Siete posibles soluciones para frenar la inmigración ilegal

    La inmigración ilegal es uno de los mayores retos al que se enfrentan todos los Estados aunque de especial incidencia en los países más desarrollados debido a sus ayudas económicas y sociales del mal llamado “Estado del Bienestar”.

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    Los Estados-Nación son necesarios para salvaguardar la democracia y el Estado de Derecho.
    Los Estados-Nación son necesarios para salvaguardar la democracia y el Estado de Derecho.

    Los flujos migratorios han sido una constante en la Historia. La Humanidad en sí misma es una migración constante, pero nunca antes –excepto tras de la Segunda Guerra Mundial- se habían contabilizado tantos migrantes (legales o ilegales) y desplazados por guerras, catástrofes naturales o crisis económicas y alimentarias.

    El desigual desarrollo en los más de 200 países del planeta Tierra, sumado a la propaganda del llamado “primer Mundo”, provoca una masiva migración hacia los países occidentales. En especial, los ubicados en América del Norte y Europa.

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    Los sistemas económicos son ecuaciones matemáticas: en cuanto introduces un nuevo elemento, la ecuación y su resultado varía.

    El problema de Occidente y su imposición del Nuevo Orden Mundial es que ha favorecido de manera muy poco prudente el aumento de un elemento (la inmigración) pero no ha sido capaz de modificar el sistema mismo.

    “¿Que hay que aumentar beneficios y producir más?”, no nos preocupemos. Importemos millones de manos de obra barata a las que mantendremos con unos leves subsidios y con una remuneración económica muy inferior a lo que los trabajadores nativos piden por su preparación y profesionalidad.

    Dobles víctimas y dobles manipulados. A los primeros, por venderles un mundo perfecto que está lejos de serlo producto del ‘soma’ (como diría Aldous Huxley en su novela Un mundo feliz); a los segundos, por vendernos que los que llegan “vienen a pagarnos las pensiones”.

    “Ni tanto, ni tan poco”, como reza el dicho popular.

    Con riqueza me refiero a la riqueza producida por el sudor y lágrimas de todos los trabajadores acumulada en el tiempo, generación tras generación

    Sin duda, la inmigración es y será uno de los mayores retos a los que debemos enfrentarnos con resolución, firmeza, justicia y equidad.

    Y dentro de ésta, la ilegal es la que más puede dañarnos por ser utilizada como arma política y de ingeniería social cuando lo que está en juego son millones de vidas de inocentes. Imperdonable.

    Con riqueza no me refiero a tipos con traje y coches de lujo comiendo en restaurantes cuyas cuentas pueden ser los sueldos mensuales de muchos de nosotros. No.

    Con riqueza me refiero a la riqueza producida por el sudor y lágrimas de todos los trabajadores acumulada en el tiempo, generación tras generación, para que nuestros hijos y nuestros nietos puedan tener una vida digna en caso de vacas flacas.

    Es decir, riqueza que se traduce en impuestos que (supuestamente) van a mantener los servicios básicos y universales, la (antaño) excelente educación pública, los servicios públicos y de mantenimiento de los ayuntamientos, la (extinta) hucha de las pensiones… y un largo etcétera.

    Nuestros ancestros se mataron y se partieron el espinazo para levantar naciones a ambos lados del Atlántico; nuestros padres mejoraron el trabajo previo para que nosotros hayamos podido formarnos y ser esa tan cacareada “generación mejor preparada de la Historia”.

    Por todo esto -y muchísimo más que no cabe en estas líneas- han de tomarse medidas para paliar este problema que nos afecta a todos por igual.

    1. Aumentar el control fronterizo

    Hay países cuya frontera es prácticamente marítima (como España) o continental (como Austria). Hay países con fronteras cercanas a otro continente (como España) o intracontinentales (como Hungría).

