Orlando y los intentos desesperados de borrar al islam del atentado

    Por todo ello no voy a encender ni una velita, ni poner una florecita, ni ser nadie que no soy, tampoco guardaré un segundo de silencio, pues es hora de hablar y de exigir.

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    Memorial en San Francisco por las víctimas del ataque terrorista en una discoteca gay de Orlando. (Fotografía: John G. Mabanglo / EFE)

    Un hombre armado hasta los dientes entra en una noche latina de un local gay en Orlando y mata a 50 personas, hiriendo a 53. Finalmente es abatido, no sin herir a uno de los policías asaltantes, que se librara, probablemente, gracias a un casco antibalas.

    Durante varias horas los medios norteamericanos, con honrosas excepciones, se debaten entre si se trata de un execrable crimen de odio (es decir un acto individual antigay) o un acto terrorista antiamericano de base organizada. Incluso el presidente Obama en su intervención mantiene el juego hablando de un acto de terrorismo, así en general; y de un acto de odio, así de manera imprecisa.

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    Por supuesto en Estados Unidos nadie con relevancia política se atrevió a hacer lo que en España ha hecho el candidato secundario de Podemos Alberto Garzón, que sin más noticias atribuyo el atentado al heteropatriarcado, implicando así a todos los heteropatriarcas del mundo en la masacre y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid para poner su nota radical en la campaña electoral española.

    Cuando se producen todas estas reacciones tanto el presidente de los Estados Unidos como buena parte de los medios ya conocían al menos los siguientes datos. Primero, el autor del atentado antes de realizarlo llama al teléfono de emergencias y lo reivindica en nombre del autodenominado Estado Islámico, para sus enemigos DAESH, organización que parece que algo tiene de terrorista y algo de islámica. Segundo, la policía averigua que el sujeto abatido es un estadounidense de procedencia afgana y,  oh sorpresa,  mahometano radical con incidentes previos de maltrato y odio. Tercero, la conocida organización terrorista Estado Islámico, llamada por sus enemigos DAESH, ha reivindicado la masacre.

    La estrategia, una de las notas distintivas de la administración demócrata estadounidense, se está revelando como muy desafortunada

    La paradoja pues es el desesperado intento de Obama y sus correctos aliados políticos en disimular el origen ideológico y la vinculación estricta del crimen. Algo así como la conocida condena del terrorismo “venga de donde venga” que se hizo popular en nuestra transicion, cuando izquierda y nacionalistas no querían condenar el terrorismo venga de donde viene. La estrategia, una de las notas distintivas de la administración demócrata estadounidense, se está revelando como muy desafortunada.

    Nadie puede dudar a estas alturas que la estrategia del DAESH es clara y directa, sus atentados  tienen poco de indiscriminados. La organización conectada en origen con quienes estuvo conectada y trágicamente reforzada con la desarticulación de la parte sunnita del ejército iraquí, en un error de libro de, en este caso, los estrategas de Bush, sigue un guion que le da buenos réditos con su público, los mahometanos radicalizados de medio mundo.

    Si descontamos los atentados contra centros de comunicación estratégicos como metros y aeropuertos, el DAESH está aplicando la ley islámica en su versión wahabí, con todo su rigor en todo el mundo. Así atacan los que ellos entienden como centros de corrupción y diversiones pecaminosas, que son todas, claro está; sancionan la blasfemia y castigan a musulmanes y cristianos que se encuentran cerca de su zona de influencia a la menor ocasión. Por supuesto matan judíos, en este caso sin más justificaciones sofisticadas.

    Occidente sigue con sus complejos políticamente correctos y la sensación de que no se toma nada en serio

    Una organización, una base ideológica y una estrategia. Frente a ello Occidente sigue con sus complejos políticamente correctos y la sensación de que no se toma nada en serio. La política radicalmente equivocada de la Clinton en Libia y Siria nos lo muestra. Todos los grandes actores consideran al Estado Islámico uno de los problemas, pero no el principal ni en Libia, ni en Siria, ni en Iraq, ahí las tensiones Rusia-EEUU, la detención de los iraníes, las buenas relaciones con los del Golfo, los intereses antikurdos de Turquía se hacen más importantes, incluso durante unos meses Israel dudó sobre su enemigo principal en estos asuntos.

    Mientras sufrimos los interminables interrogatorios en la Aduana de EEUU, para que luego sea un nacional quien dé el golpe decisivo, pasamos mil controles en los aeropuertos para que luego se permita la entrada de oleadas de personas sin control de antecedentes o verdadera procedencia en Europa y, como no, sentimos la presión asfixiante de la corrección política que se detiene, claro está, ante la menor posibilidad de acusación de islamofobia.

    Por todo ello no voy a encender ni una velita, ni poner una florecita, ni ser nadie que no soy, tampoco guardaré un segundo de silencio, pues es hora de hablar y de exigir.

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