El juez Sergio Moro, muñidor de la operación Lava Jato que encarceló a Lula da Silva, acepta ser ministro de Justicia con el presidente Jair Bolsonaro. /EFE
El juez Sergio Moro, muñidor de la operación Lava Jato que encarceló a Lula da Silva, acepta ser ministro de Justicia con el presidente Jair Bolsonaro. /EFE

El 13 de marzo de 2016, en la mayor manifestación ciudadana en la historia de Brasil, además de “fora Dilma” [fuera Dilma] y “nossa bandeira jamais será vermelha” [nuestra bandera jamás será roja], una de las frases de orden más utilizadas era: “Somos todos Moro”.

Ese domingo, casi cinco millones de personas inundaron las calles de 377 ciudades del país para pedir el impeachment de la entonces presidente Dilma Rousseff, exigir la prisión del exmandatario Luiz Inácio ‘Lula’ da Silva y dar respaldo irrestricto a Sergio Moro, el magistrado responsable por la mayor investigación criminal en la historia de Brasil, denominada Operación ‘Lava Jato’.

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La revista Fortune evaluó de forma certera este hecho y colocó al juez Moro en el lugar 13 de su lista de 50 líderes que “están transformando el mundo e inspirando a otros a hacer lo mismo”. El magistrado es una referencia internacional en el combate a la corrupción y un símbolo de renovación moral y política para sus compatriotas.

Hoy, a dos años y medio de distancia, este es el cuadro: Dilma cayó, Lula está en la carcel y Moro ha sido nombrado ministro de Justicia por el presidente electo, Jair Messias Bolsonaro, este 1 de noviembre. La prensa ‘progresista’ y la izquierda chilló. Aseguran que su incorporación al nuevo gobierno es una “prueba irrefutable” de que condenó a Lula por “fines políticos”.

¿Qué significa el nombramiento de Moro?

Por las manos de Moro han pasado casi todos los casos de la Operación Lava Jato, que, desde 2014, ha develado y desmontando una vasta red de corrupción operada por el Partido de los Trabajadores (PT) para sustentar un proyecto de poder de largo plazo, que a poderosos políticos de diversos partidos y grandes empresarios, hasta hace poco considerados intocables.

La ‘Lava Jato’ cambió el rostro del país e impactó a la región: llevó a prisión, por ejemplo, al magnate de la construcción Marcelo Odebrecht y a ‘Lula’, colocó bajo investigación a otros cuatro exmandatarios brasileños y, por lo menos, a 19 expresidentes latinoamericanos. Hasta ahora esta prevista la recuperación de poco más de 12 billones de reales, de los que ya fueron devueltos casi dos billones.

No hay ningún caso comparable a este en América Latina. Se trata de un hecho inédito, que, además, cuenta con un amplísimo respaldo popular. La llegada de Moro al Ministerio de Justicia instalará esa misma experiencia en el próximo gobierno. En cierto sentido, Bolsonaro, que prometió a combatir sin tregua la corrupción, tendrá una “Lava Jato” operando ininterrumpidamente.

“Han tratado de corromperlo, por supuesto, y sin duda es un milagro que esté todavía vivo”, ha dicho de Moro Mario Vargas Llosa

Moro, inicialmente reticente a la invitación, dijo haber aceptado porque podrá implementar una “fuerte agenda de combate a la corrupción y al crimen organizado” y eliminar el riesgo de retrocesos. Una de sus ideas es integrar el Consejo de Control de Actividades Financieras (Coaf) al Ministerio; quiere seguir en tiempo real las alertas a movimientos financieros irregulares.

Si se añade, además, que el capitán Augusto Heleno será el ministro de Defensa, una pinza eficaz estará montada para desarticular las redes de narcotráfico y venta ilegal de armas. Heleno fue Comandante Militar de la Amazonia, conoce el modus operandi de los criminales y sabe que reciben apoyo de Venezuela y Bolivia, pues, llegó a denunciarlo a Nelson Jobim, ministro de Defensa de Lula.

En pocas palabras el nombramiento de Moro significa la posibilidad de que, por primera vez desde la democratización, un gobierno emprenda un combate real y eficaz contra la corrupción y el crimen organizado. Si duda, un duro golpe a la delincuencia, que puede alcanzar a personajes insospechados y tener repercusiones para el resto de la región.

¿Quién es Sergio Moro?

