Andrés Manuel López Obrador, durante un acto en agosto de 2018 como presidente electo de México. /EFE
Andrés Manuel López Obrador, durante un acto en agosto de 2018 como presidente electo de México. /EFE

Las escenas son fuera de lo común en un país como México, en donde la cultura del poder fue forjada a base de privilegios y abusos de muchos políticos: Andrés Manuel López Obrador viaja en línea aérea comercial, no usa guardaespaldas y todavía se da el lujo de comprarse una torta antes de subirse al avión.

“De lomo… para llevar” se oye claramente en el video que circula en redes, mientras trabajadores y viajeros hacen fila para tomarse una selfie con el presidente electo con el mayor número de votos en la historia del país.

Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.

Haz un donativo ahora

A dos meses de haber sido electo, sus bonos se mantienen arriba: un 54 por ciento de la población lo aprueba y aún faltan tres meses para que entre en funciones.

En el último siglo en este país los mexicanos no habíamos tenido un presidente que rompiera todos los protocolos, que se acercara tanto a la gente… y que prometiera tanto en tan poco tiempo.

López Obrador está lanzando por la borda algunos signos del imperial poder presidencial impuesto en la época priísta: está vendiendo el avión presidencial y toda la flota aérea usada por el gabinete federal; regresó al Estado Mayor Presidencial (una guardia militar pretoriana) a los cuarteles; prometió que la residencia oficial de Los Pinos será un museo y él despachará en Palacio Nacional.

La realidad comienza a agrietar las promesas de campaña del lopezobradorismo

Pero esos gestos de simpatía aunado a su discurso de amor y paz no le serán suficientes para enfrentar una dura realidad la que ya empezó a chocar y comenzó a dar marcha atrás.

La inseguridad, la violencia que cobra ya más de 104.600 muertos y más de 37.000 desaparecidos sigue siendo la principal preocupación de los habitantes del país y durante su campaña, López Obrador usó un discurso izquierdista en el que prácticamente acusaba a las Fuerzas Armadas de asesinar mexicanos inocentes.

La semana pasad debió dar marcha atrás y aceptar públicamente que ni el Ejército ni la Marina Armada de México podrían regresar a los cuarteles, pues sin ellos no se podría dar un efectivo combate a la delincuencia organizada.

A la par, en ese discurso electorero, dijo que la pacificación del país pasaba por el perdón a los delincuentes, nunca fue preciso en cómo se haría esto en la práctica, y ahora como electo ha convocado una serie de foros en todo el país para que la población pueda aportar sus quejas y puntos de vista sobre cómo solucionar el problema de la violencia.

Un rotundo rechazo de parte de víctimas y familiares al perdón ha imperado a lo largo de los foros realizados hasta ahora. La realidad comienza a agrietar las promesas de campaña del lopezobradorismo.

Por otro lado, y en este poco tiempo de su triunfo, las rejas de las cárceles se han abierto para personajes priistas procesados por corrupción. Es el caso de Elba Esther Gordillo, histórica dirigente del sindicato magisterial (1,2 millones de afiliados en todo el país) cuyo grupo ayudó al triunfo de López Obrador.

Otro caso es el de un funcionario del PRI, Alejandro Gutiérrez a quien el gobierno de Chihuahua descubrió el modus operandi de cómo decenas de millones de dólares fueron transferidas de las arcas al financiamiento de campañas electorales hace dos años. Un juez lo acaba de exonerar aunque tiene otros procesos pendientes.

Dicho modus operandi implica prácticamente una operación fraudulenta de estado que llega a los primeros niveles, a decir del gobernador de esa entidad, el panista Javier Corral, quien señala directamente a Enrique Peña Nieto.

Estos dos aspectos, la inseguridad y la corrupción, fueron de los aspectos del hartazgo ciudadano por el cual perdió el PRI y ganó López Obrador.

Pero si el presidente electo no se deslinda de esos actos ilegales del priismo lo único que quedará claro es su pacto de impunidad con Enrique Peña Nieto.

Y si tampoco da resultados en el corto plazo para frenar la violencia en el país, entonces el riesgo del desencanto será grave.

Entonces no habrá actos de austeridad, ni tortas ni selfies que le hagan devolver la confianza al pueblo mexicano.

Al tiempo.

Comentarios

Comentarios

Compartir
Es periodista, egresado de la escuela Carlos Septién García. Tiene diplomados en Periodismo por la Pontificia Universidad Católica de Chile; en Comunicación y Desarrollo Humano, por la Universidad Panamericana; en Periodismo Político por la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla y en Inteligencia Estratégica por la Universidad Juárez del Estado de Durango, así como en Seguridad Nacional por el Colegio de la Defensa Nacional. Ha trabajado en Grupo Reforma y la agencia de noticias Notimex. Es autor de varios libros, entre ellos, 'Sangre de Mayo. El homicidio del Cardenal Posadas', en coautoría de Alberto Villasana. Es consultor, colaborador del diario Mural en Guadalajara y editor del servicio de análisis Mochila Política.