Pierda usted el miedo a que le llamen facha

    Usted mismo, por leer Actuall.com, debe asumir que es un facha. Si estuvo usted en Vistalegre hace unos días, es facha. Si decide visitar el Valle de los Caídos, aunque sea por mero interés turístico, es facha. Si va usted a misa o lleva a sus hijos a un colegio concertado, es facha.

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    La plaza de Colón de Madrid, repleta de banderas de España y ciudadanos clamando por su unidad.
    La plaza de Colón de Madrid, repleta de banderas de España y ciudadanos clamando por su unidad.

    Lo ha dicho recientemente en una entrevista Herman Terstch: en España no eres realmente libre hasta que no pierdes el miedo a que te llamen fascista. Y es que la izquierda es de gatillo fácil para colgarle ese sambenito a todo el que no piense como ella.

    Usted mismo, por leer Actuall.com, debe asumir que es un facha. Si estuvo usted en Vistalegre hace unos días, es facha. Si decide visitar el Valle de los Caídos, aunque sea por mero interés turístico, es facha. Si va usted a misa o lleva a sus hijos a un colegio concertado, es facha. Si le gusta la bandera de España o el himno nacional, no cabe duda: es usted un facha. No se le ocurra cuestionar el aborto, el matrimonio homosexual o la dictadura de género, porque se convertirá inmediatamente en facha.

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    Hay que reconocer que el método les ha funcionado. Durante décadas, la derecha ha huido como de la peste de que la identificasen con el franquismo. Y ha hecho lo que fuera necesario con tal de hacerse perdonar por la izquierda, que parecía que era la que acaparaba toda superioridad moral.

    La derecha acomplejada de este país se ha ido disolviendo como un azucarillo en agua caliente hasta aceptar prácticamente sin ambages todos los postulados progresistas. Dieron así la espalda a muchos de sus electores, que quedaban huérfanos de referentes de los ideales y principios que trataban de mantener y de transmitir a sus hijos. Los medios de comunicación, además, laminaban cualquier conato de proponer unos valores tradicionales y sólidos.

    «Son maestros de la confusión, profetas del pensamiento único, odiadores de aquellos que osan salirse del discurso oficial, ridiculizadores del disidente»

    Pero de un tiempo a esta parte, parece que eso ha ido cambiando. Lenta, pero inexorablemente. Y es que cada vez son más los españoles que muestran su orgullo de pertenecer a esta gran nación, de mostrar públicamente sus símbolos y de identificarse con su historia, sus héroes, su cultura y sus tradiciones. En definitiva, algo absolutamente normal que ocurre en cualquier país del mundo.

    Los otros seguirán graznando, escupiendo continuamente a diestro y siniestro el “facha” como una especie de mejunje paralizante que neutralice a sus oponentes. Pero es que son enemigos de la libertad, del pensamiento libre, de la diversidad de opiniones, del cuestionarse los dogmas que tratan de imponer. Son maestros de la confusión, profetas del pensamiento único, odiadores de aquellos que osan salirse del discurso oficial, ridiculizadores del disidente.

    Lo que pasa, como decía más arriba, es que ya muchos han superado el miedo a que les tilden de fascistas. Muchos, muchísimos; cada vez más. Les importa un comino el qué dirán, las etiquetas que les cuelguen y el rechazo que experimenten. Son fieles a sus principios, los defienden y los proponen, y no caen en la provocación de devolver el insulto con el que les agasajan.

    Y ése es el camino. En ocasiones se vuelve difícil y tortuoso, pero hay que seguir por él sin dejarse amedrentar por matones y mamporreros.

    Usted, ¿ya ha perdido el miedo a que le llamen facha?

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