En abril de este año, el premio Nobel peruano, Mario Vargas Llosa dio a sus lectores un bosquejo de Moro:

“Hay muchas gentes admirables en Brasil […] pero, si tuviera que escoger uno de ellos como modelo ejemplar para el resto del planeta, no vacilaría un segundo en elegir a Sérgio Moro, ese modesto abogado natural de Paraná, que, luego de recibirse de abogado, entró a la magistratura haciendo oposiciones en 1996. […] Han tratado de corromperlo, por supuesto, y sin duda es un milagro que esté todavía vivo. Pero allí está, formando parte de lo que viene siendo una verdadera, revolución silenciosa: el retorno de la legalidad, el imperio de la ley, en una sociedad a la que la corrupción generalizada estaba desintegrando e impidiéndole pasar de ser el ‘gran país del futuro’ que ha sido siempre a ser el gran país del presente”.

Moro tiene 46 años, nació en Ponta Grossa, una pequeña ciudad del interior del sureño estado de Paraná. Su infancia y juventud la pasó en Maringá, quizá la ciudad más católica y tradicional del estado. Hijo de los profesores Odete Starke e Dalton Áureo Moro. Su padre, ya fallecido, docente universitario de geografía, es recordado como un hombre discreto, honesto, modesto, enfocado en la familia y en su trabajo, que “creía en el imperio de la ley”. Su madre, mujer estimada en su comunidad, es ministra de eucaristía.

Se formó en derecho en la Universidad Estatal de Maringá en 1995. Un año después obtuvo, por concurso, el cargo de juez federal. En 1998 completó sus estudios en la Harvard Law School y participó en el programa de estudios sobre lavado de dinero del Departamento de Estado americano. Es doctor en Derecho por la Universidad Federal de Paraná, donde también es profesor.

Sergio Moro, ministro de Justicia de Brasil nombrado por el presidente Jair Bolsonaro /EFE
Sergio Moro, ministro de Justicia de Brasil nombrado por el presidente Jair Bolsonaro /EFE

Es considerado uno de los mejores especialistas en lavado de dinero y fue asesor de la ministra Rosa Weber durante el proceso en el Supremo Tribunal Federal (STF) del escándalo del ‘Mensalão’. A pesar de su juventud, en 2014 la Asociación de Jueces Federales de Brasil le propuso para ocupar el lugar dejado por Joaquín Barbosa en la Corte. El gobierno hizo de todo para marginarlo e impuso al abogado Luiz Fachin, que realizó campaña por la presidente Dilma Rousseff en las elecciones de 2010.

Moro normalmente no acepta entrevistas. Antes de asumir la ‘Lava Jato’ ya era discreto, pero tenía más libertades. Llegaba todos los días a trabajar a la 13ª Vara Criminal Federal de Curitiba de bicicleta.

Es reservado en lo que respecta a su vida familiar. Amigos y familiares admiten que son orientados para no exponerlos. Está casado con Rosângela Wolff de Quadros a la que conoció en 1996. También está formada en Derecho y su figura, delgada y menuda, contrasta con la de Moro, alto y robusto. Ella, de ojos grandes y amplia sonrisa, extrovertida. Él, casi siempre serio y de ropas oscuras.

Una fuente de inspiración la encuentra en la justicia estadounidense a la que admira su eficácia: juzga, condena y prende. O absuelve

Tienen dos hijos en edad escolar. La familia vive en un departamento de clase media en la zona norte de Curitiba. Dos coches. Nada de ostentación. El salario líquido de Moro es de casi 25.000 reales, dentro del rango habitual de jueces de primera instancia. Por lo menos una vez por semana intentar tener una cena o reunión con amigos cercanos, en casa o en algún restaurante. Un invitado frecuente en estas reuniones afirma que “no se conversa de política o asuntos de justicia, es un tipo tranquilo, tímido, al que le gusta de estar con la familia, los amigos, fumar algún puro y tomar un buen vino”.

Simple, objetivo y eficiente

Sus sentencias son claras y directas de forma que los condenados puedan leerlas y entenderlas, destacando de forma puntual las pruebas que han sido consideradas para el veredicto. Él mismo las escribe. Su actuación en las audiencias con testigos o acusados es calmada y asertiva. No pierde la tranquilidad ni altera su voz ni siquiera cuando es increpado.

