¿Por qué no saldrán negros en ‘Dunquerque’, ni esquimales en ‘Gladiator’?

    Fueron a por Alicia Rubio, a por Joaquín Sabina, a por Tertsch, y ahora a por la avioneta de HO, o a ver si ‘Dunquerque’ es ‘negro-foba’. Son los censores. Vuelven, con sus tijeras largas y sus ideas cortas, a hacer lo que mejor saben: el ridículo.

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    Pablo Iglesias, el actor Harry Styles en "Dunkerque" y Ruseel Crowe en "Gladiator" / Actuall

    «El hecho de que sólo aparezcan un par de mujeres y no haya actores negros en los principales papeles puede molestar a algunos».

    Esta frase referida a la película Dunquerque, de Christophen Nolan, no es de un tuitero friki; ni un chiste malo de los que circulan por watsapp.

    Algunas personas creen que La Sexta da información.

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    Es de Brian Truitt, crítico de cine del diario USA Today. Estamos hablando de unos de los rotativos -editado por el Grupo Gannet- de mayor difusión de Estados Unidos. Y los textos de Truitt los siguen en medio mundo, cada vez que se estrena una película.

    Y sí, enjuicia las calidades cinematográficas de Dunquerque, pero también desliza esa aseveración. no vaya a ser que se sientan discriminados las mujeres y los negros. Lo malo no es que Truitt se acuerde de ellas y ellos en una batalla de 1940, en las costas francesas, sino que lo diga en serio.

    Eso es lo peor de los censores y sus variantes los insoportables buenistas (que reescribirían ‘Caperucita Roja’ para no incurrir en «lobofobia»).

    Sabandijas entre escombros

    Se pasan del día buscando conspiraciones, y con la susceptibilidad a flor de piel, viendo a quien delatar, a quien multar (sobre todo multar… ¡la pasta, estúpidos!), buscando brujas debajo de las alfombras, o montadas no en escobas sino en avionetas color naranja.

    Han vuelto los censores. Una especie que parecía tan extinguida como los saurios del Jurásico, tras los juicios de Nüremberg y la caída del Muro.

    Están convenientemente untados por el poderoso de turno para ejercer su oficio de inquisidor de vía estrecha

    Pero, sabandijas acostumbradas a sobrevivir entre escombros, han emergido del sótano con sus lápices rojos y su lengua de Barrabás.

    Son fáciles de reconocer. Se definen por dos rasgos principales: primero, suelen ser los más torpes del pelotón -están ahí porque no durarían ni cinco minutos en un trabajo normal-.

    Son capaces de cambiar “nigger” (negro) por esclavo en las novelas de Mark Twain, para no molestar a Obama; o de reescribir, de pe a pa, la Guerra Civil del 36… a buenas horas. Y todo por encargo.

    joaquin sabina
    El cantante español Joaquín Sabina / EFE

    Porque este es el segundo rasgo: son la voz zalamera de su amo. Están convenientemente untados por el poderoso de turno para ejercer su oficio de inquisidor de vía estrecha.

    Sobre todo por los poderosos de la izquierda en cuyas limitadas entendederas nunca cabrán un concepto como el de la libertad de expresión. Se han quedado en la checa y la delación, incapaces de dar el paso. Y han confundido la España de 2017 con la Rusia soviética de los años 30 o 40, cuando te enviaban a Siberia por decir… la verdad.

    Dan miedo vistos de cerca, pero vistos con perspectiva, cuando pase el tiempo quedarán como lo que son: objeto de mofa. Porque otra cosa no, pero el censor es un maestro haciendo el ridículo.

    Mentes retorcidas

    Un par de ejemplos. Los censores retocaron ¡hasta los Cinco secretos, de Enyd Blyton! Una novelita juvenil más inocua que las yemas de Santa Teresa.

    Así en Los cinco van de camping se cambia la frase: «Ha sido una imprudencia vuestra visita al campamento gitano» por esta otra: «No fue buena idea ir al campamento de los trotamundos».

    Y pusieron sus quisquillosas manos sobre la novela Matar un ruiseñor, de Harper Lee (cuya versión cinematográfica le proporcionó un Oscar a Gregory Peck).

    Dante Aligheri
    Dante Aligheri, autor de «La divina comedia»

    Querían impedir que se leyera en las escuelas de Virginia por el uso ‘inapropiado’ de la palabra «nigger», cuando resulta que Matar a un ruiseñor es una reivindicación de los negros en la Alabama de los años 30: cuenta la defensa que hace un abogado blanco de un negro acusado de violar a una mujer WASP, y cómo se enfrenta a los arraigados prejuicios raciales de aquel tiempo y lugar.

    Lo cual lleva a preguntarse si los censores leen las obras censuradas… o lo que sus mentes retorcidas se figuran.

    Si es así, tienen por delante la obra del Escorial, porque la literatura universal está plagada de palabras-trampa para lo Políticamente Correcto como «sodomita» u «Otelo» y autores como Quevedo, Joyce o Shakespeare.

    ¿Van a advertir que el libro del Éxodo puede molestar a los chinos porque no aparecen citados?

    ¿Qué van a hacer?: ¿reescribir La Divina Comedia porque Dante insulta a Mahoma -como llegó a decir una consultora de Naciones Unidas?, ¿hacer una hoguera con Bocaccio? ¿meter en la trituradora a la novela picaresca, que se ríe de los ciegos?, ¿vetar a Buñuel porque se mete con los mexicanos en ese monumento cinematográfico titulado Los olvidados?,

    ¿advertir que el libro del Éxodo puede molestar a los chinos porque no aparecen citados?, ¿cortar las canciones de Sabina porque ya no se pueden hacer chistes de mujeres y porque son machistas? ¿poner en cuarentena a Tintín porque era belga y estuvo en el Congo? ¿suprimir a los cerdos de Rebelión en la granja porque puede herir la sensibilidad del  colectivo porcino?

    Ahora que vuelven los censores, con sus tijeras largas y sus ideas cortas, tendremos que agudizar el ingenio para colarles camellos por el ojo de la aguja.

    Lástima que no tengamos entre nosotros a genios como el poeta florentino o como nuestro Quevedo. Este hubiera dedicado un soneto vitriólico a los comisarios de lo políticamente correcto, y Dante los hubiera metido en uno de los siete círculos del Infierno, como hizo con alguno de sus enemigos.

    Figuradamente, claro. Tengamos la fiesta en paz.

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    Nacido en Zaragoza, lleva más de 30 años dándole a las teclas, y espera seguir así en esta vida y en la otra. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y se doctoró cum laude por el CEU, ha participado en la fundación de periódicos (como El Mundo) y en la refundación de otros (como La Gaceta), ha dirigido el semanario Época y ha sido contertulio en Intereconomía TV, Telemadrid y 13 TV. Fue fundador y director de Actuall. Es coautor, junto con su mujer Teresa Díez, de los libros Pijama para dos y “Manzana para dos”, best-sellers sobre el matrimonio. Ha publicado libros sobre terrorismo, cine e historia.