Pescaítos

    De eso va la prisión permanente revisable, de proteger a la sociedad, de evitar que los delincuentes más sanguinarios sean excarcelados sin cumplir la totalidad de sus penas y, con sus neuras asesinas engrasadas por los años de confinamiento, causar otro mal irreparable.

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    La madre de Gabriel Cruz acompaña el féretro a la salida de la Catedral de Almería. /EFE-Carlos Barba
    La madre de Gabriel Cruz acompaña el féretro a la salida de la Catedral de Almería. /EFE-Carlos Barba

    El hallazgo del cuerpo estrangulado del pequeño Gabriel Cruz, el Pescaíto, envuelto en una manta embarrada en el fondo de un maletero, no ha hecho suficiente mella en el PSOE, Podemos y PNV como para que perciban la urgencia social de la prisión permanente revisable. Mañana, en el Congreso, votarán para derogarla.

    Lo contrario le habían pedido personalmente unos padres que han padecido el infierno de ver cómo les arrancaban a sus hijos de la forma más cruel imaginable, con esperas agónicas y tormentos inenarrables, algunos todavía buscando sus cuerpos, pues ni siquiera han podido enterrarlos como merecen.

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    Se lo han pedido también más de tres millones de españoles con sus firmas, solidarizados con tanto dolor y, lo doy por hecho, aterrados por la sola idea de que una tragedia de semejante tonelaje, ciega, brutal, desgarradora, pudiera golpear a sus propios hijos.

    Pero ya sabemos que en España, las izquierdas y los nacionalistas solo salivan como chuchos ante las psicofonías del franquismo. Han dicho no a esos padres rotos y han dicho no a la opinión mayoritaria de la sociedad. Los mismos de la barra libre para todo tipo de mamarrachadas jurídicas y leyes liberticidas, como las de memoria histórica y las LGTBI, se niegan a complacer el sentido común por vaya usted a saber qué escozores de ideario.

    Menos de tres millones de personas han servido en España para justificar la exigencia de una república imposible en Cataluña, para respaldar un golpe de Estado y dilapidar millones del erario público en poner el Estado patas arriba al son de un mambo cuyo eco aún sigue sonando, a pesar del 155. Cualquier reclamación populista que contase con semejante respaldo sería invocada de inmediato como un mandato del pueblo. Parece que estoy oyendo al señor Iglesias y a su tropa chillona: el pueblo, el pueblo, el pueblo.

    Pero tratándose del mantener entre rejas a asesinos, pederastas, psicópatas, violadores, y toda esta estirpe de indeseables cuyos festines sangrientos pagan los más vulnerables, tres millones de peticiones no son nada. Es hablar de endurecer el Código Penal y a los partidos de izquierda (más el PNV, supongo que por su historial de compadreo con asesinos etarras) les entra el hipo garantista. ¿Qué se busca, justicia o venganza?, se pregunta el portavoz del PNV Aitor Esteban, con la distancia emocional que da el escaño.

    Padres que han demostrado, ante un vergonzoso desplante institucional (clamoroso en el caso de Podemos), que lo único que les mueve es que el sacrificio de sus hijos sirva para ahorrar más sufrimiento

    ¿Venganza? Que yo sepa, hasta la fecha, ninguno de esos padres rotos ha tratado de tomarse la justicia por su mano. Ahí están los de Marta del Castillo, de Diana Quer, de Mari Luz, y de tantos otros, ofreciendo un ejemplo de entereza y perdón que cuesta ver en el hemiciclo, donde muchos diputados han hecho del odio sectario su único credo.

    Padres que han demostrado, ante un vergonzoso desplante institucional (clamoroso en el caso de Podemos), que lo único que les mueve es que el sacrificio de sus hijos sirva para ahorrar más sufrimiento. Por supuesto que sí, se llama justicia, la más básica, la más elemental.

    Porque de eso va la prisión permanente revisable, de proteger a la sociedad, de evitar que los delincuentes más sanguinarios sean excarcelados sin cumplir la totalidad de sus penas y, con sus neuras asesinas engrasadas por los años de confinamiento, causar otro mal irreparable.

    A partir de los 25 años del cumplimiento de la condena, se puede revisar el caso y si el reo cumple las exigencias de rehabilitación, podría reinsertarse en la sociedad

    Al PSOE, Podemos y PNV no le parece bien una ley que se aplica en muchos países de nuestro entorno y que se centra en ciertos tipos delictivos especialmente abominables, como son el asesinato con obstrucción de la recuperación del cadáver, asesinato después de secuestro, violaciones en serie, violación a un menor tras privarle de libertad o torturarle, entre otros.

    No se trata de una cadena perpetua encubierta. A partir de los 25 años del cumplimiento de la condena, se puede revisar el caso y si el reo cumple las exigencias de rehabilitación, podría reinsertarse en la sociedad.

    Me pregunto cuántos Pescaítos más deben morir estrangulados en España para que los políticos, cada vez más alejados del sentir de los ciudadanos, entiendan que su deber es proteger a la sociedad de tipos como Carcaño, el Chicle y la tal Ana Julia, y no a estos de las consecuencias penales de sus actos.

    Ojalá mañana el Congreso nos diera una sorpresa manteniendo la prisión permanente revisable. Sería el mejor homenaje que podrían hacerle a Gabriel nuestros representantes públicos. Descansa en paz, chaval.

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