Pero Bin Laden no era pobre

    El autor desmantela los argumentos que relacionan el auge del terrorismo únicamente con el incremento de la pobreza o la exclusión social que puedan sufrir.

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    Bin Laden y Aiman al-Zawahiri/ Wikimedia

    La relación más evidente entre pobreza y violencia, o para ser más específicos entre terrorismo y pobreza, es que quienes más sufren las consecuencias del terror son precisamente los más pobres.

    Desde Nigeria a Colombia, desde Siria a Afganistan o Mali, la inmensa mayoría de las víctimas del terrorismo, en sus formas de narco terrorismo o en el terrorismo vinculado a grupos mahometanos, son quienes tienen menos medios para huir o para protegerse con medios más o menos privados de contraterrorismo. Los pobres cuando se desplazan por causa del terror lo hacen de forma mucho más difícil. Sin dinero es prácticamente imposible entrar en muchos sitios, con él muchos de los problemas se pueden llevar mejor.

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    El terror es también, no hace falta decirlo, causante de pobreza. Millones de personas han perdido la posibilidad de vivir en formas que consideramos normales. De Irak a Siria, de Afganistan a México, con las diferencias que se quiera, el terror difunde la pobreza.

    Los grandes criminales del XXI han sido hijos de papa fanatizados en determinado momento

    Menos evidente es la pobreza como causa del terror. Personalmente no dudo de que ciertas situaciones de pobreza faciliten el reclutamiento, pero el terrorismo como arma ideológica de acción política no se vincula en sus promotores a la pobreza. Es fácil dar ejemplos, y no querría trucarlos, pero si empezamos con los autores de los atentados más brutales del actual siglo terrorista se puede deducir que, como quienes difundieron el terrorismo marxista en el siglo XX, los grandes criminales del XXI han sido hijos de papa fanatizados en determinado momento.

    El paradigma Bin Laden

    El paradigma es Bin Laden miembro de la familia de los constructores favoritos de la Monarquía Saudita, pero en los demás grupos terroristas encontramos muchas personas que no pueden calificarse de pobres. No se trata sólo de que la financiación del terrorismo provenga en muchos casos de servicios secretos o de millonarios, o de gente que se enriquecerá con el Narco. Abimael Guzmán, o Tiro Fijo o el Che, o los sucesivos dirigentes de Al Qaeda, o los autores de los atentados de Atocha no se distinguen por su falta de medios.

    Con el rango de pobreza de no pocos criminales la mayor parte de la humanidad podría andar cometiendo atentados, unos contra otros. Si, por ejemplo, los Tutsi masacrados por los Hutus eran algo más ricos, no ocurre lo mismo en la India con el fanatismo anticristiano o antiparia. En cuanto a territorios, el terrorismo separatista bastaría para probar que no pocas veces la acción criminal la realizan los procedentes de las regiones más ricas.

    Me temo que muchas veces la alusión a la pobreza no esconde sino el deseo de encontrar una razón estructural que pudiera corregirse con unos buenos planes de desarrollo.

    Los ecuatorianos en España no han montado grupos de matarifes bajo el pretexto de que no se les quiere

    Lamentablemente esto no es así. Además se corre el riesgo de otorgar una justificación al criminal en su origen, por mucho que se critiquen luego sus actos. Los jovenes que pueden unirse al ISIS en Europa proceden de núcleos que han sufrido con dureza la crisis económica pero no es exigible a una sociedad que realice una integración perfecta a fin de evitar que se cometan crímenes como los de Bataclan o Atocha.

    Ni los filipinos en Arabia Saudita, ni los latinos en Estados Unidos, ni los jamaicanos en Londres, ni los ecuatorianos en España han montado grupos de matarifes bajo el pretexto de que no se les quiere lo suficiente. En el extremo contrario, ni el fanatismo Tupamaro, ni la barbarie Montonera, ni la criminalidad anticopta o las masacres de Yaziries se hubiesen evitado subiendo la renta.

    Los hombres junto a ejemplos de santidad extraordinaria, de solidaridad en las peores situaciones, de perdón incluso de lo imperdonable, son propensos a imponer su voluntad con una violencia bárbara y cruel. Son capaces de convertir cualquier cosa, desde el discurso político a la solidaridad social o la adoración a Dios en excusa para comportarse de una forma que avergonzaría a las fieras. Puestos a buscar pobres, yo los veo más entre los limpiadores de la Torres Gemelas que entre los secuestradores de aviones.

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