    En países con un mayor tránsito de inmigrantes como es el caso español, el control fronterizo debe ser muy estricto ya que son escogidos como países lanzadera para después pasar a otros con mejores perspectivas económicas.

    Valla fronteriza entre España y Marruecos atestada de subsaharianos.
    Valla fronteriza entre España y Marruecos atestada de subsaharianos.

    Un mayor control fronterizo y del tráfico de personas no servirá de nada si, al mismo tiempo, no se cambia la política de socorro de inmigrantes que llegan a las costas. ¿Por qué no puede devolverse al inmigrante en vez de acogerlo? ¿Pueden nuestras sociedades acoger decentemente a un número ilimitado de personas?

    Para responder a estas preguntas tan solo hace falta superponer en un mapa la figura de Europa con la de África, por ejemplo. Echen cuentas.

    2. Acabar con el tráfico de personas

    Las mafias situadas en el norte de África, muchas veces asociadas a grupos terroristas como el Estado Islámico en Libia, se aprovechan de la necesidad de millones de personas para explotarlos económicamente sin ofrecer la más mínima seguridad.

    Como consecuencia, muchos de ellos mueren en el intento cuando podrían haberse salvado.

    La culpa de estas muertes no es, ni mucho menos, de los europeos de a pie. Por un lado, la clase política a ambos lados del Estrecho que sirve a los intereses de las multinacionales y que demanda una mano de obra barata y maleable. Por otro, las mafias que se aprovechan del deseo de una vida mejor.

    Varios analistas han señalado la posibilidad de atacar las bases desde las cuales salen las lanzaderas de costa a costa o aumentar la presión sobre ellos una vez parten de los puntos de origen. Con la tecnología actual es posible detectar cualquier lancha con radares en un mar como el Mediterráneo.

    3. Deportación voluntaria o forzosa

    La deportación debe ser inmediata o en el menor tiempo posible. Los recursos destinados al cuidado en los centros de acogida –muchos de ellos destrozados por los propios usuarios- se deben destinar a otros campos necesarios como VPO, educación o sanidad.

    No es de recibo casos como el de Ali Raba Yode, que contaba con antecedentes penales y asesinó a un policía tirándolo a las vías del metro

    No es de recibo que casos como el de Ali Raba Yode, que contaba con antecedentes penales y asesinó a un policía tirándolo a las vías del metro de la estación de Embajadores en Madrid, no se hayan evitado con la expulsión en la primera detención.

    Caso semejante es el de Rodrigo Lanzas, el chileno que dejó tetrapléjico a un guardia urbano y asesinó recientemente a Víctor Laínez en Zaragoza.

    En el caso de retorno voluntario, como ocurre con algunos proyectos actualmente, la marcha puede verse favorecida con un incentivo económico.

    4. Cortar de raíz las subvenciones a entidades públicas u ONGs

    Millones de euros se destinan a ONGs y organismos que sirven de transporte privado entre el norte de África y las costas europeas.

    Muchas entidades públicas junto a ONGs dan servicios a personas indocumentadas cuando deberían avisar a la Policía para su inmediata detención y deportación.

    El drama humano no debe ser una excusa pues también existe en las propias fronteras de los Estados y poco o nada se hace para paliarlo.

    Miembros de ONGs favorecen la llegada de refugiados a costas de Grecia en Lesbos. Fueron acusados de tráfico de personas.
    Miembros de ONGs favorecen la llegada de refugiados a costas de Grecia en Lesbos. Fueron acusados de tráfico de personas.

    ¿Quién se cree que con unos fondos siempre escasos se va a solucionar un problema tan profundo? ¿Cómo alguien es capaz de conmoverse por alguien extranjero pero luego ni mira a los ojos de las decenas de miles de sin techos que pueblan nuestras calles?

    Otra pregunta: ¿acaso ayuda antes al vecino que a su familia? Como dicen los americanos: “first things first” (las cosas importantes primero). Para poder ayudar de verdad a los de fuera hemos de tener las cosas encauzadas en nuestras propias sociedades y estamos muy lejos de ese objetivo.

