Sáenz de Santamaría conduciría a la destrucción del centro derecha española

    Los compromisarios del Partido Popular tienen que elegir mucho más que el nombre de quien dirigirá la formación a partir del 21 de julio. Cada candidato ofrece una propuesta muy distinta, que implica asumir un rol u otro ante la sociedad española

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    La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría/ EFE
    La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría/ EFE

    Soraya Sáenz de Santamaría (SSS) sería transparente si sólo mirásemos a sus ideas. El orden político es sólo el medio en el que busca moverse como un pez. Porque su juego es moverse entre los entresijos del poder. Utilizar sus resortes para ahogar a los enemigos, que lo son sólo en términos de poder, no ideológicos. Por eso un enemigo de la Constitución y de España como Junqueras podía ser un colega, más si dialogar con él le otorgaba a ella una función más, un nuevo cauce de poder. Su juego también es el de hacer acusaciones ingeniosas al contrario. Tal es la degradación de nuestro debate político que no ha necesitado más para brillar ante sus rivales en el Parlamento. Ese debate de baja estofa es el que explica, también, el éxito de ciertos periodistas, que ignoran perfecta y ecuánimemente lo que quepa saber de la historia de España, de política, de economía, pero se conocen al dedillo la espuma de las olas de las declaraciones prefabricadas de los líderes políticos.

    Soraya ha dado una clara muestra de todo ello en su enfrentamiento con Pablo Casado para asumir el liderazgo del Partido Popular. Su mensaje sólo va dirigido a los compromisarios, y está cifrado con el lenguaje del poder: ella será capaz de obtener más despojos del poder que repartir. Una vez hecho el corte en dos candidatos, ha intentado abrazar a Pablo Casado como una osa grizzly, ofreciéndole ser su número dos. Casado es más listo y más ambicioso que eso, y ha rechazado la envenenada oferta. Ahora lo que dice es que debe ser elegido el que más votos ha obtenido de los militantes, que curiosamente es ella. Como si no hubiese una segunda vuelta. Y acusa a Casado, con su empecinamiento en seguir el cauce previsto de elección del nuevo presidente, de legitimar la presidencia de Sánchez, segundo en intención de voto de las elecciones generales. Es decir, que para ella tiene menos importancia el respeto a las normas de juego que el hecho de que alguien pueda encontrar en cumplirlas una justificación para un rival político. (Sánchez es rival, porque su enemigo es Casado).

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    SSS es, pues, la pieza que le falta al nuevo asalto a nuestro sistema constitucional, orquestado por socialistas, nacionalistas y podemitas

    Esto muestra que Soraya no considera importante las normas; ni las de su partido ni las que aún rigen la política en España, y que pronto cumplirán las cuatro décadas. Lo ha demostrado intentando una negociación imposible con quienes quieren cargarse la Constitución, primero, y España, después. O, a poder ser, en una única voladura. SSS es, pues, la pieza que le falta al nuevo asalto a nuestro sistema constitucional, orquestado por socialistas, nacionalistas y podemitas. Buscan un nuevo acuerdo, al margen de los españoles, y al servicio de los nacionalistas y de los intereses creados. El proyecto es tan serio, que el tiburón Soros ha acudido veloz ante Sánchez al oler la sangre española.

    Pablo Casado es todo lo contrario. Desde cuando era aún más joven de lo que es hoy ha cultivado una carrera con visión y esmero, basada en el mantenimiento de lo que fueron los valores del Partido Popular. José María Aznar se ha convertido en España en la referencia que es Ronald Reagan para la derecha estadounidense: es el referente ideológico. Casado ha asumido el rol de llevar la antorcha de la libertad económica, la unidad de España y la regeneración política. Y todo ello es incompatible con el proyecto que busca acabar con la Constitución Española, y con todo lo que queda de español en la política.

    ¿Cómo será un partido Popular liderado por Pablo Casado? Será posible, lo cual es ya mucho decir

    Este intento por echar abajo definitivamente la labor de la Transición, que se puso en negro sobre blanco en un ominoso texto firmado por lo peor de la Universidad española y bendecido por la nueva jefe de opinión del diario El País, no cuenta con un actor muy importante aquí, que es el pueblo español. Y eso tiene implicaciones muy directas, en el caso del Partido Popular.

    Porque si SSS convence a la casta popular (los compromisarios a los que ahora quiere hurtarle el voto) de que Casado les va a renovar a ellos, y de que eso es más importante que la deriva de su partido y de España, aún tendrá que vadear el menguante río de votantes que aún tiene el PP. Si, como parece, se deja llevar por el nuevo acuerdo político, traicionará a los votantes que queden. Antes incluso de que lo haga, romperá el partido en dos. Los cuadros que tengan conciencia o que no esperen un cargo, abandonarán la formación. Los votantes se debatirán entre la abstención, Vox o Ciudadanos; partido que quedará como único báculo de la nación española y de su trémula Constitución. ¿Cuál será la utilidad del voto al PP para la sociedad española que aún cree en la libertad y en la continuidad histórica de nuestro país? Será el final del PP, que no por merecido, por nadar en un mar de corrupción económica y moral, será menos triste.

    ¿Cómo será un partido Popular liderado por Pablo Casado? Será posible, lo cual es ya mucho decir.

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    José Carlos Rodríguez es periodista. Forma parte del equipo de ProducciONE, pero en otra vida ha sido redactor jefe de Internacional de La Gaceta, y ha trabajado en la prensa digital en medios como Factual.es, elimparcial.es y libertaddigital.com. También ha colaborado con el semanario Alba, Expresión Económica, La Ilustración Liberal, La Gaceta de los Negocios o la agencia APIE, entre otros.