Se acabó el arte de ofender: Francia quiere prohibir los insultos basados en el género

    La democracia quiere proteger a la mujer hasta el punto de defenderla del insulto con multas en vez de dejar que ella misma devuelva el improperio.

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    Emmanuel Macron
    El presidente francés Emmanuel Macron. (Fotografía: Yoan Valat /EFE)

    El insulto se está muriendo. Ya no hay un arte de insultar y dentro de poco ni siquiera se permitirá descalificar a una persona mediante alguna palabra malsonante, aunque el desahogo que esta proporciona puede evitar un acto violento.

    Y es que poco a poco los gobiernos están regulando hasta los insultos, y quien dice regular se refiere a prohibir. Todo el mundo está de acuerdo en que no tiene cabida insultar a alguien por su raza, por su sexo, por su religión o por sus ideas…

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    Pero cuando algo pasa de ser mala educación a estar regulado -osea, prohibido- lo que queda es un país sin gente maleducada, es decir, sin libertad de expresión.

    La democracia para salvaguardarse está adoptando métodos de primas lejanas como las dictaduras

    Porque en ocasiones es incontrolable decir un improperio cuando la ira o el desprecio se apodera de alguien, y en ese momento de perdida de control lo que se busca es herir, no complacer, por lo que se utilizan expresiones que por lo visto la democracia no puede soportar.

    La democracia para salvaguardarse está adoptando métodos de primas lejanas como las dictaduras, donde también se prohibía mucho, aunque con menos apariencias.

    ¿A qué viene esto? Pues a que el presidente francés, Emmanuel Macron, anunció una serie de medidas en el día contra la violencia de género para combatir los «insultos basados en el género» -además de silbidos ofensivos-.

    Con esto la democracia logra tres objetivos: agravar la lucha de sexos, posicionarse en primera línea y cómo no, sacar algún beneficio económico

    Si se aprueba el proyecto -que se aprobará- se podrá a multar a aquellos que usen expresiones ofensivas contra mujeres o el colectivo LGTB.

    Es una nuevo paso en la lucha contra la «igualdad no negociable de ambos sexos». Hace años, ante un insulto denigrante, una mujer le devolvía la soez al hombre y le dejaba a este en ridículo. Ahora la democracia sale en su defensa y multa al infractor.

    Así logra un triple objetivo: abrir un nuevo abanico de la lucha de sexos, fijarse a sí misma como indispensable (nadie más puede poner multas) y por supuesto, recaudar algo de dinero.

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    Madrileño, de familia numerosa. Comenzó a estudiar Historia aunque pronto se cambió a Periodismo. Se licenció por la Universidad Complutense de Madrid y desde entonces no ha parado. Ha trabajado para las agencias de información Colpisa y Europa Press, para el departamento de comunicación de LaSexta y ha logrado saborear la experiencia de trabajar en papel gracias al periódico La Razón.