Marion Marechal.
Marion Marechal.

Esto no da más de sí. La vieja política ha conducido a Europa al cementerio de los elefantes, el modelo socialdemócrata sueco naufraga sin remedio, y en España… el Frente Popular de Pedro y Pablo ha convertido la política en una mezcla de cloaca y circo de los hermanos Tonetti (con perdón para los ilustres payasos).

En medio del erial (la izquierda nos lleva al precipicio y la derecha está missing, como de costumbre) se echan de menos iniciativas que restauren la confianza del ciudadano en la libertad y en el Estado de derecho.

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Por eso, resulta alentador que al otro lado de los Pirineos, Marion Maréchal sobrina de Marine Le Pen y nieta de Jean-Marie Le Pen, el líder del Frente Nacional, haya puesto en marcha un think tank en Lyon para lanzar una ambiciosa ofensiva cultural contra el establishment de izquierda.

Se trata del Instituto de Ciencias Sociales, Económicas y Políticas (ISSEP, por sus siglas en francés) que, con vínculos con Steve Bannon y los ‘paleoconservadores’ norteamericanos, quiere dar la batalla de las ideas, más que la batalla por un palmo más de escaños. No es la suya una aventura cortoplacista, sino una carrera de resistencia…  justo lo que falta en la derecha europea, intelectualmente castrada y políticamente irrelevante.

Eso no quiere decir que la escuela de Lyon no sea una suerte de West Point, de donde salgan promociones de futuros políticos. Y ella misma no renuncia a dirigir el Frente Nacional.

¿Pero qué propone la escuela de Lyon?, ¿qué puede aportar en la batalla de las ideas? En síntesis estas son algunas líneas del proyecto de Maréchal, que podrían servir de base para reconstruir la derecha en Europa.

El marxismo siguen dominando en buena parte de Occidente el pensamiento, la educación, los medios, frente a una derechas cada vez más sumidas en sus complejos

Hace falta un Gramsci de derechas

El marxismo encontró un eficaz atajo para llegar al poder y transformar la sociedad: la cultura. Y ahí siguen dominando en buena parte de Occidente el pensamiento, la educación, la televisión, las editoriales, los medios, frente a una derechas cada vez más sumidas en sus complejos.

Maréchal apela a Antonio Gramsci “pensador de izquierdas, y que decía que no hay victoria política posible sin victoria cultural previa” como explica en esta interesante entrevista a El Confidencial.

Y pone el ejemplo de la Manif pour Tous,  que movilizó a una generación de jóvenes para ofrecer un modelo alternativo a la izquierda, más allá de la política: “una generación que se dijo a sí misma: no podemos contentarnos simplemente con participar en las elecciones. Tenemos que realizar compromisos concretos con la sociedad civil, con los medios, con el ámbito cultural y con el mundo educativo”.

Más realidad y menos ideología

Maréchal nació el año que cayó el Muro, 1989, y su propuesta pretende superar no sólo la vieja política sino también la apolillada dialéctica de izquierda-derecha, en la que siguen enquistados personajes como Sánchez e Iglesias, que se empeñan en ver la realidad con las anteojeras de los apriorismos ideológicos.

La nueva política pretender sustituir esa dialéctica por una observación más atenta a la realidad, libre de dogmatismos. La propia Maréchal lo asume en la mencionada entrevista: “Hay una verdadera fractura entre estos dos mundos que se ha hecho ya irreconciliable. Porque llega un momento en que la propaganda no tiene más remedio que detenerse ante las puertas de la realidad”.

Un ejemplo del dogmatismo rígido es el socialismo. Este aplica una doctrina general “mecánicamente a todos los países sin importar las realidades nacionales o las especificidades de cada país” Con el soberanismo, explica Marechal, “nosotros atendemos a las diferencias y por eso defendemos lo particular, lo específico, de cada país: sus tradiciones, su herencia cultural, sus raíces”.

Defensa de la vida

Europa no se muere, se suicida que no es lo mismo. Literalmente, al estilo Saturno. Claro que la píldora del día después es más aséptica y menos desagradable que la sangrienta pintura de Goya.

Mientras siga habiendo aborto, seguirá habiendo barbarie. Y todos los Gobiernos y partidos políticos que lo justifiquen seguirán siendo cómplices del crimen organizado. Por eso, resulta esperanzadora la posición de Maréchal al respecto. Ha tenido las narices de decir que el aborto no se puede considerar “empoderamiento” de la mujer y ha criticado proyectos de ley como el que pretendía limitar la libertad de expresión prohibiendo en Francia sitios web contra el aborto.

Defensa de la familia

Marion coincide plenamente con el movimiento pro-familia la Manif pour tous, y la reivindicación del matrimonio verdadero (entre hombre y mujer).

