará a compartir destino con el Sr. Bentham y terminar sus días como un cadáver político disecado a la vista de todos, como su predecesor.

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