Platón sabría a quién votar

    Estoy convencido de que Platón, hoy en día, votaría valores y huiría del mal llamado voto útil. El filósofo ateniense, por encima de la utilidad o del color político, colocaba a los principios inquebrantables del bien, la verdad y la belleza.

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    Platón.
    Busto de Platón, del siglo IV después de Cristo, en el Museo Pio-Clementino, de El Vaticano.

    La Filosofía, ya saben, es esa cosa densa y soporífera que no sirve para nada, que no tiene futuro ni salidas profesionales y que carece de utilidad. Además, tiene un defecto terrible y peligroso: hace pensar. Y eso hoy en día, con el rodillo del pensamiento único y uniformado, resulta inquietante para los poderosos y para los sumos sacerdotes de lo políticamente correcto.

    Por eso en los colegios se quitan horas de filosofía para dar cabida a materias “más prácticas y actuales” como la gimnasia, los idiomas, la informática (porque los pobres niños sólo usan una media de 4 ó 5 horas al día sus cacharros digitales), finanzas, robótica o mindfulness.

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    Así se crea un ejército sumiso, manipulable y mansurrón de homo faber, aquel hombre capaz de producir, competitivo, útil, rentable, que aporta valor –económico- a la empresa y al Estado. Básicamente, una pieza más de la colosal máquina de consumismo en que se ha convertido nuestra sociedad de bienestar.

    Tanto produces, tanto vales. Pero no pienses. Ya lo hacen el Estado y los popes de lo políticamente correcto por ti. Tú limítate a asentir y a aceptar las consignas que te vengan de arriba. No cuestiones nada o, mejor aún, cuestiónate solo aquello y a aquellos que yo te diga que tienes que cuestionar. Ama lo que yo te diga que debes amar y odia a aquel al que yo señale como destino de tu furia. Así no tendrás ningún sobresalto y te pondremos un sueldecito para que puedas seguir consumiendo y estés contento. Y anestesiado.

    Platón defendió que al gobierno sólo deberían acceder los que demuestren conocimientos y virtud, para que dirijan al pueblo a la luz de las ideas eternas de Justicia, Bien y Belleza

    Por eso es tan interesante y conveniente zambullirse en las fuentes de siempre, en los pocos sabios que en el mundo han sido, en la filosofía clásica, porque ahí está todo. O casi todo. Por eso digo, con Azorín, aquello de “lector, yo soy un pequeño filósofo” y trato de beber –menos de lo que debiera- de las fuentes de la sabiduría antigua.

    Hace 2.500 años, la situación política de Grecia tenía algunas similitudes con la nuestra actual. Salvando, queda claro, las distancias. Pero allí nos encontramos con charlatanes, sofistas, vendedores de humo y demagogos que alcanzaban el poder halagando y regalando el oído a los atenienses con falsas promesas por medio de una estupenda oratoria y poder de persuasión. Como verán, la historia se repite hoy en día.

    Platón se rebela contra esto. Y se atreve a cuestionar el sistema viciado, adulterado y corrompido que ha sentenciado a muerte a su maestro Sócrates, “el más justo de entre los hombres”. Si un régimen es capaz de eliminar al mejor de los atenienses, es que ese régimen está completamente resquebrajado.

    El filósofo griego sacude los cimientos de la democracia de Atenas al afirmar que no cualquiera está preparado para gobernar, y que al gobierno sólo deberían acceder los que demuestren conocimientos y virtud, para que dirijan al pueblo a la luz de las ideas eternas de Justicia, Bien y Belleza.

    ¿Se imaginan aplicar este rasero a nuestra clase política actual? ¿Cuántos asientos del Congreso quedarían vacíos? ¿Cuántos pueblos y ciudades mantendrían sus alcaldes? ¿Cuántos ministros se verían obligados a dimitir?

    Por eso, estoy convencido de que Platón, hoy en día, votaría valores y huiría del mal llamado voto útil. El filósofo ateniense, por encima de la utilidad o del color político, colocaba a los principios inquebrantables del bien, la verdad y la belleza, porque sólo esos valores pueden realmente mantener y sostener una democracia. Vivir en un sistema democrático no debería ser fácil -como se cree mayoritariamente en la actualidad- porque la virtud exige dar la mejor versión de uno mismo y buscar constantemente la verdad. Y eso es exigente.

    En fin, que evidentemente no voy a dar unas siglas concretas de a quién considero que votaría Platón. Sería una osadía por mi parte. Pero que cada uno saque sus propias conclusiones y vote a los políticos virtuosos que busquen el bien, la justicia, la belleza y la verdad. Alguno queda. Sólo hay que buscarlos.

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