Es eficiente. Hasta este momento hay ya 289 personas acusadas en Curitiba por la operación ‘Lava Jato’ y en los cuatro años que el proceso ya impartió 123 condenas, incluida la del expresidente ‘Lula’. Para ello ha permitido el uso de todos los instrumentos legales a su disposición: conducción coercitiva, prisión preventiva o temporal, acuerdos internacionales, bloqueo de bienes en el país y en el exterior, acuerdos de ‘indulgencia’ con empresas y, sobre todo, acuerdos de colaboración premiada con los reos. Para Moro, éste último instrumento es fundamental en la obtención de pruebas contundentes.

Las instancias superiores respaldaron de forma casi irrestricta sus decisiones. De cada 100 recursos impetrados por los abogados, 97 son rechazados. Las tentativas arrebatarle la Lava Jato de sus manos, también fallaron.

Moro tiene fama de juez inflexible. No de ahora. Tiene veinte años de servicio y desde el principio ganó esa reputación

Su decisión de ‘dividir’ el caso de la corrupción en Petrobras en varias acciones penales fue crucial para enfrentar la habitual lentitud de la ‘maquina’ del Poder Judicial. Les dio celeridad. Y en vez de demorar años, en los primeros siete meses consiguió publicar las primeras sentencias condenando a prisión a tres acusados.

Una fuente de inspiración la encuentra en la justicia estadounidense a la que admira su eficácia: juzga, condena y prende. O absuelve. Según el procurador Celso Tres, integrante del Núcleo de Combate a la Corrupción del Ministerio Público Federal, “Moro es un juez que permite que el proceso camine con rigor y rapidez, una cosa poco común en nuestro país, […] tiene claro que la finalidad del sistema de justicia penal es “absolver al inocente y condenar al culpable, y siendo condenado, cumplir pena justa”.

¿Quien teme a Moro?

Moro tiene fama de juez inflexible. No de ahora. Tiene veinte años de servicio y desde el principio ganó esa reputación. En sus primeros juicios atendió demandas de ancianos que demandaban al Instituto Nacional del Seguro Social (INSS) inconformes con lo que recibían. Llegó a ser conocido como ‘el juez de los viejitos’ porque normalmente sus fallos beneficiaban a los demandantes. Recibió presiones y amenazas del instituto. Permaneció firme. Se movió un proceso contra él. No prosperó.

La ‘Lava Jato’ cayó en sus manos de forma inesperada. Se limitó a hacer lo que había hecho desde siempre en su función y ganó así el respeto y admiración de sus colegas y de los ciudadanos que gradualmente iban conociendo su actuación. Para el abogado Jorge Bernardi, “Moro mudó el paradigma de que criminales ricos y poderosos no van a prisión. Colocó al establishment en una situación inusitada. A fin de cuentas, ¿quién teme a Sérgio Moro? La respuesta es simple: todos aquellos que cometieron crímenes y creían estar por encima de la ley por poseer poder político o económico. Son ellos, los que temen a Moro”.

En una conversación de Lula con el diputado federal petista, Wadih Damous, del 28 de febrero de 2016, el expresidente dice: “Ellos, no nosotros, ellos son los que deben tener miedo. Tienen que tener preocupación, un hijo de puta de esos que habla mierda tiene que dormir sabiendo que al día siguiente va a tener diez diputados en su casa, en su oficina, haciéndole la vida imposible”.

Ver que una multitud convierte en ‘héroe popular’ a un juez con fama de inflexible, es síntoma de que algo cambió, aunque sean de forma incipiente, en la cultura política de los brasileños

Buena parte del miedo de los políticos a Moro viene del hecho que todos los procesos de Moro son transparentes. Libera a la prensa todo el material que por ley le es permitido, para que la sociedad este informada y acompañe el caso. La inspiración la encontró en la Operación Manos Limpas, desencadenada en Italia en 1992 y alcanzó a dos ex primeros ministros.

En un artículo de 2004, sobre dicha operación, escribió: “es una ingenuidad pensar que procesos criminales eficazes contra figuras poderosas, como autoridades gubernamentales o empresarios, puedan ser conducidas normalmente, sin reacciones que afecten la investigación. Un Poder Judicial independiente, tanto de presiones externas como internas, es una condición necesaria para soportar acciones judiciales de esta especie. Por tanto, la opinión pública, como ilustra el ejemplo italiano, es también esencial para el éxito de la acción judicial, pues torna visible aquello que otros quieren dejar en lo oscuro”.

