¿Qué tenían en común Franco, don Juan Carlos, James Stewart e Isabel Preysler?

    La pasión por la caza ha unido a varios personajes populares de la historia reciente de España, desde Franco a Isabel Preysler.

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    Franco, James Stewart, Juan Carlos I e Isabel Peysler
    Franco, James Stewart, Juan Carlos I e Isabel Peysler

    Don Juan Carlos siguió desde sus inicios el ejemplo de la escopeta que hizo furor durante cuarenta años en los cotos españoles: la de Francisco Franco Bahamonde, a quien acompañó no pocas veces en sus cacerías.

    La primera vez que cazó en la célebre finca Encomienda de Mudela, con más de 20.000 hectáreas en la provincia de Ciudad Real, por la que transitaron sus regios antepasados Alfonso XII y Alfonso XIII, fue en enero de 1972, cuando aún era príncipe.

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    Antes había participado en monterías oficiales en cotos como el de Selladores, Lugar Nuevo o La Centenera, y en algunos privados como Los Alarcones. Y mucho antes incluso, recién llegado a España para estudiar en Las Jarillas, la espléndida finca del marqués de Urquijo en las proximidades de Madrid, improvisada como escuela, el joven príncipe había pegado ya sus tiritos con la moderna escopeta que le regaló Franco en su primera entrevista con él en El Pardo.

    De aquella época data su primer trofeo: la cabeza disecada de una liebre que durante muchos años adornó una de las paredes de Villa Giralda, la residencia de los condes de Barcelona en el exilio de Estoril (Portugal), junto a los colmillos de elefante cobrados por doña María en uno de sus safaris en Kenia y Angola a los que su esposo, don Juan de Borbón, era tan aficionado.

    Aquel fin de semana de enero de 1972, don Juan Carlos se entregó a su gran afición en compañía de Franco, los marqueses de Villaverde, los banqueros Juan y Carlos March, y el empresario José Barreiros. Los cazadores abatieron en total 2.239 perdices. Se dice pronto.

    El actor James Stewart era también un experimentado tirador.
    El actor James Stewart era también un experimentado tirador.

    Tan excelente era aquel coto de perdices, que Franco lo eligió para reunir a los doce mejores tiradores del mundo, incluido el actor norteamericano James Stewart, que también pegaba tiros fuera de la gran pantalla, pues por algo era coronel del ejército.

    La competición, al término de la cual se cobraron 11.000 perdices, se resolvió a favor de Carlos Fitz James, conde de Teba, apodado Bunting y reconocido como la mejor escopeta española de todos los tiempos, que en aquella ocasión abatió 1.800 perdices él solito. Bunting Teba, para los amigos, tiraba a las mil maravillas a todo lo que se le pusiera por delante, ya fuese perdiz, zorzal, pato, paloma, venado, corzo o montés.

    El conde de Teba fue un excelente cazador, tal vez el mejor español de todos los tiempos
    El conde de Teba fue un excelente cazador, tal vez el mejor español de todos los tiempos

    Teba fue campeón del mundo de tiro de pichón durante varios años y lo fue en ocasiones junto a una gran figura de la caza actual, Miguel Primo de Rivera y Urquijo, amigo íntimo del rey Juan Carlos, nieto del dictador Primo de Rivera y sobrino del fundador de la Falange.

    El duque de Primo de Rivera puede considerarse como el continuador cinegético del conde de Teba, tremendamente hábil con el rifle y la escopeta. Una de sus tres hijas, Reyes, está casada con el duque de Arión y es también una excelente cazadora.

    Cazar en Mudela, o en cualquier otra gran finca, implicaba un movimiento importante de personal al que, lógicamente, había que pagar. Don Juan Carlos o el mismo Franco eran siempre invitados de lujo. Para hacerse una idea aproximada del gasto que cada cacería acarreaba, digamos que, además de la docena de guardas que vigilaban la enorme superficie de la finca, hacían falta 240 ojeadores, 65 destripadores y preparadores de perdices, 15 conductores de Land Rover, otros tantos conductores particulares, 30 secretarios, 25 encargados del servicio de habitaciones y 25 cocineros y camareros. En total, 427 personas que percibían sueldos y dietas.

