El programa de Sebastian Kurz para Austria y para Europa

    La formación de Gobierno en Austria ha generado preocupación en algunas esferas de la Unión Europea por las medidas que puede tomar. La inmigración es lo primero que se vigila pero hay otras muchas propuestas interesantes.

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    El primer ministro austríaco, Sebastian Kurz (izqda.) y el presidente del Consejo Europeo (dcha.)

    Sebastian Kurz, el wunderkind austríaco, ha formado coalición con los ex neonazis del FPÖ. El nuevo Gobierno supone una victoria para una derecha europea que está en plena transformación, en plena batalla entre los más liberales y la nueva-vieja derecha transida de nacionalismo.

    La derecha nacionalista, identitaria (absurda, por tanto, pues la identidad conduce a la izquierda), ha recibido con alborozo al nuevo Gobierno europeo. Lo interesante, para nosotros, es saber exactamente qué propone, y cuáles son los motivos por los que lo hace. Cuál es su programa. Cuál es su propuesta.

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    Ambos partidos han firmado un programa de 182 páginas que se pueden resumir en unos pocos párrafos. Gran Bretaña nos ha enseñado que el camino hacia la integración europea tiene dos sentidos, pero el programa del nuevo gobierno austríaco no se plantea ni una salida ni un referéndum que la plantee. Pero sí quiere detener el proceso de cesión de poder a Bruselas, e incluso que los Estados miembros recuperen parte de sus facultades.

    La Unión Europea no tiene historia, no en comparación con cualquiera de los Estados miembros, ni arraigo democrático

    Desintegración es un término demasiado drástico para esta marcha atrás en la cesión de soberanía a un ente común. Mientras encontramos uno mejor, miremos al trasfondo de este celo de parte de los ciudadanos europeos ante Bruselas.

    Todo poder necesita revestirse de una concepción del poder; de una ideología, podríamos decir, tras la muerte de Dios. La Unión Europea no tiene historia, no en comparación con cualquiera de los Estados miembros, ni arraigo democrático. De modo que necesita otros valores que le justifiquen ante los ciudadanos europeos, sobre todo cuando el valor supremo, la democracia, está en los Estados y no en las instituciones comunitarias.

    Son esos valores que se han convertido en canónicos, que nos dicen cómo hemos de modelar la sociedad para que sea perfectamente justa, y que por tanto otorgan un propósito a las instituciones europeas. Nos hablan de un futuro que podemos tocar con los dedos. De 2020, por ejemplo.

    Esos valores, que nos hablan de la construcción de una nueva sociedad, chocan con otros, más tradicionales, que la hipermodernidad no ha podido erradicar. Esa lucha entre visiones antropológicas tiene como campo de batalla la Unión Europea. Con una gran dificultad para los popes del nuevo poder, y es que la democracia cae del lado tradicional.

    Lo que llamamos populismo de derechas son los campeones de las consultas populares. El programa de Kurz apoyará la celebración de un referéndum si lo apoyan 900.000 firmas

    Por eso, lo que llamamos populismo de derechas son los campeones de las consultas populares. Por eso el programa de Sebastian Kurz recoge que se apoyará la celebración de un referéndum cuando esté apoyado por, al menos, 900.000 firmas.

    Uno de los valores tradicionales es el de la comunidad; la comunidad nacional, que es una comunidad étnica, pero en el sentido puramente cultural. Los nuevos valores quieren borrar esas culturas nacionales, para crear un nuevo ciudadano; un ciudadano europeo, de origen indistinguible. En esta lucha por definir a qué comunidad pertenecen los europeos, juegan un papel fundamental los inmigrantes, e incluso los refugiados.

    Para quienes podríamos llamar tradicionalistas, pero también populistas, es importante que estos movimientos masivos de personas no amenacen la identidad del país. Y ello exige un control. Por eso el programa prevé asegurar las fronteras nacionales y las europeas para controlar la llegada de extranjeros no comunitarios.

    No se trata sólo del mantenimiento de unos valores y una forma de vida comunes y propios de la sociedad, sino también de una cuestión de seguridad. Por eso también prevé asumir la lucha contra el islamismo radical como una prioridad. La coalición incluye otras medidas que también forman parte de esa lucha aunque, en principio, no tengan por qué serlo.

    No se trata sólo del mantenimiento de unos valores y una forma de vida comunes y propios de la sociedad, sino también de una cuestión de seguridad

    Por ejemplo: prevén introducir penas más severas contra los crímenes violentos y contra los de carácter sexual. No lo dicen, pero están pensando en esa parte de los inmigrantes y refugiados que cometen, con más frecuencia que los nacionales, ese tipo de crímenes.

    Otro ejemplo: la política educativa. El Gobierno, por un lado, quiere elevar la calidad de la educación, un propósito que está en todos los programas de todos los partidos políticos, pero que exige ir a las reuniones con los sindicatos educativos con una coraza y con tapones en los oídos.

    Pero por otro, la política educativa le presta especial atención al idioma del país, el alemán. Los niños sólo podrán ir al colegio si conocen suficientemente el alemán. El objetivo no es, como puede creer un mal pensado, expulsar a los hijos de los inmigrantes del sistema educativo, sino obligar a los padres a facilitar la integración de sus hijos. De hecho, la futura reforma prevé reducir a los padres sus beneficios sociales si no escolarizan a sus hijos, y ello pasa por que hablen el idioma.

    El objetivo es que no se creen guetos de sociedades extranjeras en suelo austríaco, esas áreas que se ven en Francia, en Bélgica, en Holanda, en las que no se oye hablar el idioma del país, la ley es desconocida, y no entra la Policía.

    Austria no debe ser un local de alquiler para la reproducción de comunidades extranjeras, sino una sociedad en la que tienen que integrarse quienes vayan a ella

    La coalición entre los conservadores de Kurz y la derecha populista del FPÖ entiende que Austria no debe ser un local de alquiler para la reproducción de comunidades extranjeras, sino una sociedad en la que tienen que integrarse quienes vayan a ella. Esa posición explica que se adopten otras medidas, como que no se concedan numerosas ayudas a quienes lleguen al país hasta pasados cinco años.

    Eso asegura que no acuden sólo para engancharse a las ayudas, que van a contribuir con su trabajo y a sostenerse con él, y que han demostrado durante un lustro su vocación de quedarse en el país. Se reducen los beneficios a los refugiados, y se les da en especie, no en dinero. Por otro lado, aumentarán las deducciones de impuestos por hijo a 1.500 euros.

    En materia económica, quizás lo más interesante es que le dan la vuelta a la lógica fiscal. Prevén una reducción de impuestos, especialmente a la reinversión de beneficios en el país. El objetivo es la reducción de impuestos, y para financiarla se prevé un adelgazamiento del gasto. En España todo el mundo entiende que el aumento del gasto es siempre positivo, y la reducción de impuestos tiene que justificarse por medio de la curva de Laffer, una idea que puede ser cierta pero que no lo es necesariamente.

    En definitiva, es un programa irreprochable desde el punto de vista comunitario, pero que persigue objetivos que no son los de la ideología de Bruselas. Un programa para Austria y para Europa que será el contrapunto de la Francia de Macron.

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    José Carlos Rodríguez es periodista. Forma parte del equipo de ProducciONE, pero en otra vida ha sido redactor jefe de Internacional de La Gaceta, y ha trabajado en la prensa digital en medios como Factual.es, elimparcial.es y libertaddigital.com. También ha colaborado con el semanario Alba, Expresión Económica, La Ilustración Liberal, La Gaceta de los Negocios o la agencia APIE, entre otros.