Pedro Sánchez y Santiago Abascal.
Pedro Sánchez y Santiago Abascal.

La tostada cae por el lado de la mantequilla, la bomba le estalla al terrorista en las manos y una guerra la empieza un idiota y luego no la pueden parar todos los sabios que en el mundo han sido.

Ahora lo que estallan son másteres y tesis y trabajos de fin de carrera.

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Es que no se puede hacer lo que se hizo con Cristina Cifuentes: las mujeres nunca se van dando un portazo, sino dejando una bomba -otra- de relojería en el hall.

Cifuentes es mujer, que yo sepa, y Soraya, también. La venganza de las mujeres es terrible siempre porque son capaces de acusar al mismo diablo: vean a Eva, cómo nos dejó.
Y cómo dejó a la pobre serpiente, que en eso nadie ha reparado.

El regalito de Cifuentes a la casta política fue destapar la caja académica.

Y el regalito de Soraya a Sánchez, el trepa, ha sido darle con el plagio en las gafas de sol.

Solo hace falta filtrar la cosa -el veneno, digo- a Inda, que para eso cobra, y ya tienes a Sánchez amenazando al scoop star con los tribunales

Una mujer metida en la casa, que es lo suyo aunque lo nieguen, la deja como los chorros del oro: limpia, eficaz y destilando veneno purísimo.

Solo hace falta filtrar la cosa -el veneno, digo- a Inda, que para eso cobra, y ya tienes a Sánchez amenazando al scoop star con los tribunales. Shit happens, Pedro. Lo que venía siendo en castizo “pisar mierda”.

Y esto te va a llevar a las elecciones de diciembre, a contrapelo; y al cabreo de tus jefes, que son los mismos jefes de Zapatero y de Rajoy. Pero no pasa nada, porque ellos ganan siempre: Rivera es su banquillo. Albert, ya saben.

Casado ni está ni se le espera.

Y el que viene con los tiempos es Abascal.

Santiago Abascal, joder, qué mala suerte tienes Pedro, representa a la España que no quiere morir. Incluso a la Europa que no quiere morir del cáncer del multiculturalismo, de la bárbara invasión musulmana y de la presión fiscal, que es, exactamente, de lo que murió del Imperio Romano. Y si no me creen, lean, por favor, a Salviano de Marsella.

Santiago Abascal tiene algo muy sencillo y muy profundo que decir: que España vive. Que la España que vive, y que quiere vivir, quiere hacerlo en paz, unidad, prosperidad y decencia. Siendo España, y no colonia de Bruselas o de intereses espurios a la nación española, que solo hay una, como solo hay una libertad: la del hombre; y no la de la masa, como mentía Marx.

Santiago Abascal es otro obstáculo para Sánchez y sus jefes. Un obstáculo que crece cada día y que está formado por millones de españoles que gritan que los vendepatrias NO PASARÁN.

En fin, Pedro, Sánchez, digo, estás en el lado equivocado de la Historia. El de la mantequilla, el de la mierda, o sea.

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Francisco Segarra es director del digital geopolítico www.institutodeestrategia.com, publicitario y escritor. Por un milagro de la Gracia de Dios, después de 40 años de excesos, ya no fuma ni bebe. En Twitter es @ElCoronelPakez y en la vida real un alegre melancólico crónico. Con el monje Altisent cree firmemente que lo que pasa es lo que toca y Dios lo quiere. Su lema: OMNIA IN BONUM.