Rechazo del feminismo, como reformulación de la lucha de clases marxista

Maréchal está en contra de la caza de brujas contra el varón lanzada por el establishment en Occidente, a partir de Me Too. “Existe una criminalización de los hombres, que los hace pasar por violentos y violadores potenciales. No me siento cómoda con ello. Porque  en ese tipo de feminismo -el feminismo ideológico de la izquierda- hay una actualización de la lucha de clases bajo la forma de lucha de sexos”

Se considera una mujer moderna que trabaja, “que quiere ganar lo mismo que un hombre” y que “no me siento oprimida por patriarcado”.

Recuperación de las raíces

Parafraseando el dicho que se atribuye a Malraux, Europa será cristiana o no será. Pero la Europa de 2018 es un zombie desarraigado. Ese vacío cultural y antropológico está generando, según, Marion “sed de pertenencia” en la juventud europea, en general; y francesa, en particular. A la gente “se le ha desposeído de su Historia, o como mínimo, se le ha encerrado en una forma de arrepentimiento que hace que muchas personas se sientan desposeídas de una herencia material e inmaterial que les pertenece. Porque se culpabiliza toda forma de vínculo, también el ligado a la cultura y a la identidad”.

La idea de la señora Maréchal y su reivindicación de las raíces va en línea con pensadores como Pascal Bruckner y su Tiranía de la penitencia o Alain Finkielkraut y La identidad desdichada, que tratan de explicar el masoquismo de un Occidente arrepentido de haber sido el baluarte de la libertad y la civilización grande, y que ahora tiene un extraño odio hacía sí mismo que sólo puede ser patológico -como advertía Benedicto XVI-.

Identidad frente al multiculturalismo

Relacionado con lo anterior, Maréchal es crítica con el multiculturalismo, el ácido que amenaza con desfigurar la identidad de naciones como la propia Francia. Como señala el citado Finkielkraut la baja natalidad del primer mundo comparada con la alta natalidad del tercer mundo ha convertido a los europeos en “intercambiables” por inmigrantes. No se trata de no aceptarlos, sino de que se integren y sean franceses o británicos o españoles de verdad, asumiendo nuestras raíces y valores.

En ese sentido, se identifica Maréchal con el húngaro Orban, el austriaco Kurtz y el italiano Salvini. “En estos momentos hay dos grandes críticas a la UE en Europa, la crítica que emerge en el Sur de Europa y la crítica que viene del Este de Europa. La primera tiene que ver sobre todo con razones económicas mientras que la segunda está más ligada a asuntos identitarios. Pues bien, se trata de unir esas dos grandes corrientes.”

“La gente más humilde aspira precisamente a que el Estado no se lo ponga más difícil”

Liberalismo económico de rostro humano

Equidistante del modelo socialdemócrata y del capitalismo puro y duro, el ideario económico de Mario Marechal y su think tank preconiza una especie de liberalismo de rostro humano.  Considera que no hay incoherencia en defender “por un lado la libertad de empresa y por otro lado a las clases populares”

Al contrario, “el hecho de bajar los impuestos, de simplificar los procedimientos administrativos o de dar más libertad a los empresarios es compatible con la defensa de las clases populares porque la gente más humilde aspira precisamente a que el Estado no se lo ponga más difícil. Lo que quiere todo el mundo es progresar en la sociedad y, a ser posible, enriquecerse”.

Los regionalistas, tontos útiles del sistema

El think tank de Lyon pone en tela de juicio los movimientos independentistas. Los regionalistas -explica Maréchal- “quieren cortocircuitar los Estados pasando por encima de ellos y apoyándose directamente en la UE. Sobre todo en temas de financiación. De lo que no se dan cuenta es de que la Unión Europea no destruye una nación para construir otra. Porque si usted construye una pequeña nueva nación usted está construyendo una resistencia potencial a la UE en el futuro. Es lo que ha pasado en Escocia o en Cataluña. Los regionalistas son los tontos útiles del sistema”.

Todo esto suena bien, sí… pero habrá que ver. A Marion le pesa como una maldición el apellido Le Pen y todo lo que representa (aunque ella quiera desmarcarse y sus posiciones sean de hecho distintas de su tía y su abuelo).

También pesa sobre la llamada derecha alternativa el sambenito de “ultra”, “radical” y “extremista”. Pero aceptar esa impresión sería entrar al trapo de quienes quieren imponer la hemiplejia moral (izquierda-derecha) de la que hablaba Ortega hace casi 80 años en La rebelión de las masas. ¿O es que vamos a seguir así hasta el juicio final?

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Nacido en Zaragoza, lleva más de 30 años dándole a las teclas, y espera seguir así en esta vida y en la otra. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y se doctoró cum laude por el CEU, ha participado en la fundación de periódicos (como El Mundo) y en la refundación de otros (como La Gaceta), ha dirigido el semanario Época y ha sido contertulio en Intereconomía TV, Telemadrid y 13 TV. Fue fundador y director de Actuall. Es coautor, junto con su mujer Teresa Díez, de los libros Pijama para dos y “Manzana para dos”, best-sellers sobre el matrimonio. Ha publicado libros sobre terrorismo, cine e historia.