    En una de las ocasiones que cazó en Mudela, don Juan Carlos pudo disfrutar también de su otra gran pasión: los coches. Curiosamente, otro de los insignes invitados a la cacería, Ignacio Sáez de Montagut, presidente de Santana, apareció en Mudela a bordo de un flamante Range Rover recién salido de fábrica. El príncipe se lo pidió prestado e hizo una magistral exhibición sobre terreno embarrado.

    Nueve años después, a principios de febrero de 1981, siendo ya rey, don Juan Carlos se había puesto al volante de su propio Range Rover. El asiento delantero estaba ocupado por Isabel Preysler, con la ventanilla abierta, en cuyo borde se apoyaba el ingeniero y experto cazador Vicente Sánchez, que hablaba con ellos mirando hacia el interior. Carlos Falcó, marqués de Griñón, novio entonces de la Preysler, ocupaba uno de los asientos traseros.

    Los cuatro aguardaban a que José Manuel, Mamel, Landaluce, tirador estrella en España en cualquier modalidad y toda una institución en la cría de perdiz roja, se presentase con su montón de perdices para obtener el resultado definitivo del ojeo.

    Habían sido invitados aquel fin de semana a Alhambra, una de las mejores fincas españolas de perdices, propiedad del abogado José María Blanc, dueño también de uno de los mejores cotos de cabra montés en la sierra de Gredos, denominado Encinoso.

    Precisamente José María Blanc acompañaría y asesoraría años después al ex presidente francés Valery Giscard d’Estaing para que pudiese obtener el preciado trofeo de un macho montés.

    En la cacería había participado también Manuel Prado y Colón de Carvajal, quien, pese a haber perdido su antebrazo izquierdo, daba gloria verle derribar perdices y hacer dobletes.

    El propio Vicente Sánchez, testigo de excepción de aquella relajada espera, contaba así lo que sucedió en su interesante libro Caza y poder, publicado en 2005:

    “… Su Majestad dijo:

    -Vamos a poner música

    Y apretó la casete que estaba a medio insertar en la radio del Range Rover. Inmediatamente salió la voz de Julio Iglesias, cantando una de sus bonitas y melodiosas canciones.

    Carlos Falcó, desde atrás, saltó como una hidra:

    -¡Señor, qué mal gusto tiene!

    Sin dar mucho tiempo a pensar, Isabel se volvió rápida, enérgica y con voz seca y molesta le espetó:

    -¡Carlos, Julio será lo que sea… pero tiene una voz preciosa y canta como los propios ángeles!

    El Rey, que estaba ligeramente vuelto hacia el interior del coche y me miraba directamente, con cara divertida me guiñó un ojo, haciéndome una significativa mueca con la cara.

    Yo no sabía qué hacer, porque me entró la risa ante tan divertido episodio. Traté de disimular buscando el paradero de Manel.

    Durante la cena y después, nos volvimos a divertir recordando la escena y, entre risas, le dije a Su Majestad:

    -Señor, es Usted maligno, porque sabía de quién era la casete.

    Y se partía de risa poniendo cara picarona”.

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    Con cerca de treinta libros, José María Zavala, periodista y escritor de larga trayectoria, ha investigado sobre la Guerra Civil, los Borbones, Isabel la Católica y el fundador de la Falange, con el bestseller 'Las últimas horas de José Antonio'. También ha publicado un libro revelador sobre el Padre Pío de Pietrelcina, el santo de los estigmas. Actualmente colabora en 'La Razón', tiene un blog en Religión en Libertad y participa en el programa Cuarto Milenio (Cuatro) con Iker Jiménez.