Por qué es mala noticia que disminuyan los incendios forestales

    El número de grandes incendios forestales (los que destruyen más de 500 hectáreas) en España es hasta hoy es de uno solo. Una buena noticia, pensará usted, ¿verdad? Pues se equivoca, inconsciente. Es otra muestra del cambio climático. Estamos en el apocalipsis y le va a pillar en bermudas.

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    Imagen de archivo de un incendio forestal.
    Imagen de archivo de un incendio forestal.

    Es mentira que la España peninsular sea un desierto, como claman los ecologistas y los nacionalistas vascos y catalanes (¡curiosa alianza de carcas!). El número de árboles no para de aumentar, porque se plantan más, porque los campos cada vez están más vacíos, y porque hay menos incendios.

    Precisamente, el número de incendios forestales este año está siendo bajísimo. Hasta el 24 de junio pasado, el número de todos los incendios registrados ha caído a 2.856. ¡Un 61,5% menos respecto al mismo periodo de 2017, cuando hubo 7.428 fuegos. Además es un 51,96% por debajo de la media de los últimos 10 años (5.945).

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    En la primera mitad de 2018, el número de incendios forestales ha bajado más de un 60% respecto a los mismos meses de 2017

    El 28 de julio, Antena 3 emitió un reportaje para abundar en la misma idea. El número de grandes incendios forestales, es decir, los que destruyen más de 500 hectáreas de superficie, había sido entre enero y julio de 2017 de 10, mientras que en 2018 sólo ha habido uno. La superficie quemada en lo que llevamos de año ha sido de 9.950 hectáreas, menos de la cuarta parte de la media de la última década, que es de unas 45.000 hectáreas.

    La primera explicación que daba la cadena a esta excelente noticia, y que quizás sea la única, fue la de la primavera húmeda de que hemos disfrutado y que ha impedido que la hojarasca y la leña se conviertan en combustible. A continuación, una tal portavoz de incendios forestales de la ONG WWF añadía que la razón de que este verano en Suecia haya una ola de incendios, mientras que en España y Portugal han desaparecido es «claramente, el cambio climático».

    Una vez sentada la premisa mayor o, como dijo el lingüista progresista George Lakoff, el marco, los periodistas pasaron a hablar de otras causas, como el abandono del campo y la construcción de casas literalmente en el quinto pino.

    Las lluvias y la humedad, que se prolongaron hasta junio, son la causa principal, pero WWF lo atribuye al ‘cambio climático’

    El manual básico del agitador establece que no puede haber ni una buena noticia, para que la gente no se relaje ni deje de estar enfadada. Es lo que pasa con el feminismo, que presenta a España, uno de los países más seguros del mundo para todas las personas con independencia de su sexo, como un paraíso para violadores de mujeres. También con la extrema izquierda, que sigue dando la matraca con los jubilados famélicos y los desahucios. Y, por supuesto, con los ecologistas, para quienes todo, incluso que el sol salga por las mañanas, se debe al ‘cambio climático’.

    WWF publicó este año un informe sobre incendios en el que con su habitual estilo alarmista presentaba este cuento de terror: «ha nacido una nueva generación de ‘superincendios’ de alta intensidad, impredecibles e ingobernables para los cuerpos de extinción, que arrasan el medio natural y también viviendas y todo lo que se le pone por delante​”. En vez del apocalipsis nuclear, ahora viene el apocalipsis ígneo.

    En Grecia murieron docenas de personas en un pueblo porque la avaricia y la corrupción permitieron la construcción de casas, muros y calles sin vías de escape

    ¿Sabe por qué han sido tan terribles los incendios en Grecia? No por el cambio climático, sino por la estupidez humana. Las docenas de muertos en el pueblo de Mati, a unos 30 kilómetros de Atenas, se debieron a la construcción de chalés, urbanizaciones y muros fuera de toda norma urbanística. Las calles no tenían acceso a las playas y muchas se convirtieron en ratoneras para quienes huían.

    A lo anterior se le añade la falta de recursos contra incendios después de años de recortes presupuestarios ordenados por Bruselas en un país pésimamente gobernado (por el PP, el PSOE y ahora el Podemos locales) y corrupto hasta la médula.

    Aparte del ‘cambio climático’, el otro villano habitual suele ser la mano negra: unos incendiarios que pegan fuego a los montes para recalificar los terrenos o distraer a la policía mientras los narcos introducen alijos de droga. Por lo general, los incendiarios suelen ser excursionistas imbéciles (como los que iniciaron un fuego atroz en Guadalajara en 2005 que mató a once personas) o pobres locos.

    Mucha gente levanta viviendas en vaguadas y rieras, la autoridades no se lo impiden y después del fuego o la inundación quedan muertos que enterrar

    Más letal es la construcción de viviendas en laderas de montes, en bosques, en vaguadas o en rieras es una práctica muy común en el Mediterráneo, desde Cataluña y Andalucía a Grecia y Sicilia, que las autoridades no persiguen, por eso de no perder los votos de los indígenas, pero que puede causar luego muertes cuando se producen incendios, avenidas o ‘gotas frías’. Pero hasta que no ocurre la catástrofe, nadie se preocupa, en especial los que cobran por evitarla.

    Por tanto, invocar el ‘cambio climático’ es como invocar la ‘herencia recibida’, las ‘estructuras de pecado’, el ‘heteropatriarcado’, los ‘mercados’, la ‘infancia terrible’ o el ‘colonialismo’. Una manera comodísima de que los verdaderos responsables queden impunes.

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    Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es 'Eternamente Franco' (Homo Legens).