Sánchez quería Guerra Civil, ya la tiene: la guerra contra el varón

    En su obsesión por dividir a los españoles, Sánchez ha conseguido declarar la guerra civil a una parte de la población: los 20 millones de varones, a los que la Ley de Violencia de Género y el último Decreto del Gobierno marca con una nueva estrella amarilla: el cromosoma XY.

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    Collage de Pedro Sánchez y una feminista.
    Collage de Pedro Sánchez y una feminista.

    Las víctimas de violencia de género no tendrán la obligación de declarar contra sus agresores para recibir protección social y jurídica, como necesitaban hasta ahora, y dispondrán de otras posibilidades además de la sentencia firme para acreditar su condición de maltratadas.

    Así lo establece el real decreto del Gobierno Sánchez de medidas urgentes para el desarrollo del Pacto de Estado contra la Violencia de Género.

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    El decreto acentúa la asimetría penal de la ineficaz Ley de Violencia de Género de Zapatero (2004) y del Pacto de Estado (2017) y echa más leña al fuego del Estado, vestido de bombero pirómano.

    Lo hace al aumentar la indefensión del varón, cepillándose de un plumazo la  igualdad de todos ante la ley (art. 14 de la Constitución) y el derecho a la presunción de inocencia (art. 24.2: «Todos tienen derecho (…) a no confesarse culpables y a la presunción de inocencia»).

    Ahora ya no hacen falta sentencias, basta una denuncia de la mujer para que el varón sea detenido, expulsado de su casa e inhabilitado para la custodia compartida, sin saber si realmente es culpable o inocente.

    En tanto que la mujer por el mero hecho de interponer denuncia, sin que medie sentencia, tiene derecho a asistencia social integral, asistencia jurídica gratuita, ventajas laborales, eximente de cotización a la Seguridad Social durante seis meses y la percepción de la Renta Activa de Inserción.

    La mujer no tiene que pasar siquiera por la Policía para acreditarse como víctima de violencia de género.

    Serán válidas «sentencias de cualquier orden jurídico que declare que la mujer ha sufrido violencias definidas en la ley», órdenes de protección, atestados policiales cuando se hayan presenciado los hechos, o simples informes de diferentes instituciones y grupos profesionales colegiados.

     El Gobierno de Sánchez pone automáticamente bajo sospecha a un colectivo entero de la población: los varones

    Todo ello pone automáticamente bajo sospecha a un colectivo entero de la población: los varones. Con este decreto que desarrolla el Pacto de Estado contra la Violencia de Género, el Gobierno de Pedro Sánchez ha declarado la guerra a 20 millones de españoles, los ha marcado con una nueva estrella amarilla como a los judíos: el cromosoma XY, y no por su conducta o su responsabilidad civil o penal, sino por su condición sexual: por el delito de haber nacido hombre.

    La guerra de sexos llevada al paroxismo. Con una ley como ésta una mujer puede denunciar a un compañero de trabajo alegando violencia de género, como excusa para vengarse por una rencilla personal o profesional. La palabra del varón carecerá de valor en un caso así frente a la de la mujer, que puede hacerle perder el puesto de trabajo o multarlo con la más mínima excusa, y sin apenas garantías judiciales. Sólo por el hecho de ser varón.

    El prejuicio ideológico tiene un corolario crematístico -hay mucho dinero en juego-, y esto puede explicar bastantes cosas. El Pacto de Estado de 2017 puso de acuerdo a todos los partidos –con inusitada unanimidad- en torno a una bolsa. Así de crudo.

    Y el Decreto de Sánchez ha culminado la faena haciendo efectiva una transferencia de 120 millones de euros a las comunidades y ayuntamientos para luchar contra la violencia de género.

    De esa partida, 20 millones de euros serán para los ayuntamientos en 2018 y se duplicará en 2019, hasta alcanzar los 40 millones de euros. No sé si lo van viendo.

    Al pasar a ser responsabilidad no sólo estatal sino también local (comunidades autónomas, ayuntamientos) entran nuevos actores en el manejo del presupuesto. Y se crearán nuevas estructuras clientelares para controlar esos fondos.

    Porque esa y no otra es la clave de las políticas de Género. La ley impulsada por el Gobierno Zapatero en 2004 no fue más que una tapadera para canalizar decenas de miles de millones de los fondos europeos.

    Había que demostrar que la mujer era la víctima y el varón el verdugo. Si no, no había dinero. Nada menos que 24.000 millones de euros, hasta el año 2012.

    Desde entonces, la industria de los malos tratos funciona como un negocio. Como desveló Actuall, cuatro federaciones feministas fuertemente vinculadas al PSOE acaparan a través de miles de asociaciones todas las líneas de trabajo del Plan estratégico contra la violencia contra la mujer y, en consecuencia, los fondos europeos destinados a erradicar esta lacra.

    Se trata de la Fundación Mujeres, la Federación de Asociaciones de Mujeres Separadas y Divorciadas; la Federación de Mujeres Progresistas y la Asociación de Juristas Themis.

    La violencia del varón contra la mujer es una terrible lacra que merece que recaiga sobre el culpable todo el peso de la ley

    Todos estamos de acuerdo en que la violencia del varón contra la mujer es execrable, una terrible lacra que merece que recaiga sobre el culpable todo el peso de la ley. Pero la solución no son leyes injustas como las de Género que penalizan al varón por el mero hecho de serlo y no en función de hechos objetivos delictivos.

    La solución no puede basarse en una mentira: que la violencia tiene género. Ni en apriorismos ideológicos del feminismo radical, que se concretaban en esloganes de aroma totalitario como éste: «la masculinidad es una patología que necesita cura».

    Ya lo advirtió un político de izquierda en 2004, cuando Zapatero urdía la Ley de Violencia de Género. En el artículo Igualdad, paridad y violencia,  señalaba que se manejaba como «verdad revelada» que «la violencia de género es unidireccional, de hombres contra mujeres y nunca al revés».

    El político era el socialista Joaquín Leguina. ¿Hablamos del mismo PSOE de Pedro Sánchez?

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    Nacido en Zaragoza, lleva más de 30 años dándole a las teclas, y espera seguir así en esta vida y en la otra. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y se doctoró cum laude por el CEU, ha participado en la fundación de periódicos (como El Mundo) y en la refundación de otros (como La Gaceta), ha dirigido el semanario Época y ha sido contertulio en Intereconomía TV, Telemadrid y 13 TV. Fue fundador y director de Actuall. Es coautor, junto con su mujer Teresa Díez, de los libros Pijama para dos y “Manzana para dos”, best-sellers sobre el matrimonio. Ha publicado libros sobre terrorismo, cine e historia.