Ignacio González
Ignacio González en 2015, durante su mandato como presidente de la Comunidad de Madrid. (Fotografía: Víctor Lerena / EFE)

Hoy no sabía muy bien sobre qué escribir. Tengo encima de la mesa un estudio sobre «Luciferismo y sacrificios rituales -de ninos– en el mundo de las altas finanzas internacionales».

Me dicen que lo de Ignacio González es más turbio de lo que parece: conexiones con alcaldes de las Américas caribeñas y así.

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O que Trump está disimulando con bombardeos idiotas para que le dejen en paz.

Podríamos hablar del Gran Israel en la trastienda de la crisis Siria.

O de la partición de Libia: vuelve la Cirenaica y la pasta nero di sepia.

Y de otras banalidades por el estilo. Banalidad de banalidades y todo es banalidad.

El expresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González / EFE
El expresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González / EFE

Me importa un bledo, me la sopla, lo que haga el masón de Rajoy -masón desde, al menos, el año 1996, cuando me lo contó un colaborador del hombre del puro-; y lo que haga el luciferino Soros y la Gran Logia de Francia con Macron y Albert Rivera.

Banalidades de basura política.

Intereses creados por la prensa vendida, los periodistas comprados y las organizaciones pantalla de los del mandil y de los católicos oficiales, que a veces no sabe uno si se entienden y se cepillan a los mismos ninos.

Banalidades del satán, que es un don nadie resentido y vanidoso, como los periodistas comprados y los políticos del compás

Banalidades del satán, que es un don nadie resentido y vanidoso, como los periodistas comprados y los políticos del compás.

Políticos católicos ya no hay porque terminan como Carrero: llegando al Cielo antes de su hora. Y entonces los políticos cacatólicos se la cogen con papel de fumar y se tapan la nariz y el esfínter y firman leyes inicuas con los banqueros, católicos o no, mientras los obispos avispas miran hacia el Oriente.

Banalidades del dinero, ese excremento del demonio, según el Papa, que tiene más razón que un santo, y quiere expulsar a los mercaderes de los templos.

De los templos de los negocios, de los templos de la cultura y de los templos dormidos de los cristianos dormidos.

El Papa Francisco, en una recepción en el aula Pablo VI en febrero de 2017 /Efe
El Papa Francisco, en una recepción en el aula Pablo VI.

Hoy no sabía de qué escribir porque toda esta miseria humana no es noticia desde que el mundo es mundo, aunque se empeñan los medios vendidos en que lo sea, y se crean que somos idiotas.

-Be, be, be be. To be or not to beeeee…

Ahora todo es «be» y todos son ovejas anglófilas que balan en inglés al son de los gángsters italianos del duopolio mediático.

Y del gángster masón de Sorrell, el esbirro vocero de Bilderberg.

Váyanse todas y todos a pastar, cabras y cabrones.

-No se sientan aludidas las de la Legión, que son cabras como Dios manda, ar!

O sea, que hoy voy a escribir sobre lo que acaba de decir el párroco de mi parroquia, una parroquia de barrio bien, pijo y tal.

Pobres vergonzantes y abuelos que visten trajes de hace cincuenta años y que solo necesitan las migas sobre la corbata para disimular que han comido lo que no han comido, como Don Quijote, el pobre

Acaba de decir que ya no tiene dinero para Caritas, que las peticiones de ayuda se multiplican y que la parroquia no llega a todo. Gente que pide para comer en barrios pijos. Pobres vergonzantes y abuelos que visten trajes de hace cincuenta años y que solo necesitan las migas sobre la corbata para disimular que han comido lo que no han comido, como Don Quijote, el pobre.

Y en Madrid los restaurantes de lujo atiborrados de sinvergüenzas que se dejan de promedio los mil pavos por llenar sus asquerosos cuerpos de marisco y de Tatinger y de Lagavulin. Y de putas en Ferrari. Y de ninos violados.

Digo lo que no dicen los columnistas jovencitos de pose de mafioso y pluma gilipollas. Digo de la banalidad caviar del rebelde de marca y sillón de Academia.

Digo Madrid como podría decir Barcelona o París o Londres. O Tribeca, pijos.

Digo Madrid porque allí acabo de estar, asqueado al ver la riqueza de una ciudad que se ha convertido en la cabeza de un país pulpo, la Nueva York manchega de mi amigo Caja, la Babilonia de la corrupción que no se ve y del aparentar que te ven y eres visto.

Los pobres no entienden toda esta ruindad y sería justa otra guerra mundial que acabase con la injusticia de una puñetera vez. Y fuesen ahorcados todos los hijos de Bafumet.

La paga del obrero clama al Cielo y no será banal, ladrones de guante blanco, la cólera del Altísimo. No es banal el saqueo del humilde y el robo al paria.

Albert Rivera, líder de Ciudadanos/Efe.
Albert Rivera, líder de Ciudadanos/Efe.

Seguid escribiendo sobre lo mal que escribís. Seguid en vuestro onanismo suicida, occidentales, intelectuales, actuales. Transverdugos de la única Verdad.

Mañana, hipócritas, igual me hago comunista o anarquista o falangista, que es lo mismo todo, más o menos rojo y negro, arriba o abajo, y salgo a la calle a poner bombas en los bancos y en cualquier dependencia de esa máquina de atracar que se llama Estado.

No exagero. Es para vomitar.

Recen, si saben

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Francisco Segarra es director del digital geopolítico www.institutodeestrategia.com, publicitario y escritor. Por un milagro de la Gracia de Dios, después de 40 años de excesos, ya no fuma ni bebe. En Twitter es @ElCoronelPakez y en la vida real un alegre melancólico crónico. Con el monje Altisent cree firmemente que lo que pasa es lo que toca y Dios lo quiere. Su lema: OMNIA IN BONUM.