Rey constitucional

    Se han dicho cosas tan absurdas como que Rajoy declinó la oferta que le hizo el rey. También se ha afirmado que Sánchez aceptó el encargo del rey de intentar formar Gobierno, cuando de ninguna manera el rey encarga nada, y menos que nada, formar Gobierno.

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    El Rey Felipe VI recibe al secretario general del PSOE, Pedro Sánchez /Pool
    El Rey Felipe VI recibe al secretario general del PSOE, Pedro Sánchez /Pool

    Fracasada la investidura del candidato propuesto por el rey, procede abrir una nueva ronda de consultas. La noticia es que Felipe VI no la iniciará de momento para dar tiempo a los partidos políticos a que negocien. Normal. Lo raro sería que el rey citara a los jefes de los partidos inmediatamente sin dar tiempo a que se pongan de acuerdo en torno a un candidato. Sin embargo, es noticia porque hasta ahora las cosas se han hecho al revés de cómo deberían. Se ha exigido al rey que, sin que las formaciones políticas hayan negociado nada, designe a un candidato y éste luego pacte su investidura.

    Se han dicho cosas tan absurdas como que Rajoy declinó la oferta que le hizo el rey, como si Felipe VI pudiera elegir a quien le plazca con la única condición de que el elegido consienta ser propuesto. También se ha afirmado que Sánchez aceptó el encargo del rey de intentar formar Gobierno, cuando de ninguna manera el rey encarga nada, y menos que nada, formar Gobierno.

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    Parece como si las fuerzas políticas no tuvieran que hablar con nadie más que con el rey. Sin embargo, deben negociar un candidato antes de visitar el Palacio de la Zarzuela

    La misión del rey no tiene nada que ver con la imagen que se ha dado de ella. Parece como si las fuerzas políticas no tuvieran que hablar con nadie más que con el rey y luego, cuando éste haya elegido arbitrariamente a un candidato, ponerse a negociar a ver si el elegido consigue reunir suficientes apoyos. Nada de eso. Esto no es lo que prevé la Constitución.

    Son las fuerzas políticas las que, antes de visitar al rey, deben negociar un candidato. Y, una vez acordado, comunicarlo para que el monarca lo proponga. Precisamente por eso está previsto que el rey consulte con todas las formaciones, para comprobar, por boca de sus líderes, que respaldan a quien dice tener apoyos suficientes. Si la negociación se hace debidamente, el propuesto obtendrá sin problema la investidura.

    Nuestros políticos lo hicieron al revés. Pasadas las elecciones no negociaron nada. Dejaron que pasaran las semanas y el rey iniciara su ronda de consultas. Todos se presentaron allí sin poder ofrecer ningún candidato que pudiera ser investido. Lo único que se dijo, incluso desde su propio partido, fue que Rajoy tenía el derecho y la obligación de intentar ser investido. Mentira. Ni tenía el derecho, porque los escaños obtenidos por su formación eran insuficientes, ni tenía la obligación. Al final, a pesar de haberse estado postulando, declinó ser propuesto para no pasar por el trago de perder la votación.

    El caso es que, entre todos, dejaron al rey sin un candidato que ofrecer y tuvo que iniciarse una segunda ronda. De ésta, lo único que sacó en claro el soberano es que Sánchez se ofrecía a ser propuesto, pero sin haber negociado todavía nada con nadie y, por tanto, sin garantía alguna de ser investido.

    Los dos meses que han de transcurrir para convocar nuevas elecciones se cuentan desde la primera votación

    Es disculpable que el rey aceptara un planteamiento tan alejado del espíritu de su misión debido a una laguna constitucional. Según el artículo 99, los dos meses que han de transcurrir para convocar nuevas elecciones se cuentan desde la primera votación. Pero, si no hay primera votación, no hay término previsto para que, una vez alcanzado, surja la obligación de convocar. Luego, tiene que haber un candidato, aunque sea para ser derrotado y que puedan empezar a correr los plazos.

    Pues bien, eso ya lo tenemos. De modo que ahora no hay necesidad alguna de proponer a nadie que le apetezca ser candidato por gusto de serlo y el rey puede, y seguramente debe, esperar a que se le ofrezca uno con garantías de ser investido, esto es, alguien, que además de ofrecerse a serlo, tenga el respaldo de otras formaciones políticas con escaños suficientes.

    De no haberlo, no tiene por qué proponer a nadie, sino que debe esperar a que transcurran los dos meses previstos por la Constitución y convocar elecciones. Y ha de evitar a toda costa colaborar con alguien que, sin apoyos suficientes, pretenda emplear la tribuna del Congreso de los Diputados para realizar desde allí su primer acto de campaña.

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    Emilio Campmany nació en Madrid, en 1958. Estudió en el Liceo Italiano y es licenciado en Historia y en Derecho por la Universidad Complutense. Es también registrador de la propiedad. Ha publicado dos novelas, "Operación Chaplin" y "Quién mató a Efialtes" y una narración de la crisis que desató la Primera Guerra Mundial llamada "Verano del 14. Una crónica diplomática". Está casado y tiene dos hijos.