El ejemplo que arrastra

En una tierra donde hasta hace poco se hablaba con cierto orgullo del ‘jeitinho brasileiro’, o sea, la actitud socialmente aceptada de encontrar siempre una forma de escamotear las normas y escaparse de dificultades a través de coimas [sobornos o mordidas], ver que una multitud convierte en ‘héroe popular’ a un juez con fama de inflexible, es síntoma de que algo cambió, aunque sean de forma incipiente, en la cultura política de los brasileños. Sin pretenderlo, este juez impulsó esa revolución silenciosa de la que habla Vargas Llosa y mudó al país.

Moro afirma, siempre que puede, que sólo esta cumpliendo su responsabilidad y apela al sentido de responsabilidad de todos. Asegura que la corrupción como los llamados ‘crímenes de cuello blanco’ hieren gravemente el tejido social. En una de sus sentencias, citando al sociólogo americano Edwin Sutherland, advierte que los “crímenes de ‘cuello blanco’ violan la confianza y, portanto, crean una ruptura, lo que disminuye la moral social y genera desorganización en amplia escala”.

Para aceptar el encargo de ministro de Justicia en el gobierno Bolsonaro tendrá que poner fin a sus 22 años de magistratura, por lo que renunciará a una jugosa jubilación como juez

En otra sentencia, con la que condenó al extesorero del PT, João Vaccari, afirma que el enriquecimiento ilícito de agentes públicos es un delito menos grave que la contaminación de la política por parte del crimen organizado. Para este juez la política es un servicio orientado al bien común, y debe ser realizado y custodiado por todos. Aqui pueden verse reflejos claros de la doctrina social cristiana en el pensamiento de Moro.

Católico practicante, fue educado en la fe en casa y también por las carmelitas españolas que atendían el Colegio de la Santa Cruz, en Maringá, donde estudio hasta que cumplió 16 años. Ya adulto, con algunos jueces más cercanos mantuvo hasta antes de tomar la ‘Lava Jato’, un pequeño grupo de estudios religiosos que, evidentemente, también abordan asuntos políticos y sociales. Eran reuniones cerradas, según atestigua uno de los participantes. En ellas, Moro evidenciaba un amplio dominio de los temas tratados.

Según su amigo, el juez Anderson Furlan, Moro es ‘casi un asceta’: en la vida social se le ve siempre acompañado de su esposa, nunca dio abertura para mujeres, o para bromas inmorales o lenguaje soez, sólo tuvo una novia antes de encontrar a quien hoy es su esposa. En general habla poco, y si compra una camisa de ‘marca’ dice -como si se disculpara- que lo importante es lo que ‘hay dentro’. Tiene poca ropa y casi toda es igual.

Para aceptar el encargo de ministro de Justicia en el gobierno Bolsonaro tendrá que poner fin a sus 22 años de magistratura, por lo que renunciará a una jugosa jubilación como juez. El presidente electo dijo sobre ese gesto: “Pesó mucho esto en su decisión, pero él esta inmerso en el deseo de servir a la Patria a través del combate a la corrupción y al crimen organizado, es un acto noble”.

Según llegó a publicar el periodista Ricardo Noblat, hay guardada una grabación en la que ‘Lula’ considera la posibilidad de contratar un sicario para encargarse del juez

Quizá en esa simplicidad que tiene resonancias cristianas se encuentre el secreto que lleva a muchos a cuestionarse ¿por qué se comporta así?, ¿cómo ha conseguido mantenerse firme?, ¿no tiene miedo a la muerte?

Sí, si teme a la muerte, como todos. Lo confirma Doña Odete, su madre. “La vida de Sergio corre peligro”, dice. Por eso, una vida privada discreta, seguridad reforzada y la solicitud de los amigos que lo protegen con su silencio.

Según llegó a publicar el periodista Ricardo Noblat, hay guardada una grabación en la que ‘Lula’ considera la posibilidad de contratar un sicario para encargarse del juez. Cierto o no, es un hecho que, por cumplir con su deber, se ha tornado enemigo de algunos de los hombres más poderosos del país.

Pero también es un hecho que está influyendo el comportamiento político de millones de brasileños. Y no solo eso. Este “juez pueril y provinciano”, como le llaman sus detractores, esta siendo observado por otros en la Región. En la opinión del venezolano Moisés Naím, autor de ‘El fin del poder’, desde que la actuación de Moro vino a luz, “la coexistencia pasiva con la corrupción endémica se está convirtiendo en América Latina en un hábito del pasado”.

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