Ray Liotta, en 'Uno de los nuestros', y un encapuchado de ETA.
Ray Liotta, en 'Uno de los nuestros', y un encapuchado de ETA.

“No hay nada como ser uno chico listo” dice Ray Liotta, el aprendiz de mafioso en la película Uno de los nuestros de Martin Scorsese. Puedes ser un perfecto inútil, un tipo que no duraría en un trabajo sencillito ni cinco minutos, y sin embargo vivir como un rey, disponer de todo tipo de lujos, no tener que presentar la declaración de la renta, ni hacer cola para entrar con tu chica en el club Copacabana y que el maitre te ponga en primera fila…

A diferencia de los pringados que se levantan a la 7 de la mañana para sacar a una familia adelante, en trabajos de mierda y sueldos de miseria, los chicos listos viven a todo tren y son temidos y respetados. ¿Cómo? Imponiendo su santa voluntad a base de tiros en la nuca.

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Es lo que han hecho los Ray Liotta etarras desde que descubrieron el chollo con el primer asesinato en 1968, hace ahora medio siglo, hasta que le han tomado el pelo al Estado de derecho con un comunicado de “disolución” que no disuelve nada, que no entrega las armas y que se ríe de sus casi mil víctimas mortales

La lección más amarga que cabe extraer es que la violencia es rentable. Ellos, los chicos listos, lo han conseguido. Y el Estado les ha dejado. ¿Cómo? A través de siete sencillos pasos. Estos.

1.- Te inventas un agravio comparativo.

Te sacas de la manga un cuento chino -la nación, la raza, el euskera-. Agénciate unos tontos útiles y unta a cuatro pedantes… y transformarán el timo en mito. Invéntate un agravio histórico, ínflalo hasta lo inverosímil y explota el victimismo –aunque de momento las únicas víctimas reales sean hombres, mujeres y niños con agujeros de bala y los únicos explotados, ciudadanos sometidos al chantaje y la extorsión-.

2.- Amplía el negocio, abriendo una franquicia política.

La extorsión y el secuestro te darán dinero. No sabes lo rico que puede hacerte el miedo de los empresarios chantajeados, pero necesitarás blanquear tu actividad con una franquicia política, de apariencia respetable. Consíguete un Sinn Fein vasco, que engorde y crezca, gracias al clientelismo y los intereses creados y hasta dé el pego con un casting variado: moderados, extremistas.

La misión de la franquicia consiste en tocar poder y aledaños. Y luego a succionar euros. Y mientras unos agitan el árbol, otros recogen las nueces. Balas y votos. Ya me entiendes.

3.- Conviértete en un héroe popular, con la sociedad de tu parte.

Igual que los “goodfellas” de Scorsese eran los reyes de Little Italy, idolatrados por los chavales del barrio que querían ser “chicos listos” como ellos y no unos pringados como sus padres, gánate la admiración popular en el País Vasco: que te vean como un guerrillero romántico que lucha contra el Estado opresor y, sobre todo, “fascista” (que es al lenguaje lo que las armas de destrucción masiva a la artillería).

Reinvierte los beneficios en las ikastolas, inyectado en el biberón media dosis de adoctrinamiento y otra media de rencor

4.- Empieza por los menores, a través de las ikastolas.

Como ya tendrás camelado al Estado central vía autonómica, vía Sinn Feinn, vía Presupuestos: no seas pardillo, no te lo gastes todo en chicas, viajes, y copacabanas… reinvierte los beneficios en las ikastolas, inyectado en el biberón media dosis de adoctrinamiento y otra media de rencor. Y en dos generaciones tendrás a la juventud en primer tiempo de saludo. Las familias de la Vasconia profunda serán tu camada negra y las aulas, tu caja de reclutas.

Tendrás no gone zone abertzales donde nadie se atreverá a votar sino a los chicos listos. Y habrás sembrado de tal forma la semilla del odio que lograrás que masas de linchadores justifiquen a los agresores de Alsasua contra agentes de la Benemérita. ¡A ver quién es el guapo que cambia eso!

5.- Que te saquen en el ‘Times’ y se hagan de la cosa un lío con el IRA.

