Pedro Sánchez plagia a Trudeau

    El punto álgido, en cualquier caso, lo alcanza cuando la sienta en la mesa donde cada viernes se celebra el Consejo de Ministros, engola la voz, y paternalmente, le revela la receta de su éxito: “Mi sugerencia, mi idea, sería que eligieras a los mejores”.

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    El presidente del Gobierno de España Pedro Sánchez, durante un vídeo plagiado de su homólog de Canadá, Justin Trudeau.
    El presidente del Gobierno de España Pedro Sánchez, durante un vídeo plagiado de su homólog de Canadá, Justin Trudeau.

    Pedro Sánchez ha vuelto a deleitarnos con una de sus ya habituales puestas en escena.

    En esta ocasión, el sobrevenido inquilino de la Moncloa publicaba un vídeo en el que juega a enseñar a una niña a ser presidente del Gobierno. Ya el mero hecho de que Sánchez enseñe a nadie a ser presidente de algo es causa suficiente para catalogar la grabación entre la sección de humor de cualquier periódico digital con un bajo nivel de lectores. Pero hagamos como que nos lo tomamos en serio.

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    El monclovita -que no iba para actor, y alguien debería decírselo-, usa con la niña un tono condescendiente y dizque pedagógico, impostado y antinatural, que cuesta contemplar sin que brote un sonrojo de vergüenza ajena que, como favor, podría ahorrarnos a los españoles.

    Siempre feminista -entiendo que con la misma convicción que la Ministra de Justicia a la que sostiene, Dolores Delgado, a la que le parecía un “éxito garantizado” que el excomisario Villarejo abriese un prostíbulo para obtener “información vaginal”-, le cuenta apesadumbrado a la pequeña que “sólo hay catorce mujeres que son presidentas en el mundo”. No le dice que las más influyentes (Ángela Merkel y Theresa May) son conservadoras, por si a la alumna le da por suspender la visita y esperar a que haya otro presidente del Gobierno con el que tenga más posibilidades de alcanzar el mando. A fin de cuentas, Sánchez fue el que impidió que una mujer, Susana Díaz, se hiciese con los destinos de su partido.

    «Nadie sabe ni cuándo ni cómo será el siguiente sketch del humorista Sánchez, porque suple su falta de creatividad con la espontaneidad propia de quien se pasa la vida improvisando»

    El punto álgido, en cualquier caso, lo alcanza cuando la sienta en la mesa donde cada viernes se celebra el Consejo de Ministros, engola la voz, y paternalmente, le revela la receta de su éxito: “Mi sugerencia, mi idea, sería que eligieras a los mejores”.

    Si el editor del vídeo hubiese querido ser coherente con su producción, en ese momento habría incluido un audio con risas enlatadas y así habría reflejado las carcajadas que el propio Sánchez profería internamente, mientras pasaban por su cabeza las caras de los cesados Màxim Huerta y Carmen Montón, el imputado Luís Planas o la denunciada María Jesús Montero.

    La guinda del teatro la pone la reacción de los usuarios de las redes sociales, a los minutos de su publicación. A los internautas se le escapan pocas cosas, y menos aún si dan lugar a poner una puntilla: cuatro días antes, el presidente de Canadá, Justin Trudeau -culmen y meta de la progresía mundial, paradigma de inquisidor de la corrección política y en el apoyo de cualquier colectivo que tenga alguna reivindicación absurda que plantear- había colgado en sus redes una foto con su hija ocupando su sillón presidencial, con los pies sobre la mesa, mientras él observa con desdén su teléfono móvil. Pedro el Plagiador se está ganando a pulso el sobrenombre.  

    A la postre, este señor, a la sazón presidente del Gobierno, va de ridículo en ridículo hasta el espectáculo final, que a buen seguro está por llegar. Porque el vídeo, clara imitación del homólogo canadiense, apenas nos había dejado digerir su metedura de pata en el besamanos real del 12 de octubre, cuando Sánchez y su esposa tuvieron a bien situarse al lado de Sus Majestades para que le rindiesen los mismos honores que a los monarcas.

    Nadie sabe ni cuándo ni cómo será el siguiente sketch del humorista Sánchez, porque suple su falta de creatividad con la espontaneidad propia de quien se pasa la vida improvisando. El problema principal está en que el lugar natural de los payasos es el circo, donde pueden permitirse el lujo de representar con libertad su comedia, y no en la Moncloa, que es donde Pedro se está acostumbrando a representar su función.

    Y ni España, ni los españoles estamos para bromas, señor Sánchez. Ni tenemos la intención de reírle las gracias.

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