San Pedro, encontrado gracias a Pío XII.
San Pedro, encontrado gracias a Pío XII.

Corre el rumor de que hay un pasadizo que lleva desde los aposentos del Papa hasta el castillo de Sant’Angelo. Y es cierto. De hecho, Roma -y por ende, el Vaticano– es uno de los lugares del mundo con más pasadizos, estancias y rutas secretas. Algo comprensible, habida cuenta de la cantidad de intrigas y revueltas que ha habido entre sus muros a lo largo de la historia. Pero también bajo tierra podemos dar con ciertas curiosidades. Como por ejemplo, qué hay bajo los cimientos de la basílica de San Pedro. Esta no se halla exactamente sobre lo que fuera el circo de Nerón, pero casi; a escasos 300 metros. Quien eligió el lugar sobre el que edificarla fue Constantino, tras derrotar a Magencio en la batalla del Puente Milvio, allá por el siglo IV. Y lo hizo construyendo sobre una antigua necrópolis, por la que sentía especial veneración.

En 1939, el Papa Pío XII ordenó que se investigase el mosaico descubierto bajo la basílica, en las excavaciones que se estaban llevando a cabo para la sepultura de su antecesor Pío XI. A raíz de ello, apareció la necrópolis Constantina, en la que destacaba una tumba sobre las demás. Fundamentalmente, porque conformaba un centro a partir del cual salían otras tumbas a modo de radios de bicicleta; era como si quienes estaban allí enterrados deseasen estar cerca del enterramiento principal. Amen de “grafittis” pertenecientes a los siglos I y II en los que podía leerse “Pedro está aquí”, se descubrió un nicho de mármol blanco, en cuyo interior había una osamenta completa.

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En ocasiones, se extrae un poco de tierra del lugar de la sepultura de Pedro, para enviarlo posteriormente a la nueva capilla o altar

Según el análisis hecho por el catedrático de Antropología de la Universidad de Palermo, Venerato Corrento, dichos huesos correspondían al cuerpo de un varón fuerte, ya mayor -entre sesenta y setenta años- y sepultado en el siglo primero de Nuestra Era. Un dato que ayudaba a corroborar esta tesis era que al cuerpo le faltaban los pies, y es sabido que a los crucificados boca abajo -como Pedro- se los cortaban para poder bajarlos mejor de la cruz. Sería en la Navidad de 1950 cuando Pío XII hiciese oficial el hallazgo.

Desde entonces el lugar es objeto de una especial veneración, pero además, cumple un propósito algo menos conocido. Y es que, según el Derecho Canónico, todo altar o capilla ha de contener una reliquia. Así, cada vez que se erige algún sitio destinado a culto, los funcionarios encargados del llamado “Archivo de Reliquias” se afanan en enviar algún objeto ad hoc. En una gran sala abovedada de los sótanos de San Pedro se guardan los restos más preciados de santos y mártires. Aunque no sólo de aquí salen envíos. En ocasiones, se extrae un poco de tierra del lugar de la sepultura de Pedro, para enviarlo posteriormente a la nueva capilla o altar. Tierra Santa.

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