Pedro Sánchez, ocho años en La Moncloa

    Pedro Sánchez ha vestido como segunda y última opción la de aliarse con lo peor del Parlamento español, cuando en realidad es su prioridad. Sánchez tiene la cara dura de seguir pidiento a PP y Ciudadanos que se abstengan, después de haber pactado con Otegi.

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    Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España/EFE - Kenzo Triboullard
    Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España/EFE - Kenzo Triboullard

    Cuando Pedro Sánchez anuncie su intención de no estar otros cuatro años más como presidente, lo que ocurrirá dentro de unos siete años, nos tendremos que acordar de estos días. Días es los que Sánchez, que sería capaz de sobrevivir en Juego de Tronos durante 80 temporadas, muestra su dominio del juego político. Se reúne con Pablo Casado y Albert Rivera, en la confianza de que ambos saldrán de la reunión con el voto en contra de su investidura. Tiene 123 escaños, muy pocos para formar una mayoría, pero es el mismo número que obtuvo Mariano Rajoy en 2015. Y con ese argumento se postula como único candidato a ser presidente del Gobierno. Y si no le apoya “la derecha”, tendrá que recalar en las “fuerzas progresistas” del Congreso, lo cual incluye a Podemos, al PNV, a ERC, a Bildu, y porque no se ha presentado el Sursum Corda.

    Ciudadanos debería presentarse ante la sociedad española como una opción de izquierdas defensora de la nación y la constitución españolas; lo que fue UPyD

    Así las cosas, no es él quien ha elegido a sus apoyos, sino que son PP y Ciudadanos, instalados en “la crispación” (como se llama en la SER la labor de oposición al PSOE), los que fuerzan a Sánchez a recalar en las fuerzas nacionalistas y de izquierdas. Viste así de fatalidad lo que es fruto de un cálculo político. Desde el PSOE se observa, con indisimulada fruición, cómo Ciudadanos aspira a heredar la primacía del centro derecha.

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    Ciudadanos debería hacer lo contrario: presentarse ante la sociedad española como una opción de izquierdas defensora de la nación y la constitución españolas; lo que fue UPyD. Pero ha olido la sangre del animal herido a su derecha y ha ido hacia él para devorarlo. El fracaso de Rivera ha sido total. No superó al PP en las elecciones generales. No lo ha hecho en las europeas. No ha superado al PP en ninguna región española, excepción hecha de las elecciones locales en Cataluña. Por un lado, el PP sigue siendo una marca muy potente. Por otro, es una maquinaria muy implantada en las instituciones, clave para su fracaso en las elecciones locales y regionales. Además, con Vox en la escena, se cae el discurso del centro frente a la derecha. Y, además, Rivera se ha encontrado con un líder del PP que le iguala en juventud y capacidad, si no es que le supera.

    Pero Sánchez contaba con que Rivera va a seguir con su estrategia de la mosca contra el cristal, y ha acertado. Ciudadanos votará que no a Sánchez. Es una decisión absurda y escandalosa. Porque lo que nos dijo Ciudadanos en su momento es que su función política era la de ofrecer a PSOE y PP un apoyo para que no tuviesen que recalar en los nacionalistas. Esta es la ocasión de Ciudadanos para demostrar que cumple esa función, y renuncia a ella por chocarse de nuevo contra la ventana, en su estúpido vuelo hacia la derecha.

    Si Zapatero engañó a la mayoría negando la crisis, ¿por qué no Sánchez? Con un Ciudadanos despistado, el PP por reconstruir y Vox dando guerra, Sánchez tiene ya ganadas las próximas elecciones generales. Hablamos en 2027.

    De modo que Sánchez ha vestido como segunda y última opción la de aliarse con lo peor del Parlamento español, cuando en realidad es su prioridad. Esto era ya obvio antes de que el PSOE optase por pactar con Bildu en Navarra antes que permitir que la primera opción de los navarros, con gran diferencia, controle el gobierno. Esa opción es Navarra Suma. Sánchez tiene la cara dura de seguir pidiento a PP y Ciudadanos que se abstengan, después de haber pactado con Otegi.

    De forma paralela, Gobierno y PSOE están en plena campaña de blanqueamiento de Bildu.

    Una Violeta Assiego escribe desde El Diario que Bildu es, en realidad, más democrático que Vox. A Assiego le habrá sorprendido tanta reacción adversa ante un juicio tan obvio. Lo que no entiende la derecha, Violeta, es que para ti y para muchos que piensan igual la democracia consiste en que la izquierda esté en el poder y que cambie el sistema político para que tengamos en España una democracia permanente, sin interrupciones como las de Aznar, Rajoy o Casado. Ni lo entienden ni lo aceptan. Quizá porque su idea de democracia sea otra, en la que caben los partidos de cualquier ideología, siempre que no maten, claro. Pero el asesinato político puede llegar a ser muy democrático, Violeta, qué te voy a contar que tú no sepas. Mira Bildu.

    El cambio político en España hacia una “verdadera democracia”, como la que intentaron el PSOE y los republicanos de izquierdas ya en la II República, es un empeño muy difícil. Hay media España que se resigna a morir, e incluso a que la maten, pero no a que le quiten el derecho a la participación política. Sánchez no lo tiene fácil. Por otro lado, nos encaminamos a una nueva crisis económica, y la derecha en España sólo gana cuando hace de bombero. Pero si Zapatero engañó a la mayoría negando la crisis, ¿por qué no Sánchez? Con un Ciudadanos despistado, el PP por reconstruir y Vox dando guerra, Sánchez tiene ya ganadas las próximas elecciones generales. Hablamos en 2027.

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    José Carlos Rodríguez es periodista. Forma parte del equipo de ProducciONE, pero en otra vida ha sido redactor jefe de Internacional de La Gaceta, y ha trabajado en la prensa digital en medios como Factual.es, elimparcial.es y libertaddigital.com. También ha colaborado con el semanario Alba, Expresión Económica, La Ilustración Liberal, La Gaceta de los Negocios o la agencia APIE, entre otros.