    5. Trato justo e igual a las demás naciones

    Los países africanos, asiáticos o hispanoamericanos con graves problemas de desarrollo no podrán nunca salir del atolladero en el que se encuentran mientras sigamos utilizándolos como minas de recursos y de mano de obra barata.

    La cooperación internacional debe enfocarse en incentivar el desarrollo tecnológico y empresarial de estos países y no como una mera tirita para desarrollar un pequeño poblado perdido en Dios sabe dónde.

    Si aumentamos la calidad de vida en estos países, los nativos preferirán quedarse en sus patrias y hogares antes de vivir el drama de la migración, como antes también hicieron otras muchas personas.

    Como se suele decir, “solo los ricos se pueden permitir el lujo de no tener patria”.

    6. Presionar a los empresarios para que no contraten a ilegales

    Los salarios han disminuido y no crecen. Los nuevos empleados son llamados “pobres con trabajo”. Algo no va bien.

    Cuando ‘pintan bastos’ la gente trabaja por lo que sea, y así ha sucedido en muchos países. Esta actitud desvaloriza el trabajo realizado y permite al empresario la explotación –cuasi esclavitud- de manera legal.

    Incontables empresarios se benefecian en el mundo entero de inmigrantes ilegales a los que no hace falta mantener con un buen sueldo y aún menos con una seguridad social.

    Presionar con multas (incluso la cárcel) o aumentar los impuestos a los empresarios que favorezcan este tipo de contratación debe ser prioritario para cualquier gobierno.

    No se puede jugar con las vidas de nadie, ni de los de aquí, ni de los de allí.

    7. Fortalecer los Estados-Nación

    Sí, justo lo contrario a lo que predican a los cuatro vientos todos nuestros políticos a lo ancho y largo del planeta y todas las instituciones mundialistas (ONU, FMI, etc.).

    ¿Por qué no se incide sobre esto más a menudo?

    La destrucción de las naciones tradicionales tiene como único objetivo la cancelación de la soberanía que reside en los diversos pueblos para diluirla cada vez más en dichos organismos internacionales y globalistas.

    La inmigración ilegal es uno de los principales problemas a los que se enfrenta Occidente.
    La inmigración ilegal es uno de los principales problemas a los que se enfrenta Occidente.

    En el caso europeo, la Unión Europea es la encargada de dictar la gran mayoría de las políticas importantes de los gobiernos. Un gobierno europeo dirigido desde Bruselas al que nadie ha elegido democráticamente.

    Por esto, los Estados-Nación son necesarios para salvaguardar la democracia y el Estado de Derecho.

    Se necesita la inmigración como se ha necesitado siempre: Enriquece y ayuda al desarrollo de los países

    Estos alegatos no son contra la inmigración. Todo lo contrario. Se necesita la inmigración como se ha necesitado siempre. Enriquece y ayuda al desarrollo de los países pero siempre y cuando sea controlada y respete a las sociedades de acogida.

    El caso de España es paradigmático. O llegan inmigrantes o no hay dinero para pagar las pensiones.

    Y según estimaciones de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal, necesitaríamos 10 millones de habitantes extra, de aquí al año 2050 (para llegar a la cota de 55 millones de habitantes).

    Sin embargo el ritmo demográfico no tiene fuelle para alcanzar ese cifra. Estamos ahora en torno a los 45 millones y la tendencia no cambiará, salvo que cambie radicalmente la política familiar y que aumente la tasa de hijos por mujer o salvo que esos 10 millones extra vengan de fuera de nuestras fronteras.

    Sin la savia de la inmigración Europa agoniza sin remedio. Pero esa inmigración debe ser filtrada y controlada.

    Porque lo que nos proponen nuestros gobernantes empujados por los poderosos es, hoy por hoy, un suicidio etnográfico.

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