Para completar la batalla de la propaganda, necesitas un dircom internacional. No te compliques: véndele el cuento a la prensa y televisión de la UE y que en sus crónicas pongan “separatistas” en vez de “asesinos” y “franquismo” en vez de “Fuerzas de Seguridad del Estado”.

Gánate a la CNN, al New York Times y al Frankfurter que en lo tocante a España nunca se enteran. Todo irá bien mientras cuentes con el Times de Londres, ese que llama a los españoles “impuntuales, groseros y sucios”, y que cree que Puigdemont es un Nelson Mandela desteñido: publicará tus comunicados como si fueran partes de guerra, dando a tu banda el estatus de Ejército como si fuera el IRA luchando por la independencia de Irlanda o la Resistencia francesa luchando contra la Wehrmacht.

6.- Que un presidente te conceda estatus de político.

¿Y si la sociedad, harta de crimen y extorsión, reacciona; los partidos se unen contra ti; te cortan las finanzas y se estrecha el cerco judicial y policial, como ocurrió en la época de Aznar? 

No te preocupes, cuando más débil estés, llegará un indocumentado de La Moncloa que, en su afán por pasar a la Historia, romperá el Pacto Antiterrorista, aflojará la tuerca policial y se dirigirá a ti, con una rama de olivo en el pico, y se pondrá a negociar, sentándote en su mesa, regalándote el estatus de “hombre de paz”. 

Será hora de pedir el oro y el moro, de blanquearte presentándote a las elecciones (en el Constitucional tienen buenos detergentes); y de cambiar la metralleta y el zulo -que es muy cansino- por la moqueta y el coche oficial.

7.- Que al Estado de derecho se le multipliquen las grietas secesionistas.

La negociación zapateril bajo cuerda coincidió -no por casualidad- con el visto bueno de Madrid al Estatut, espita que andando el tiempo se ha convertido en la vía de agua de los Puchis. Ya sabes, se empieza por “la nación, concepto discutido y discutible” y se acaba por ceder al chantaje de los indepes.

Y eso es lo que estamos viendo ahora: España descosida, sometido el Gobierno al doble peaje de los indepes en una esquina y de los peneuvistas en la otra, la unidad más amenazada que nunca.

Es increíble cómo se doblega el Estado de derecho ante ti, que eres un cero a la izquierda, pero que tienes la chulería de presumir de impunidad

Es increíble cómo se doblega el Estado de derecho, con todo su aparato policial, ante ti que eres un cero a la izquierda, un don nadie, pero que tienes la chulería de pedir un perdón hipócrita y selectivo, exigir el reagrupamiento de presos y presumir de impunidad.

Que a un pobre diablo, de esos que se levantan a las 7 de la mañana para sacar la familia adelante, se le ocurra no pagar a Hacienda o retrasar una factura… verás lo que le pasa.

“La gente honrada que iba a trabajar en metro cada día y pagaba sus facturas eran unos gilipollas, no tenían agallas -dice el personaje de Ray Liottta-. Si nosotros queríamos algo lo cogíamos y si alguien se quejaba dos veces le dábamos una paliza”.

Los chicos listos de ETA no tenían necesidad de disolverse porque ya ha logrado muchos de sus objetivos: balcanizar España; abertzalizar Navarra; irse de rositas (hay casi 400 crímenes sin resolver y 650 sentencias sin culpables); convertir a los verdugos en víctimas y a éstas en víctimas de primera y de segunda; y auparse al poder.

Nadie moverá un dedo contra ellos. Han llegado hasta la primera fila del Copacabana, sin tener que hacer cola.

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Nacido en Zaragoza, lleva más de 30 años dándole a las teclas, y espera seguir así en esta vida y en la otra. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y se doctoró cum laude por el CEU, ha participado en la fundación de periódicos (como El Mundo) y en la refundación de otros (como La Gaceta), ha dirigido el semanario Época y ha sido contertulio en Intereconomía TV, Telemadrid y 13 TV. Fue fundador y director de Actuall. Es coautor, junto con su mujer Teresa Díez, de los libros Pijama para dos y “Manzana para dos”, best-sellers sobre el matrimonio. Ha publicado libros sobre terrorismo, cine e historia.