Este domingo, se ha celebrado en Bruselas una extravagante cumbre a la que han asistido, por un lado, todos los presidentes o jefes de Gobierno de los 28 países miembros de la Unión Europea, incluido nuestro Mariano Rajoy, y por otro, el primer ministro turco, Ahmet Davutoglu. La reunión fue presidida por Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo. Del respeto que Turquía le tiene a la Unión Europea dice mucho el que Recep Tayyip Erdogan no se haya dignado venir y haya preferido mandar a su segundo. El objeto de la cumbre era convencer a Turquía de que dejara de enviarnos refugiados sirios.

Al parecer, los europeos, que somos tan buenos y amigables, tan dispuestos siempre a compartir nuestro bienestar con los demás, nos hemos cansado de dar la bienvenida a los refugiados. Quizá porque ha resultado que, como los atentados de París han demostrado, la acogida de refugiados sirios es una vía para que se cuelen terroristas islámicos, que es cosa que ya advirtió el cardenal Cañizares que podía ocurrir. Nadie de los muchos que le acusaron de falta de caridad se disculparán ahora por estar ellos equivocados y tener él razón. O quizá ocurra simplemente que no somos tan buenos ni tan amigables como nos gustaría y que no estamos tan dispuestos a compartir lo que tenemos.

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Ahora que nos disponemos a cerrarles el paso del modo más rastrero, pagando por ello, nadie parece tener la intención de protestar

El caso es que, a pesar de las muchas exigencias que hicimos a nuestros gobiernos para que acogieran a tantos refugiados cuantos quisieran venir, ahora que nos disponemos a cerrarles el paso del modo más rastrero, pagando por ello, nadie parece tener la intención de protestar.

Como naturalmente no tenemos ni el valor ni la sangre para cerrarles sencillamente el paso, lo que vamos a hacer es pagarle a Erdogan 3.000 millones de euros a cambio de que no deje salir a los refugiados. No está claro cuándo se pagará esa suma, si será a tanto alzado o si no es más que un primer plazo. La cuestión es que vamos a pagar casi 1.500 euros por refugiado a quien lo tiene para que se quede con él y no le deje salir y así no tener nosotros que acogerlo, o mejor dicho, para no tener que elegir entre acogerlo o exhibir lo desalmados que en realidad somos cerrándole la frontera. Es decir, estamos pagando a Turquía por el trabajo sucio de quitárnoslo de la vista.

Aquí se prefiere resolver los problemas relativamente pequeños de hoy creando otros mucho más graves para mañana

A cambio de quedarse ella con los refugiados, a Turquía no sólo le vamos a dar 3.000 millones, sino que le hemos prometido agilizar los trámites para su acceso a la Unión Europea e incrementar el número de visados para que más turcos puedan viajar a nuestros países.

Todo lo cual demuestra que aquí se prefiere resolver los problemas relativamente pequeños de hoy creando otros mucho más graves para mañana, aunque con la ventaja de que tendrán que resolverlos otros. De modo que, para no quedar mal cerrándoles la frontera al millón y pico de sirios que quieren unirse al millón y pico que ya han venido, nos comprometemos a integrar en unos años a cerca de 75 millones de turcos en el espacio Schengen, además de a todos los que logren o hayan ya logrado entrar en Turquía y que prefieran, en vez de quedarse allí, viajar a Europa.

El acuerdo ha sido impuesto por la Alemania de Angela Merkel, ya que es a su país adonde se dirigen la mayoría de refugiados. Los que más se han opuesto han sido los países del Este, que tienen menos complejos para mostrarse tal cual somos todos, bastante peores de lo que nos gustaría. Pero, el resto hemos preferido callarnos y dejar que se alcance este conveniente acuerdo por el que, a cambio de dinero, logramos aflojar la presión sobre nuestra conciencia y conseguimos que alguien se lleve a los pobres que llaman a nuestra puerta a otra parte, sin hacer ruido y permitiéndonos fingir que no nos enteramos. Atajo de hipócritas es lo que somos.

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Emilio Campmany nació en Madrid, en 1958. Estudió en el Liceo Italiano y es licenciado en Historia y en Derecho por la Universidad Complutense. Es también registrador de la propiedad. Ha publicado dos novelas, "Operación Chaplin" y "Quién mató a Efialtes" y una narración de la crisis que desató la Primera Guerra Mundial llamada "Verano del 14. Una crónica diplomática". Está casado y tiene dos hijos.