Pablo Iglesias deposita su voto acompañado del número dos de Podemos, Íñigo Errejon.

Habiéndose disipado ya la resaca de la noche electoral, es el momento de sacar algunas conclusiones.

La jornada del 26J ha tenido un claro ganador y tres claros perdedores. El ganador es, por supuesto, Mariano Rajoy, que lo fio todo a una repetición electoral y ha conseguido salir reforzado del envite.

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Perdedor es Pedro Sánchez, que vuelve a batir a la baja el récord negativo del PSOE, dejándose en el camino otros 100.000 votos y otros 5 diputados. El PSOE se consume, elección tras elección, incapaz ya de sobreponerse a su propia historia y de desprenderse de su aroma a corrupción.

Si Pedro Sánchez ocupa todavía el cargo de Secretario General del PSOE, es solo porque el haber evitado el ‘sorpasso’ ha conseguido atenuar la sensación de catástrofe. Podía haber sido peor, es la conclusión que queda.

Perdedor es Albert Rivera, que ve cómo le abandonan casi 400.000 electores y cómo se le esfuman 1 de cada 5 diputados. Habiéndose nutrido, en una parte significativa, con el voto españolista y de desencantados del PP, jugó mal sus cartas después del 20-D, echándose en brazos del PSOE y permitiéndose ofrecer diálogo al gobierno separatista catalán sin siquiera exigirle, como condición previa, que pare su golpe de estado a cámara lenta.

El destino de Ciudadanos es desaparecer poco a poco, como el CDS en su día

El 26-J le ha devuelto a Albert Rivera a la realidad y le ha puesto en su sitio: su formación ya no es promesa de futuro, sino un partido numéricamente irrelevante, que solo podrá jugar un papel en la medida en que PP y PSOE quieran dejar que lo juegue. Su destino es desaparecer poco a poco, como el CDS en su día.

Pero la derrota de Pedro Sánchez y de Albert Rivera se ve eclipsada por el tremendo batacazo del gran perdedor de la jornada: Pablo Iglesias. Su apuesta personal de absorber Izquierda Unida se ha saldado con un clamoroso fracaso. Unidos Podemos ha cosechado un millón de votos menos de los que lograron Podemos e Izquierda Unida por separado el pasado mes de diciembre.

Y no solo no ha conseguido Pablo Iglesias agrupar en torno a sí todo el voto de la extrema izquierda, sino que ha logrado con su jugada movilizar en favor del PP el voto del miedo: Rajoy ha obtenido 700.000 nuevos sufragios y 14 escaños más, apelando a la amenaza de un gobierno en manos de Podemos.

El PP ha sabido apelar con maestría al miedo y a su consecuencia natural, el voto útil

Ese voto del miedo ha sido el gran protagonista de la campaña y la mejor arma de Rajoy. El PP ha sabido apelar con maestría al miedo y a su consecuencia natural, el voto útil. Y la jugada le ha salido bien.

Pero si el PP ha podido explotar el miedo en su favor es porque existían razones sobre las que basarse. Es la propia extrema izquierda española la que le ha proporcionado a Rajoy los argumentos: la estrategia del miedo del PP no habría funcionado…si Podemos no diera miedo.

Día tras día desde hace dos años, y en especial desde que el partido de Pablo Iglesias y sus confluencias consiguieran las principales alcaldías del país, Podemos se ha esforzado por hacerse temible a ojos de una capa de poblacion cada vez más amplia.

Cuando no es un insulto a los católicos en boca de una “alcaldesa del cambio”, es una representación de títeres violenta y ofensiva en un festival infantil. Cuando no es un ataque a un obispo por expresar sus opiniones, es una persecución a la enseñanza concertada que cientos de miles de familias eligen libremente. Cuando no es una discriminación en una cabalgata a un colegio de educación diferenciada, es un intento de impedir que se pueda ver a la selección española de fútbol en Barcelona. Cuando no es un apoyo a un sindicalista gangsteril condenado por actos violentos durante una huelga, es un halago al terrorista Otegui. Cuando no es un asalto a una capilla universitaria, es la negativa a sumarse al pacto contra el terrorismo islamista. Cuando no es una reivindicación del régimen criminal de la II República, es un desprecio a los símbolos de la Nación. Cuando no es una petición de referendos para hacer el juego al separatismo, es un desliz de Monedero en un mitin mostrándonos una concepción totalitaria de la Justicia.

¿Cómo narices no va a tener miedo una amplísima capa de la poblacion? Parece que os empeñarais en cultivar el miedo conscientemente, Pablo Iglesias. Lo extraño es que el PP no se haya venido arriba un par de millones de votos más.

Y la consecuencia de vuestro incontinente sectarismo, de vuestra incapacidad de respetar a quien no opina como vosotros, de vuestra imposibilidad de identificaros con la Nación que pretendéis dirigir, de vuestra perfecta inutilidad como alternativa es…que nos condenáis a los españoles a tener que seguir aguantando a Rajoy. A un Mariano Rajoy que será nefasto, pero que de tonto no tiene un pelo, y que sabe explotar en su favor el miedo que vosotros inspiráis.

Te lo confieso, Iglesias: puedo perdonarte que seas extremista; puedo perdonarte que seas comunista; puedo perdonar incluso algunos insoportables arrebatos de cursilería que de vez en cuando tienes.

Lo que no te puedo perdonar es que nos condenes a los españoles, por vuestro sectarismo y vuestra falta de empatía con quien no os vota, a tener que seguir soportando a Rajoy.

No te lo perdonaré jamás, Iglesias.

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Luis del Pino estudió ingeniería de telecomunicaciones, pero desde hace unos años ejerce la labor periodística, habiendo colaborado en este tiempo con numerosos medios. Es autor de diversos libros sobre informática y sobre la actualidad política española. En la actualidad, dirige el programa de tertulia política Sin Complejos, que se emite en esRadio los sábados y domingos de 8 a 11 de la mañana.